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Una publicación de la asociación SER

Eres mía

Cuando era niña, mientras jugaba en la casa de una amiga, escuché como sus padres discutían en la habitación contigua; no le di importancia, todos los padres lo hacen, pero luego escuché un golpe fuerte que la puerta entreabierta me permitía ver: él la golpeaba y ella no hacía nada por defenderse, lo permitía. Mi amiga me sujetó la mano, me dijo quédate, y siguió jugando. Cuando llegué a mi casa, estaba enojada, no entendía cómo esa señora se dejaba golpear; y me dije a mi misma que nunca me harían eso, que no permitiría jamás que alguien me lastime. Pero al crecer todo es diferente, y todo es más confuso.

“Eres mía” me decía; me abrazaba, me sonreía, y volvía a decirme “eres mía, te amo”.

“Eres mía”, su frase favorita cuando estaba feliz, cuando me reclamaba algo, cuando un amigo me hablaba, cuando no vestía como él quería, cuando estaba ebrio, cuando quería hacer algo que yo no, cuando golpeaba mi mente y mi cuerpo. “Eres mía”, repetía hasta el cansancio, hasta que odiaba la frase, hasta que me odiaba a mí misma. La misma boca que decía amarme me destrozaba la mente con cada insulto, y las mismas manos que acariciaban mi rostro magullaban mi cuerpo. Y al día siguiente, un “lo siento” lo arreglaba todo.

Yo no lo merecía, no era culpable, ni lo provoqué. Tampoco disfruto que mi pareja me viole ni golpee, y no soy bruta como señala Phillip Butters.

¿Entonces por qué seguía ahí sufriendo en lugar de huir? Porque esta sociedad machista nos impone roles sociales basados en el “hombre sobre la mujer”, y justifica la violencia masculina convirtiéndolos en víctimas del coqueteo femenino. Porque esta sociedad nos culpa sólo por ser mujeres; nos convence, desde niñas, que provocamos y merecemos la violencia que recibimos, y nos hace sentir sucias cuando buscamos justicia.

Ahora lo entiendo, la madre de mi amiga no era la culpable, no es que ella lo permitiese como yo creía; ella vivía un infierno del que no podía huir, estaba en una cárcel controlada y manipulada por quien juraba amarla, y si escapaba podría ser peor que quedarse. Ninguna mujer es culpable de ser violada y/o golpeada. Y ahora lo sé, aunque a veces me cuesta sentirlo.

 

Pd: Este no es un artículo de odio contra los hombres; es contra la violencia, y contra la educación y sociedad machista. Este artículo es para reivindicarme con la madre de mi amiga; y con la niña a quien no pude proteger, y rompí su promesa de cuidarnos.