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Una publicación de la asociación SER

Entre el silencio y la burocracia: la tragedia del pueblo Awajún-Wampis

Foto: Antero Impi

Bikut Toribio. Escritor, poeta y economista y gestor ambiental Awajún

En el Perú existe una gran distancia a nivel social, económico, político y cultural entre el centro (capital) y la periferia (provincias). Por eso, a pesar de compartir los mismos problemas las medidas políticas, económicas y sociales tendrán resultados diferentes. Esto ha sido estudiado en la academia y, por supuesto, los tomadores de decisiones y/o el gobierno también lo saben. Pero los “errores” no cambian, y ello da a entender que a quienes tienen poder de decisión no les importa su pueblo o no pueden hacer nada, porque el Estado está capturado por las grandes corporaciones nacionales y multinacionales que lo ponen a su servicio, como sostiene Francisco Durand.

Estos errores y omisiones se han traducido en la tragedia que viven dos pueblos amazónicos, debido al covid-19 y el abandono del gobierno. Y es que, tras más de cien días de emergencia, el gobierno sigue sin hacer prácticamente nada para salvaguardar al pueblo Awajún-Wampis. Desde los primeros días en que se decretó la cuarentena, las autoridades locales y diversas organizaciones indígenas como AIDESEP, ORPIAN, ODECOFROC, FECAS-B, entre otras, enviaron cartas y otros documentos en los que informaban sobre la precariedad del sistema de salud por la falta de medicamentos, equipos de protección y personal médico; y al mismo tiempo solicitaron priorizar la atención a la población con alto nivel de pobreza. Además, presentaron diferentes propuestas con el fin de controlar el masivo contagio del virus en las comunidades nativas. Sin embargo, la única respuesta del gobierno fue el silencio y la inacción, mientras  el virus iba abriendo su ruta del centro hacia los pueblos de la periferia. Y en el caso particular de los territorios indígenas, trajo pérdidas irreparables, contagio exponencial e impotencia en los pueblos de Imaza, Nieva, El Cenepa y Santiago.

Desde un inicio, en todas las redes de salud de Imaza, los enfermeros y médicos enfrentaron el covid-19 sin medicamentos; con muy poco personal de salud y sin equipos de protección. Y ante el olvido del gobierno, el pueblo de Imaza se ha ingeniado para sobrevivir con las plantas medicinales y auto medicándose.

No hay balones de oxígeno en Imacita. No hay medicina. El personal médico se reduce a 4 personas que atienden a 2 mil personas” sostiene Rubén Bustamante, presidente del Frente de Defensa de Mesones Muro. En este pueblo las enfermeras visitan las comunidades y caseríos, pero no pueden atender a todos los pacientes. “Van de un lado a otro. Imagínate irse una hora a una comunidad y otra por allá. Entonces, la gente se está muriendo” dice Bustamante desde Imaza.

“Me da tristeza porque no puedo llegar a todos mis pacientes” dice Violeta, una enfermera de Mesones Muro de Imaza. Hablar de la valentía en estas circunstancias es un abuso del derecho. Violeta no come bien, no descansa, no duerme, no permanece con su familia; ella arriesga su vida y esto es vulnerar su derecho a una vida sana segura. “Veo a mucha gente mal, gente que yo conozco años y se nos está yendo”, me escribe a altas horas de la noche, aunque ella ya no siente como tales el día y la noche porque los pacientes siguen llegando.

A treinta minutos de Mesones Muro, otras 60 personas del servicio de salud esperan atender a más de 16 mil pobladores. “Los enfermeros de Chiriaco usan las mismas mascarillas por más de quince días. Son mascarillas simples. Además, no hay medicamentos.” señala Isabel Cabanillas, enfermera de Chiriaco. Mientras tanto, los comuneros de este pueblo escapan de la muerte auto medicándose y también sienten el olvido del gobierno. “Carecemos de apoyo del gobierno. No hay medicinas. Y encima seguimos olvidados como siempre. La población Awajún necesita apoyo con medicinas, equipos médicos, etc.”, sentencia Larry Gutiérrez, escritor de Imaza.

La misma historia trágica se repite en el distrito de Santiago. En Galilea, capital del distrito, las 9 personas del centro de salud presentan síntomas de covid-19 pero siguen atendiendo a los 3,800 habitantes del lugar. En Yutupis hay un enfermero técnico que se quintuplica para atender a 5,600 habitantes, de los cuales 12 han dado positivo a la prueba. “Hay cuatro enfermeros pero solo atiende uno de ellos. Los demás hacen cuarentena por miedo a contagiarse. Necesitamos medicinas” sostiene Dinenson desde Yutupis (Santiago).

“En la comunidad de Belén llegaron personas graves de la comunidad de Guayabal. Están ahí y en la comunidad de San Rafael hay como 3 personas muy grave” responde Matut Impi, vicepresidenta de la Asociación Pueblo Awajún en Lima-AJUTAP. “Hemos perdido dos personas de la comunidad de Belén. Y la mayoría está grave. Están haciendo su baño de vapor. No sé hasta cuándo van a soportar”, añade con preocupación por su comunidad.

El virus no espera y la muerte acecha a la gente. Pero no es el único problema. La burocracia es otro mal en Santiago. En palabras de Matut, “mientras las autoridades locales, regionales y nacional vayan con paso de tortuga, la gente muere”. La burocracia también es un factor que da punzadas a la vida y puede llevar a las personas a la muerte.

A este dolor y abandono se suma El Cenepa, el distrito más pobre de Amazonas ¿Cómo podría enfrentar un pueblo pobre a una pandemia que arrasó a los países del primer mundo? De Huampami, capital del distrito, me llega un video. Es una señora cuyo cuerpo está cubierto con una colcha, mientras dice: “señor Altamirado, por favor, apóyenme en Huampami. Usted ha venido aquí a pedir apoyo. Nosotros estamos enfermo -tose dos veces-. En Huampami todas las personas han caído. Necesitamos medicina. Por qué nos ha olvidado. Nosotros también queremos sanaaar -grita con una voz incendiada de dolor”. Este testimonio doloroso resume la situación en El Cenepa y Nieva.

Con enfermeros técnicos que no tienen medicamentos, sin medidas de protección y abandonados por el gobierno y la burocracia, el pueblo Awajún-Wampis enfrenta al mortal covid-19. El dirigente indígena Zebelio Kayap resume bien la situación: “Una estrategia mal diseñada; los decretos supremos que no han sido acordes a la realidad traen como consecuencia, la muerte”.

No obstante, los Awajún-Wampis resisten como lo hicieron aquel 5 de junio cuando lucharon por su territorio. Aunque poco a poco los líderes del 5 de junio vayan cayendo. Esa es la mayor tristeza del pueblo amazonense.

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