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Una publicación de la asociación SER

¿El fin de la travesía?

José Ignacio Távara Castillo

Parece que por fin llegamos al último tramo de esta angustiante travesía que un virus infinitesimal nos ha obligado a recorrer.

Encerrados, en aislamiento obligatorio, en cuarentena, estado de emergencia sanitaria, estado de emergencia nacional; privados de derechos elementales como la libertad de movimiento, de reunión, la inviolabilidad del domicilio, hemos pasado estos más de cien días sin poder ver presencialmente, corporalmente a personas queridas; enterándonos cada mañana quizás de la muerte de algún amigo, nos hemos visto obligados a guardar luto sin poder abrazar a quienes, cercanos a nosotros, perdieron al esposo, al hermano, al padre.

Hemos aprendido a comunicarnos “virtualmente”, a participar “por facebook” en celebraciones litúrgicas, a organizar reuniones “vía zoom”, a realizar trabajo “remoto”, a preparar vídeos para la hermana, la madre, el amigo que cumplen años, o que se encuentran en primera línea y les haría bien una voz de aliento; a cocinar platos nuevos. Hemos conocido un poco más a nuestros hijos e hijas y quizás también al esposo o a la esposa. Nos hemos aburrido, nos hemos desesperado y también llorado. Hemos criticado la conducta de los “irresponsables” que no respetaban la cuarentena cuando “nosotros sí cumplimos”, y las contradicciones del gobierno que “un día dice una cosa y otro día, otra”. Nos hemos convencido -si acaso era necesario- de la estulticia de la “clase política” y de la soberbia de ciertos opinólogos. Tan lejanos, pero tan lejanos a la vida cotidiana de la gente que parecen zombis de otro planeta.  Nos hemos quedado azorados frente al egoísmo, la ambición, la avaricia, tan obscenamente expuestos y exhibidos, de los ricos de este país que parecen no tener corazón ni entrañas de misericordia y que son capaces de ver morir a sus connacionales y cobrarles precios exorbitantes por las medicinas, los servicios médicos y el oxígeno que ellos mismos encapsularon.

Pero parece que estamos llegando al fin. Por eso la alegría en el barrio el primer domingo sin la obligación de quedarse en casa, en que vecinos y vecinas, la tercera generación, nietos y nietas de los fundadores, en una verdadera minka, desde las siete de la mañana, se pusieron a limpiar y desinfectar veredas y fachadas y a señalizar la calle y, en la tarde, a poner cadenetas rojiblancas.

El sistema en su desnudez

Treinta años hemos pasado construyendo un sistema que pueda dizque garantizar el crecimiento económico sostenido y capear las crisis y los ataques externos. Pero, he aquí que este modelo, mimado por especialistas, declarado intocable por todos los partidos que se han sucedido en el gobierno, en esta hora crucial en que la población lo necesitaba, no pudo ofrecerle un eficiente sistema de salud, saneamiento básico, escuelas bien dotadas, seguro contra el desempleo, comercialización adecuada, transporte digno.

Las grandezas

En este tiempo difícil hemos sido testigos de la grandeza y entrega de muchos. Cientos y miles de trabajadores y trabajadoras, servidores y servidoras públicos que, en los diversos niveles del gobierno y en los campos de la salud, la seguridad, la limpieza pública, trabajan y siguen trabajando para controlar y derrotar esta pandemia; maestros y maestras que se esfuerzan para hacer que millones de niños, niñas y adolescentes mantengan acceso al servicio educativo; municipalidades distritales, rondas campesinas y organizaciones sociales que con creatividad acuden con sus esfuerzos; religiosas y religiosos, sacerdotes y obispos que en distintos lugares del país contribuyen en esta tarea. Son señales buenas y fortalezas con las que contamos para trabajar mejor y concertadamente cuando esta travesía llegue a su fin.

Esperamos el cambio

Demás está decir que esta pandemia, esta crisis nos ha hecho ver con claridad que necesitamos un cambio urgente y bien planificado para que el Estado y el sistema económico pongan al centro de su accionar y desempeño a las personas, especialmente a los más pobres. Ojalá que ello sea posible cercanos al Bicentenario de nuestra república.