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Una publicación de la asociación SER

Espacios públicos para habitar la memoria de las grandes mujeres de la historia del Perú

Fotos: Karen Bernedo

Karen Paola Bernedo Morales. Antropóloga visual y miembrx de En Movimiento, en  colaboración para el Núcleo de Mujeres.

Gran parte del imaginario de nación y de las figuras claves con las que nos vinculamos a nuestra historia, ha sido forjado en relación a las representaciones visuales y artefactos culturales de circulación y consumo popular, siendo los monumentos, bustos y espacios conmemorativos, una de las formas oficiales a través de las que se rinde homenaje a las y los protagonistas de nuestra historia.

Pocas son las mujeres de nuestra historia, cuyos sacrificios, contribuciones y protagonismos, han sido plasmados en ese repertorio cultural, que es fundamental para el imaginario de nación que forma parte de nuestro sentido común. Esto a pesar de información clave, archivos y documentos que forman parte del acervo histórico de nuestro país, pero que es poco revisado e interpretado en clave de género.

En su texto Mal de archivo, una impresión freudiana,[i] el filósofo Jaques Derrida señala que el proceso burocrático de selección de archivos que articula las narrativas oficiales de las instituciones, implica tachaduras y revelaciones, es decir, un poder que los reprime o autoriza y que da como resultado el silencio de algunos y la puesta en escena de otros.

Las tachaduras y revelaciones en la construcción del repertorio cultural nacional, que constituye nuestra conexión simbólica y sensible con el pasado, ha sido producida desde un horizonte de sentido patriarcal y elitista, que ha dejado de lado intencionalmente a las mujeres. Es así que, las grandes protagonistas de nuestra historia, han sido tachadas del ámbito público, no solo desde los discursos interpretativos de sus hazañas, muchas veces leídas como una extensión de la división sexual del trabajo, o al margen de sus vínculos sentimentales con los caudillos, sino en la ausencia de espacios públicos, monumentos, fechas conmemorativas, memoriales y otras políticas públicas simbólicas que se ocupen de mantener vivas sus memorias.

La arquitecta española Nuria Álvarez Lombardero[ii] señala que el paisaje urbano alimenta la memoria pública de los ciudadanos y ciudadanas en forma de “territorio común”, para ella, las mujeres no cuentan con una representación que corresponda a sus contribuciones en la historia y por lo tanto carecen de memoria histórica en el espacio urbano.

En abril del 2018 fueron declaradas Patrimonio Cultural de la Nación, 91 esculturas monumentales ubicadas en el Centro Histórico de Lima[iii], entre el extenso listado de héroes de la patria, presidentes, personajes ilustres, grandes pensadores y profesionales, solo hay dos mujeres; Juana Alarco de Dammert, benefactora y fundadora de las cunas maternales y Elisa Rodríguez Parra de García Rossell, luchadora por los derechos políticos de las mujeres y el sufragio femenino.

Si bien en Lima, existen  escasos monumentos y bustos de mujeres cuyos legados son cruciales, a pesar de la trascendencia de sus aportes, estos se encuentran fuera del radar de espacios concurridos o avenidas y plazas principales, tampoco son espacios donde se realicen ceremonias o rituales conmemorativos, por lo que dichos lugares no han logrado ninguna popularidad.

Algunos de ellos son; el monumento a Micaela Bastidas, en la Urbanización Santa Beatriz, el monumento a María Parado de Bellido en Chacarilla, el busto de la educadora de vanguardia Elvira García y García en la Alameda Magisterial en Breña y los parques que llevan los nombres y bustos de las precursoras de las letras; Clorinda Matto de Turner y Mercedes Cabello de Carbonera, ambos ubicados en San Isidro.

Es sin embargo, al interior del país que algunos de los monumentos de las mujeres de la independencia han logrado articular referentes de heroicidad e identidad local que mantienen viva la práctica de sus memorias año tras año; pienso en la puesta en escena del fusilamiento de María Parado de Bellido en Ayacucho que se lleva a cabo frente a su monumento, pienso también en el desfile  de comunidades campesinas delante del monumento a Tomasa Tito Condemayta en Sangarará y en las escenificaciones de las hazañas de las Heroínas Toledo en Concepción y la de Ventura Ccallamaqui en Huamanga.

Las mujeres de nuestra historia merecen un lugar en el cual podamos habitar sus memorias, conmemorarlas, recordarlas y hacer visibles sus huellas en el ámbito público. El escaso repertorio monumental que rinde homenaje a sus historias, es por un lado, metáfora de las batallas que libraron para desligarse del ámbito doméstico, y por otro, el de las luchas por encontrar un lugar propio en el espacio público.

El Bicentenario, es un buen momento para saldar las deudas pendientes que se tienen con el reconocimiento a sus contribuciones. Es hora de volver a escribir la historia en los espacios que habitamos, esta vez, desde el horizonte de sentido que nos dan las batallas por la igualdad que ellas iniciaron.

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[i] Derrida J. Mal de archivo. Una impresión freudiana, Madrid, Editorial Trotta, 1997

[ii] Álvarez Lombardero N. Restituyendo la memoria de las mujeres a través del patrimonio social urbano. Revista PH 89, 2016

[iii] El Peruano, Resolución Viceministerial 053-2018-VMPCIC-MC – Abril 2018

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Monumento a María Parado de Bellido en Chacarilla del Estanque