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Una publicación de la asociación SER

El libreto de la derecha

En muchos sentidos, para la derecha peruana la elección presidencial ya terminó. Las obvias diferencias entre Keiko y PPK pasan a segundo plano: lo importante es que se salvó el modelo y ahora pueden “votar tranquilos”. La elección del 5 de junio será mero trámite y quizás hasta entremos a un debate sobre los matices de los planes de gobierno. Políticamente, no tiene sentido atacar al candidato rival, ya que a partir del 28 de julio ambos serán aliados en el proyecto más general de profundización neoliberal, que es lo que se viene.

Esta situación se evidencia en los medios, por supuesto. Los grupos El Comercio y RPP, por mencionar los más representativos, se mueven con cautela. No hay que hacer muchas olas: la elección ya está ganada. Pero hay un trabajo que quedó a medias y que habrá que hacer prolijamente en los próximos años: destruir las alternativas de cambio, sobre todo la de Verónika Mendoza. El Frente Amplio quedó tercero pero tiene la segunda bancada más numerosa. La izquierda, esta vez de forma orgánica, se perfila como la verdadera oposición al próximo gobierno, sea cual sea este.

Ahí está la explicación a la editorial de El Comercio del martes 19 de abril. A 9 días de las elecciones, en lugar de hablar de los candidatos que compiten o algún tema de actualidad (como por ejemplo los Panamá papers, los desastres de Castañeda o el importante premio ambiental obtenido por Máxima Acuña), el Decano insiste con machacar a Mendoza con los mismos puntos de la primera vuelta –sobre los cuales no sé qué más podría responder la ex candidata. No es solo mal periodismo. Es parte de una estrategia mayor de dejar la cancha libre al gobierno que se viene.

Veamos un ejemplo diferente, periférico pero también ilustrativo. En un artículo más amable, aunque lindando con el humorismo, Lucía Benavides se pregunta en Semana Económica “¿Por qué tantos peruanos votaron por candidatos antisistema?” El artículo es una joya en varios niveles, pero basta decir aquí que es expresión de una preocupación similar a la de la editorial comentada arriba: que en el 2021 tengamos que “enfrentarnos a unas elecciones lideradas por propuestas antisistema”. La solución que propone Benavides es “construir un Perú más inclusivo donde las propuestas antisistema queden en el olvido”, para lo cual propone mejorar el acceso y calidad educativa mediante, por ejemplo, donaciones de tiempo y dinero a “ONG de educación”.

Así, el de Benavides es un texto en una lógica más propositiva que la editorial de El Comercio, pero que en el fondo expresa una preocupación similar (el repetido uso de la palabra “antisistema”, muy discutible para el caso del Frente Amplio, no es casual). Destruir a Mendoza, por un lado, y educar a los pobres para que “aprendan a votar” por opciones conservadoras, por el otro, son dos caras de un mismo proyecto de evitar la consolidación de alternativas de cambio en la política peruana.

Tras la primera vuelta, hay una desorientación generalizada en tanto muchos esperaban (esperábamos) una segunda vuelta polarizada en la que se discutan los temas de fondo del país. Lejos de ello, estamos ahora frente a una suerte de simulacro de votación en la derecha peruana y una situación compleja para la izquierda, que tendrá que hacerse cargo de la campaña antifujimorista que PPK es incapaz de hacer, para favorecer a un candidato en el que no cree pero que es la única opción frente al desastre fujimorista. La izquierda cumplirá ese rol con convicción. Y la derecha peruana ya tiene su libreto preparado: impedir que una opción progresista estorbe desde la oposición o se perfile como una alternativa sólida para las próximas elecciones. El horror frente al regreso del fujimorismo no es una preocupación para la derecha, al contrario, ahora vota con tranquilidad pero no logra sacudirse del susto que le generó Verónika.