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Una publicación de la asociación SER

El reconocimiento de las Comunidades de Indígenas en 1920

Nicanor Domínguez, Historiador

Los editores del portal Noticias SER nos recuerdan que acaba de cumplirse un siglo del reconocimiento oficial de las Comunidades de Indígenas por parte del Estado peruano.  Ocurrió en la Constitución de 1920, al inicio del “Oncenio” de Leguía (1919-1930).  ¿Cuál fue el contexto histórico de este crucial reconocimiento?

Las ideas liberales que inspiraron a los libertadores en la década de 1820, en especial a Simón Bolívar, proponían que los pobladores del Perú, sin importar sus características sociales, étnicas o económicas, debían ser reconocidos como “ciudadanos” (aunque solo los hombres, no así las mujeres), con derechos políticos iguales ante la ley.  Por desgracia, estas ideas no contaron con la protección de un Estado suficientemente fuerte como para hacerlas cumplir.  Por ello, las costumbres y divisiones heredadas de la Época Colonial (una sociedad en la que la desigualdad social y política estaba respaldada por las leyes de la Monarquía española), se siguieron practicando pese a la benevolente intención de los legisladores, expresadas en Constituciones y Códigos legales a lo largo del siglo XIX.

Con respecto a la mayoritaria población indígena del Perú, Bolívar decretó (1824-1825) que sus organizaciones comunales (reestructuradas en la Época Colonial para garantizar la reproducción social de la mano de obra básica necesaria para el funcionamiento del sistema económico minero-exportador de aquel entonces), debían ser disueltas.  El objetivo era que los indios dejaran de ser comuneros y se convirtieran en agricultores individuales.  Sin la protección del Estado republicano para el correcto cumplimiento de la nueva legislación, la población campesina se vio despojada de sus tierras, ocupadas abusivamente por los sectores empresariales blancos y mestizos de la sociedad rural decimonónica.  Este proceso se agudizó a fines de aquel siglo, cuando la demanda internacional de materias primas incentivó una agresiva campaña de expansión de las haciendas sobre las tierras indígenas.

Al iniciarse el siglo XX, se hizo cada vez más visible la resistencia campesina a esta situación de abuso por parte de los intereses agrarios privados.  Una serie de rebeliones se sucedieron en distintos lugares de la Sierra peruana, en especial en los departamentos de Puno y Junín.  Estas movilizaciones del campesinado indígena andino remecieron la complacencia de las élites peruanas, beneficiadas por el largo ciclo de crecimiento del capitalismo a nivel mundial (1880-1930), período que don Jorge Basadre llamara la época de la “República Aristocrática” (1899-1919).

En 1908 el intelectual anarquista limeño Manuel Gonzáles Prada (n.1844-m.1918) publicó su libro de artículos de denuncia titulado ‘Horas de Lucha’.  Allí incluyó el ensayo “Nuestros Indios”, escrito originalmente en 1904, en el que afirma: “el indio se redimirá merced a su esfuerzo propio, no por la humanización de sus opresores”.  Al año siguiente, el 13 de octubre 1909, se funda en Lima la “Asociación Pro-Indígena”, por Joaquín Capelo (n.1852-m.1928), Pedro Zulen (n.1889-m.1925) y Dora Mayer (n.1869-m.1959).  Llegaron a publicar 51 números de ‘El Deber Pro-Indígena’ (1912-1917), documentando y denunciando los problemas del campesinado indígena peruano.  En 1917 la organización entró en receso.

En 1978, Basadre afirmó: “El fenómeno más importante en la cultura peruana del siglo XX es el aumento de la toma de conciencia acerca del indio entre escritores, artistas, hombres de ciencia y políticos” (p. 326).  La contundencia de la frase es indiscutible.  Pese a las realidades sociales y demográficas, la población indígena había sido legalmente ignorada en el siglo XIX.  Fueron González Prada y los activistas de la “Pro Indígena” quienes iniciaron esta increíblemente obvia, pero necesaria, toma de conciencia intelectual.

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La actitud de crítica de la explotación colonial y republicana de la población indígena, elaborada por distintas personas y organizaciones entre los siglos XVI y XX, suele corresponder a intelectuales comprometidos que, sin embargo, no provienen de las comunidades campesinas a las que solidariamente trataron de defender.  Han sido llamados “indigenistas” porque, no siendo étnica o socialmente miembros del sector indígena de la sociedad peruana, se han propuesto su defensa.  Basadre sintetizaba su accionar en estos términos:

“El interés y la simpatía hacia los indios, hacia las culturas de la época preinca, hacia el imperio del Tahuantinsuyo y hacia sus supervivencias culturales, sociales y económicas ha sido estimulado en el Perú, entre otros factores, por corrientes credos durante varios siglos, a saber:

“Antes de la Independencia:

“a) Los testimonios de Garcilaso y de quienes pertenecieron a su escuela y a la de Las Casas durante la Conquista y el período colonial, origen de la “leyenda negra”.

