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Una publicación de la asociación SER

“El río va”

Hoy, 4 de junio, se conmemora el día de la cultura afroperuana, fecha que rinde homenaje al nacimiento y aporte realizado por Nicomedes Santa Cruz a las comunidades afroperuanas; pero también, y sobre todo, es un reconocimiento a todos y todas las descendientes de africanos y africanas, esclavizadas, que han contribuido y contribuyen a la construcción y desarrollo del Perú, a todos y todas quienes van recorriendo y abriendo los caminos.

Hoy se nos invita a reconocer que habitan en nuestros cuerpos memorias de otro continente, a buscar y querer nuestros reflejos, pero sobre todo nos propone respetar y seguir construyendo el camino desde esa doble identidad, diaspórica y nacional, afroperuana, desde nuestros cotidianos, desde el cuerpo y nuestras relaciones en la sociedad nacional. Hoy es 4 de junio, y se nos invita a lanzarnos a las calles, cada día del año, a vivir con orgullo nuestras herencias, a enfrentar los prejuicios y las violencias, a enfrentar nuestros propios prejuicios y nuestras violencias, se nos invita a inundar el camino con nuestro caudal.

Porque este río suena en su camino, colmado de necesidades de visibilizar nuestro presente, con la seguridad de recontar nuestras historias, las que han lanzado a las calles, colegios, barrios y universidades a jóvenes que continúan recorriendo y trazando nuevos caminos, integrando en sus acciones arte, investigación y participación política, articulando identidades desde la etnicidad.

Es esta búsqueda de encuentros, de reflejos, los que me lanzaron al río, al barrio, donde calle, niños, arte, niñas, familia y juego, comparten un momento en la historia, conjugan varias historias en un momento, marcando con buen carácter el camino, trazando Iwa Pele. El año y medio de encontrarme y compartir con niños, niñas y adolescentes, con sus familias en las cuadras 6 y 7 del Jr. Renovación, en La Victoria, ha ido reformulando los pre-conceptos para hablar sobre la historia, participación y aporte de las poblaciones afro en el Perú. Esta experiencia colmó de incertidumbres al conocimiento, copó de sensaciones al entendimiento.

Infancia y barrio, conviviendo y recreándose, sin poder verbalizar qué es ser afrodescendiente, viviendo desde la memoria, reconociendo las diferencias de los cuerpos, para nombrar las negritudes, vivir y sentir su afrodescendiencia, esa que nace de diferentes madres y te hermana, esa que genera alerta en las calles, esa que muchas veces duele reconocer y cuesta querer con cinco años. Cuánto nos puede costar hablar con y desde la infancia, escuchar atentamente los pensamientos de niños y niñas en sus sentimientos, recuerdos y pensamientos. Cuánto nos cuesta jugar con nuestros conocimientos.

Es entre el juego, el baile, los colores y dibujos desde donde empezamos a conectar los caminos, empezamos a compartir los relatos entre niños, niñas, adolescentes, adultos y adultas, empezamos a hacernos del barrio, a entender los códigos, a decodificar los códigos. Hasta que un día, tras año y medio de recorrido, nos lanzamos al barrio con cámaras y juegos, con acuerdos, alianzas y expectativas, nos lanzamos a las calles y dejamos que niños y niñas retraten su cotidiano, comprendan que una cámara no siempre te muestra la foto apenas la tomas, que es necesario aguardar con paciencia -y algo de nervios- para ver lo que siempre ves, sin pantallas.

De esta experiencia nace “El río va”, exposición fotográfica de los niños y niñas del Proyecto Iwa Pele, donde treinta imágenes nos devuelven, desde la infancia, una mirada sobre el barrio, un retrato contemporáneo de un barrio que guarda parte de la historia negra en el Perú; un barrio, ubicado en el centro, y al mismo tiempo, tan periférico de la capital. Un barrio desvalorizado, señalado, que no cae en el olvido porque con sólo mencionar su nombre intimida y evoca recuerdos, mayormente, no vividos; ese mismo barrio retratado por niños y niñas, quienes a través de las imágenes trazan nuevas miradas desde adentro, renovando sus barrios, esbozando imágenes para la memoria, infantilizando el espacio.

Es así que del 5 al 30 de junio, las imágenes del barrio, salen del barrio, para instalarse en los muros de la renovada Plaza Manco Cápac y marcar el camino por donde “el río va”.