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Una publicación de la asociación SER

El fin de la servidumbre doméstica

Foto: Federación Nacional Trabajadoras y Trabajadores del Hogar Perú

Editorial | Noticias SER

El presidente Vizcarra ha promulgado la ley de trabajadoras del hogar, una norma producto de una larga lucha gracias a la cual desde hoy se reconoce y protege derechos básicos a quienes dedican sus vidas a tareas fundamentales en los hogares de miles de familias, como la limpieza de la vivienda, la preparación de alimentos e inclusive el cuidado de los niños, niñas y adultos mayores, un esfuerzo enorme y muy poco valorado.

Resulta increíble que recién al final de la segunda década del siglo XXI, se reconozca que las trabajadoras del hogar tengan derecho a contratos por escrito, a un horario de trabajo, al pago de horas extras, a la compensación por tiempo de servicios, a la remuneración mínima vital, a gratificaciones, a un mes de vacaciones, a la seguridad social, al descanso pre y post natal, y a otros derechos que a partir de la fecha serán de obligatorio cumplimiento por sus contratantes.

El trabajo doméstico ha sido hasta hoy una de las formas más injustas de trabajo a las que han estado sometidas muchas mujeres a lo largo de nuestra historia, y ha sido la última expresión de la servidumbre, socialmente tolerada incluso por quienes defienden los derechos de otros sectores, grupos o minorías, pero cierran los ojos ante la ausencia de derechos en sus propias casas. Las trabajadoras del hogar no solo han estado desprotegidas frente a sus patrones, quienes aprovechando de su poder las han obligado a trabajar sin descanso y sin derechos, sino que muchas veces han sido humilladas y abusadas física y sexualmente, maltratos y delitos soportados en silencio por la necesidad de conservar su trabajo.

En Noticias SER saludamos la promulgación de la Ley de trabajadoras del hogar, y a todas aquellas mujeres que lucharon incansablemente por dejar de ser tratadas como siervas –cuasi esclavas- a disposición permanente de la voluntad de sus patrones y patronas. Toca ahora, a quienes creemos en una sociedad de personas libres e iguales ante la ley, vigilar el cumplimiento de la norma y la plena vigencia de los derechos ahí consagrados. Solo así podremos celebrar que la servidumbre doméstica por fin haya terminado en nuestro país.