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Una publicación de la asociación SER

Elsa Martínez ha muerto

Y  mientras todo el país se encuentra atento al debate sobre la prisión preventiva de la primogénita de Fujimori, materia importante en términos de justicia, Elsa Martínez  ha muerto. ¿Quién era ella? Era una ciudadana NN, de aquellas que no tiene ninguna relevancia para este Estado, de aquellas que son parte de las desechables de este país y que por tal, su situación, como la de todo su pueblo nunca importó. Elsa Martínez ha muerto y apenas tenía 50 años.

Era 1 de junio del 2000 cuando un camión de una contratista de Minera Yanacocha derramó 151 kg. de mercurio en la carretera que cruzaba el distrito de Choropampa en Cajamarca. Todo el pueblo terminó contaminado y los estragos se evidenciaron rápida y agudamente en la salud de la gente.   Lo que siguió después fueron años de enfermedades, dolor, y muerte. Ya perdimos la cuenta de cuántas personas han fallecido progresivamente, hombres, mujeres, jóvenes, niños, todos con los mismos síntomas, todos diagnosticados curiosamente igual, “cirrosis” o “guillian barre”, todo esto ante la indolencia de la empresa que además con absoluta impunidad dio por cerrado el tema hace años, y ante la indiferencia de un Estado que nunca atendió esta terrible situación, pese a al grito desesperado - siempre ignorado- de cada uno de estos pobladores.

“No se pongan en manos de ningún abogado, porque su mejor abogado es el presidente Fujimori”, es lo que les dijo la entonces ministra Cuculiza, cuando el accidente sucedió, Elsa recordaba ese episodio y contaba como nunca más ese gobierno les prestó atención, por el contrario protegió a la empresa y terminó invisibilizando su grave situación.  Abandonados a su suerte Elsa y su hermana Juana abanderaron por años una lucha por una justicia que nunca llegó. En medio de la enfermedad y el dolor, supieron resistir y nunca cedieron al infame trueque propuesto por la empresa, un poco de dinero por impunidad. 

“Qué vale nuestra vida frente a los millones de una empresa minera”, decía ella, cada vez que se enteraba que había fracasado alguna acción emprendida en contra de Yanacocha; siempre estuvo segura que si no había justicia era por la corrupción. Una de sus últimas decepciones fue ver que el Poder Judicial de Cajamarca declaró infundada su demanda de indemnización, después de años de proceso, porque la cantidad de mercurio detectada en su cuerpo (4.507 µg /lg) no le era suficiente a los jueces para considerar su derecho a una indemnización. Aquel día Elsa lloró amargamente consciente de que la justicia no le alcanza a los pobres.

Sí, su muerte indigna, lastima, duele, pero nos cuestiona también respecto a los esfuerzos que estamos haciendo, que parecen no ser suficientes para lograr hacer algo por las víctimas concretas de este corrupto sistema, en el que prima el poder.

Hoy que estamos más pendientes que nunca de la acción de la justicia, hoy que rechazamos la corrupción y la impunidad, que no se nos olvide cuales son las consecuencias reales de estos males.  Por corrupción, por impunidad, porque los gobiernos se coluden con el poder de las empresas muchos pobres terminan sufriendo estas consecuencias, siguen soportando los daños, siguen muriendo. 

Elsa Martinez, gracias por tu lucha, por tu valentía, por tu esfuerzo. Que tu partida nos recuerde la tarea pendiente, que las víctimas de contaminación de este país encuentren justicia y reparación.