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Una publicación de la asociación SER

Estados Unidos: contando los días para el cambio de mando

Ha pasado más de un mes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos que dieron como ganador a Donald Trump. A pesar de que Hillary Clinton sobrepasó a Trump por casi tres millones de votos, la victoria de este ha sido ratificada hace unos pocos días por parte del Colegio Electoral, lo que da cuenta del carácter antidemocrático del sistema electoral en dicho país. En este marco, se han dado algunas manifestaciones y eventos que nos permiten prever algunas de las principales características de su futuro gobierno. Por un lado, Trump ha designado a algunas de las personas que lo acompañarán en este tiempo en puestos clave. Una característica a destacar es que la gran mayoría son hombres blancos (hasta el momento conocemos solo el nombre de cuatro mujeres) y con experiencia previa en el mundo de los negocios. Así, por dar un ejemplo, Trump ha elegido a Rex Tillerson quien fuera el presidente de la empresa petrolera ExxonMobil (ex Standard Oil Company), para el importante puesto de Secretario de Estado. Tillerson, además, es conocido por su abierto escepticismo acerca del cambio climático y sus estrechas relaciones comerciales con el presidente ruso Vladimir Putin.

En cuanto a su agenda concreta, Trump ha revelado públicamente las que serán sus primeras acciones, tales como el retiro de las negociaciones del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés) y la cancelación de las restricciones ambientales impuestas por Obama, decisiones para las que no necesita de la aprobación del Congreso. Otras propuestas de campaña serán más difíciles de implementar. Así, por ejemplo, acciones como la cancelación del plan de salud Obamacare, la construcción del muro a lo largo de la frontera con México y la instalación de una fuerza policial especial para la detención y deportación de inmigrantes requerirán de la aprobación del Congreso y, por lo tanto, de la construcción de mayores consensos políticos.

De otra parte, la sociedad civil ha empezado a entender la importancia de organizarse. Como residente en Nueva York, en este mes y medio he tenido oportunidad participar activamente en múltiples reuniones, protestas y círculos de discusión acerca del fenómeno Trump. Se siente así no solo un ávido deseo de comprender lo que su victoria significa para la sociedad estadounidense, sino sobre todo la responsabilidad de hacer frente a sus eventuales políticas xenófobas, racistas o anti-libertarias. Desde la organización de cursos de autodefensa personal, privacidad electrónica o ciberseguridad hasta la oferta de servicios de consejería legal gratuita para poblaciones vulnerables (migrantes y comunidad LGTBI principalmente), lo que da cuenta de una creciente capacidad movilizadora y preparación para la resistencia por parte del tejido social estadounidense.

Una iniciativa a destacar es el movimiento por las “jurisdicciones santuario”. Estas son aquellas ciudades, condados o estados de Estados Unidos que han decidido adoptar una política no cooperativa y obstruccionista de las leyes migratorias para la protección de inmigrantes ilegales. El mecanismo más común ha sido la negativa a asignar presupuesto institucional para la imposición de leyes federales migratorias, y la prohibición a la policía de interrogar ni detener a residentes sobre la base de su estatus migratorio. De esta forma, los gobiernos locales buscan evitar eventuales deportaciones de inmigrantes. Hasta el momento, Nueva York, Los Ángeles y Boston se encuentran entre algunas de las principales ciudades que se han unido a este movimiento. Por su parte, una serie de universidades han hecho lo propio al declararse públicamente también “universidades santuario”. En ese caso las administraciones universitarias se han comprometido a no compartir información sensible sobre sus estudiantes con los servicios de inmigración federal y a instruir al personal de seguridad en los campus a no actuar por cuenta de agentes de inmigración.

Un tema de particular interés es la posible eliminación de la Acción diferida para los llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés), la cual posterga la deportación y concede permisos de trabajo para aquellos que llegaron a los Estados Unidos durante la infancia. Dado que muchos de los beneficiarios de DACA son actualmente estudiantes universitarios, las “universidades santuario” han emitido declaraciones públicas condenando la posible cancelación de DACA y solicitando a los gobiernos estatales y federales la protección de sus estudiantes de la deportación. Visto esto, si bien Trump buscará avanzar su agenda electoral, se encontrará con un escenario complicado dado que requerirá de la construcción de consensos en el Congreso así como hacer frente a diversas e innovadoras acciones de resistencia de parte de una sociedad civil bastante organizada e informada. 

Miryam Nacimento Beltran

Pertenece a la Plataforma Comadres, espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.