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Una publicación de la asociación SER

Embarazo adolescente: ¿Y la prevención para cuándo?

Foto: Radio Cutivalú

Ayesha Davila. Comunicadora social, activista feminista por la igualdad de género y los derechos sexuales y reproductivos.

Hoy, 26 de setiembre, es el Día Internacional de la Prevención del Embarazo Adolescente y en el Perú tenemos un gran reto para esta causa. Las cifras nos lo gritan. Cada año, miles de adolescentes son madres en nuestro país y las causas son diversas, además se acrecienta con las desigualdades socioeconómicas y el lugar de proveniencia.

Las maternidades adolescentes, significan el 10% del total de maternidades en el Perú. Además que 13 de cada 100 adolescentes ya es madre o está embarazada. Es más, esta cifra aumenta en las zonas rurales, en las son 24 adolescentes de cada 100 las que ya están maternando.

Conocer cómo las cifras varían por zonas y aspectos socioeconómicos y culturales es vital pues nos da cuenta clara sobre como este problema atraviesa diversas desigualdades (urbano/rural; pobre/no pobre). Así también para entender que estas desigualdades hacen y colocan a las adolescentes en una situación de extrema vulnerabilidad. A mayor desigualdad, mayor será la probabilidad de vulneración.

Es Importante también saber que en este país de violadores, la violencia sexual es una de las causas para este problema social que no solo afecta a las adolescentes, sino también a las niñas menores de 14 años quienes no solo son violentadas sexualmente, sino además, son forzadas a llevar una maternidad que no buscaron ni pidieron, lo que, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, es tortura.

Del mismo modo, es preciso mencionar que las niñas y adolescentes son más propensas a sufrir riesgos y muerte materna. Además, según la OMS, las complicaciones durante el embarazo y el parto son la segunda causa de muerte entre adolescentes de 15 a 19 años en todo el mundo. Y recordemos que un embarazo no intencional, impacta profundamente en sus vidas e incluso limita sus aspiraciones y trunca sus proyectos de vida.

Entonces, dadas las cifras, riesgos y terribles consecuencias a la salud y vida de las niñas y adolescentes que enfrentan un embarazo no intencional o forzado, notamos que nos encontramos frente a un tema de salud pública, sobre el que poco o nada se está haciendo. Ni siquiera se está dando atención oportuna a las niñas y adolescentes víctimas de una violación sexual, no estamos garantizando que se evite que lleven un embarazo forzado al ni siquiera poder otorgarles el kit de emergencia.

Y la pregunta que nos venimos haciendo desde diversos espacios activistas es: ¿Y la prevención para cuándo? El año pasado, diferentes organizaciones de la sociedad civil estuvimos aportando en mesas de trabajo, dentro del Ministerio de Educación, para el diseño e implementación de los nuevos lineamientos y orientaciones para la educación sexual integral (ESI) y que, al día de hoy, no han sido aprobadas y menos publicadas.

Nos enfrentamos a un tema de salud pública. Sabemos que la violencia sexual es otra de las pandemias que nos corresponde erradicar, pero seguimos sin darle las herramientas a niñas, niños y adolescencias porque tenemos miedo de hablar sobre sexo y sexualidad; y porque hemos permitido que el fundamentalismo y las iglesias interrumpan y obstaculicen que se garantice los derechos sexuales y reproductivos de muchas generaciones. ¿Hasta cuándo?

Escribo este artículo no solo para hablar en el marco de este día, ni solo para exponer las cifras que nos confirman, una vez más, la urgencia de garantizar una adecuada y oportuna educación sexual integral y con enfoque de género; sino también lo hago para hacer un llamado de atención a las instituciones públicas, al Ministerio de Educación, al Ministerio de Salud y al Ministerio de la Mujer que muestran poca voluntad política para garantizar una vida digna y libre de violencias a las niñas y adolescentes de este país. Que hasta ahora no responden a cuántas niñas han proveído el kit de emergencia, que tampoco aprueban lineamientos importantísimos para hacer frente a la violencia de género y brindar herramientas para llevar una vida sexual, sana, saludable y placentera; y que las sigue obligando a parir.

Los derechos sexuales y reproductivos de las niñas y adolescentes deben ser garantizados y, se debe recibir información no solo desde las escuelas, sino también desde los hogares, centros de salud, postas médicas y hospitales. Tienen derecho a que les informemos y tienen derecho a decidir sobre su sexualidad y su vida sexual. Que las herramientas se les sean dadas ahora.