Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

El reto de "Aprendo en casa" en zonas rurales

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Gabriel Gómez Tineo. Antropólogo  de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga.

La crisis mundial generada por la pandemia del COVID – 19  está desnudando las taras de nuestra sociedad. Esta crisis nos está recordando que nuestro sistema educativo ha trabajado muy poco en la formación de  valores ciudadanos en las escuelas, dando prioridad a otros temas.  

El Estado de Emergencia decretado por el gobierno nacional aplazó las clases presenciales, dando un giro enorme a la forma de enseñanza- aprendizaje; estableciendo la educación remota o virtual. Así, el lunes 6 de abril se iniciaron las clases a distancia a través de las radios, la televisión nacional y el internet.

De inmediato se han reportado ciertas limitaciones: problemas de conexión y  acceso a “Aprendo en Casa”, sobre todo en las zonas más pobres y en el campo donde no se cuenta con medios de comunicación. Las brechas de acceso a las tecnologías de información son todavía una deuda que debe resolver el gobierno, sobre todo en esta coyuntura de emergencia. Y es que el giro a la nueva  estrategia de enseñanza – aprendizaje se enfrenta a que un 55% de los docentes en el país no maneja los medios digitales, y que el 64% de los niños están expuestos a “riesgos cibernéticos -consumir información sin filtros, tal como informaba hace menos de un año la ex ministra Flor Pablo.  Para las familias en las que el uso de las tecnologías no es parte de su vida cotidiana será complicado orientar y saber que consumen sus hijos mientras navegan por el internet.

Una vez liberado el Estado de Emergencia el 26 de abril, nada volverá a ser igual. El MINEDU tendrá que hacer modificaciones para salvaguardar y evitar contagios masivos en las escuelas, asumiendo nuevos protocolos de cuidado: lavado de manos constante, distanciamiento al interior del aula y en el patio, y otros que sean necesarios.

Ante estos cambios drásticos es probable que el retorno a las aulas tome más tiempo. Mientras tanto el aprendizaje de los niños y niñas no debe detenerse. Por ello, en las zonas rurales es fundamental el rol de la familia y comunidad, sobre todos de los padres y las madres en el quehacer educativo, desarrollando competencias vinculadas a la formación ciudadana y que se dan en la vida cotidiana: los oficios familiares, los tareas domésticas, el compartir roles, la tradición y la cosmovisión familiar, entre otros.

Sabiendo que "Aprendo en casa" en las comunidades indígenas y campesinas de los Andes difícilmente cumplirá sus objetivos, es importante que el MINEDU tome en cuenta la educación comunitaria como una posibilidad que pueda contribuir a la formación de los niños y niñas.

El sistema educativo oficial tiene una deuda histórica con las comunidades indígenas y nativas, porque siempre ha privilegiado una formación monocultural y asimicionalista a la cultura occidental, dejando de lado las formas de aprendizaje de nuestros pueblos y culturas. Entonces la educación comunitaria podría jugar un rol fundamental para transformar el proceso educativo. La vida en la comunidad tiene elementos muy valiosos, desde los aspectos socio culturales y económicos productivos para el desarrollo local, hasta una conciencia ecológica con respeto a la Pachamama como elemento central, y una ética para el cuidado y la sostenibilidad que contribuirá a la formación de los futuros ciudadanos del país rural.

La educación comunitaria debe ser vista como una posibilidad para afrontar la crisis que viene azotando al país. El diseño de las estrategias que viene realizando el MINEDU para salvar el año escolar, debe tomar en cuenta sus múltiples formas de complementación en la formación de la niñez.

gabo.gomeztineo@gmail.com