“b) El “indigenismo hispanista” de doctrineros, misioneros, lingüistas, etc., que se acercaron al aborigen para “redimirlo” de sus pecados --la idolatría, la superstición-- y trataron de conocerlo estudiando su idioma y sus formas de vida.

“c) El movimiento europeo, iniciado con Montaigne, que exaltó la bondad del hombre en estado de naturaleza y que, después de una curiosa trayectoria filosófica y jurídica, desembocó en el campo político con las ideas de Rousseau.

“d) La reacción europea y americana en contra de la tesis de De Pauw y de otros autores acerca de la inferioridad y degeneración irremediables de los habitantes del llamado Nuevo Mundo.

“Durante el siglo XIX y los primeros años del siglo XX:

“e) Los grupos liberales en el momento de la Emancipación que buscaron afirmar a los nuevos Estados sobre la tradición indígena.

“f ) Los exponentes del romanticismo a principios del siglo XIX que no solo trataron a los indios y a los Incas dentro de un plano literario sino también tuvieron representantes científicos como, en un campo de interés especial en ese momento, el campo lingüístico, Tschudi.

“g) Los autores protestantes, sobre todo los anglosajones, que estudiaron con severidad la obra de España en América y con simpatía a los indios.

“h) Los positivistas que, ya a fines del siglo XIX, hicieron la vivisección del sistema y de las instituciones coloniales con una mentalidad, sobre todo, liberal y, directa o indirectamente, pudieron ayudar a una actitud de reivindicación de la época anterior.

“i) Los sociólogos marxistas alemanes como Cunow de esa época y primeros años del siglo XX, cuyo interés particular fue el problema de la economía colectiva en el Perú antiguo.

“j) Exploradores interesados, ante todo, en las ciencias naturales, como Reiss y Stübel que, de hecho, contribuyeron al mayor conocimiento de la civilización aborigen.

“k) Los defensores morales o legales del indio, simbolizados, a mediados del siglo XIX, por Juan Bustamante y la Sociedad Amiga de los Indios y agrupados, en la primera parte del siglo XX, en la Asociación Pro Indígena y otras entidades.

“l) Los arqueólogos que empezando con Max Uhle, hicieron, desde fines del siglo XIX y principios del XX descubrimientos sensacionales de yacimientos antes no sospechados, ahondaron en el tiempo y en el espacio el horizonte de las culturas preíncas e hicieron resaltar la variedad y la importancia de sus remanentes; y los etnólogos, antropólogos y sociólogos europeos y americanos que estudiaron científicamente en este último siglo al Perú, a los Incas y sus antecesores y a los indios.

“m) En un plano literario e ideológico, Manuel González Prada al afirmar que los indios constituyen el verdadero Perú, que “nuestra forma de gobierno se reduce a una gran mentira porque no merece llamarse República democrática un Estado en que dos o tres millones de individuos viven fuera de la ley” y, por último, que la cuestión del indio “más que pedagógica, es económica, es social”, por lo que hay que predicarle rebeldía pues “todo blanco es, más o menos, un Pizarro, un Valverde, o un Areche”.

“n) Los marxistas, sobre todo los comunistas, que ahondaron y sistematizaron muchos años más tarde las palabras de González Prada e insistieron en que la base de la revolución social tenía que ser agraria y racial.

“o) Los intelectuales y artistas regionalistas, andinistas y serranistas con hostilidad a Lima, a la costa y a los blancos y mestizos”.  (‘Historia de la República’, vol. 16, "Notas para una historia educacional y cultural, 1895-1933")

 

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Al inicio del gobierno de Leguía se organizó una Asamblea Constituyente, que elaboró la Constitución de 1920 (reemplazaba a las de 1860 y sería, a su vez, reemplazada por la de 1933).  Sobre el punto de las comunidades, Basadre nos dice: “La Constitución de 1920, al reconocer la existencia de las comunidades indígenas y la imprescriptibilidad de sus tierras, reflejó un movimiento de opinión jurídica […] y abrió una nueva época no solo en la historia jurídica sino también en la historia social y en la historia económica del Perú.  Durante una época, en el Ministerio de Fomento, en la sección a cargo de Hildebrando Castro Pozo, hubo una apertura cordial y comprensiva ante los indefensos.  Sin embargo, continuaron muchas veces las usurpaciones.  Y los abusos cometidos en el cumplimiento de la ley de conscripción vial representaron, asimismo, un factor negativo” (‘Historia’, vol. 13, "El Oncenio y sus consecuencias inmediatas").

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Referencias:

Jorge Basadre. Perú: Problema y posibilidad; con el apéndice: Algunas reconsideraciones 47 años después [1931] (2da ed. Lima: Banco Industrial, 1978).

Jorge Basadre. Historia de la República del Perú, 1822-1833 (6ta ed., Lima: Editorial Universitaria, 1968-1970, 17 vols.).

Manuel González Prada. “Nuestros Indios” (1904), en: Horas de Lucha (1908).

< https://evergreen.loyola.edu/tward/www/gp/libros/horas/horas19.html >

 

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