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Una publicación de la asociación SER

El gabinete Cateriano, sus lecciones y las elecciones de 2021

Foto: ONPE

José Ignacio Távara Castillo

El impase político que sobrevino a la negación del voto de confianza por parte del Congreso de la República al gabinete ministerial presidido por el señor Pedro Cateriano nos ha permitido ver, como pocas veces con tanta claridad, la ínfima calidad de los partidos políticos que se encuentran representados hoy en dicho poder del estado.

Decir “partidos” es ya ciertamente una exageración, una licencia del lenguaje, una hipérbole, una generosidad en la calificación, porque, si bien se mira, la mayoría son agrupaciones sin un núcleo básico de afirmaciones compartidas, ni historia conjunta, ni organización, ni proyectos, ni ideales colectivos. Por eso, a muchos de sus voceros, líderes y representantes se les puede ver ora en un partido ora en otro según el tipo de elección (municipal, regional, congresal) y la coyuntura política de que se trate.

Ni siquiera un partido tan antiguo y de tanta tradición como Acción Popular tuvo un voto unificado o uniforme en una coyuntura trascendental y frente a un tema tan importante como es el dar pase al funcionamiento del gobierno. Y, lo que es peor, hasta hoy no han creído necesario explicar este comportamiento tan extraño en un partido que tiene bajo su responsabilidad la conducción de  un poder del estado.

Las razones del voto en contra o en abstención que, en este caso fueron realmente en contra,  también son extrañas. Argüir que se votó en contra porque el premier hizo énfasis en la minería como eje y principal motor de la economía o porque llevaba al ministro Benavides en su nómina no parece tener fundamento. ¿Acaso la política económica y el modelo primario exportador -tan manido- no han sobrevivido a una veintena de ministros en dicho ramo y a seis gobiernos diferentes a lo largo de casi tres décadas desde que fuera implantado? ¿Creen acaso que cambiando al ministro de economía van a cambiar el “modelo” o la política económica? Si así lo piensan, entonces será pues que no tienen la menor idea de cómo se manejan los estados. Respecto de la educación ya sabemos que su afán no es el fomento de la calidad educativa  para niños y jóvenes, sino solamente la ganancia, el negocio, el lucro.

Entonces ¿Qué hacer?

Esperando que estos once meses que faltan para el cambio de gobierno y ocho para las elecciones generales puedan llevarse en paz, será necesario poner mucha atención en algunos puntos que nos parecen importantes.

1. Propuestas de gobierno: serias, bien trabajadas y claramente presentadas a la comunidad. Que tengan en cuenta la gran heterogeneidad del país, su pluriculturalidad, enfrenten la escandalosa desigualdad social y busquen abatir la discriminación de toda índole; cuyo centro de preocupación sean las personas, especialmente las más pobres y excluidas. Que presenten una visión de país.

Deberá tenerse en cuenta además que, según todos los analistas económicos, la pobreza y el desempleo se habrán incrementado, la desigualdad se habrá ahondado y la producción habrá disminuido grandemente por efecto de la pandemia.

2. Partidos políticos: consistentes en ideología, planes de gobierno, organización y democracia interna. Desechar aquellos que se ofrecen al mejor postor, que subastan los puestos en sus listas de candidatos; y las alianzas espurias.

3. Candidatos y candidatas: que sean personas conocedoras, hábiles y honestas. Hay que recelar de aquellos y aquellas que digan lo que la gente quiere escuchar y ofrezcan el oro y el moro. Porque cambian su mensaje y su discurso según el auditorio que tengan al frente. Foja de servicios limpia, no sentenciados que vayan a esconderse detrás de la inmunidad parlamentaria.

4. Ciudadanos o ciudadanas informados. No todo depende de los partidos; en realidad, gran parte o, quizá, la mayor, depende de nosotros, de informarnos suficientemente, analizar y juzgar bien, sopesando las alternativas que se nos presentan, mirando lo que cada quien ofrece y lo que podría llegar a ser y a hacer una vez en el gobierno. No se puede pedir que el que ganó legítimamente una elección haga lo que proponía quien no ganó. Lamentablemente, parece que esto es lo que muchos congresistas actuales, y muy ilustrados, pretenden de este gobierno.

5. Reglas que garanticen democracia, transparencia y representaciones justas. Lamentablemente este Congreso está dando muestras de que lo que la mayoría pretende no es la reforma política tan necesaria, sino adecuar las reglas de las próximas elecciones a sus estrechísimos intereses personales, de sus líderes y sus partidos o agrupaciones.

Por ello, es necesario defender y promover aspectos fundamentales como: las elecciones internas (un militante, un voto) para designar a los candidatos y que no los designen las cúpulas partidarias que, en muchos casos, se reducen a dos o tres personas e, incluso, a una sola; la equidad de género, alternando en las listas una mujer, un hombre; la representación de los pueblos originarios; eliminar el voto preferencial que genera un mercado en el que se intercambian votos por regalos y aturde con su propaganda a los electores; eliminar la posibilidad de que nuevos sentenciados ingresen al congreso para ponerse detrás de la inmunidad parlamentaria; transparentar las hojas de vida y el financiamiento de los partidos y los candidatos. Ojalá que aún haya tiempo para implementarlas.

Carabayllo, 11 de agosto de 2020