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Una publicación de la asociación SER

El espíritu de lucha en la historia Awajún y Wampís

Foto: Jacob Balzani Lööv

Luis Chávez Rodríguez: Casa del colibrí en Chirimoto, Amazonas

Cuando Nugkui, la diosa de la agricultura Awajún-Wampís, permitió el crecimiento de la yuca, base del masato, en el aja (chacra); en el bosque ya se enredaba poderosa la ayahuasca, se multiplicaba el tabaco y florecía, con su blanco reverberante, el toe en medio del follaje. La primera, llamada Nugkui mama, planta madre, estaría al cuidado de las hijas de Nantu, para el sostén básico del cuerpo, mientras que las tres restantes serían manejadas por los hijos de Etsa, con fines medicinales. Estas plantas, infundidas con espíritus curadores, son las plantas maestras que regulan la salud en toda su extensión, es decir, en el área de la mente, del espíritu y de la política. La noción de salud, es así mismo en este mundo, un concepto y una práctica que incluye a la noción de territorio como parte de una cosmovisión integradora de la vida*.

El toe (Brugmancia arbórea), el tabaco (Nicotania tabacum) y el ayahuasca (Banisteriopis caapi) son las tres plantas con mayor connotación espiritual en la variada farmacopea amazónica de los Aénts Chicham, entre las que se hallan el sacha jergón (Dracontium loretense), chakruna (Psychonta viridis), aire sacha (Kalanchoe pinnata), bubinsana (Kallionga angustifolia), ajo sacha (Mansoae alliacea), chanca piedra (Phyllantus niruri), camalonga (Strychnus sp), mucura (Petiveria alliaceae), guayusa o agracejo (Ilex guatysa,  muy difundida en la parte ecuatoriana de la Amazonía entre los Shuar y los Achuar, y también entre los Quichuas) y las tres variedades de la milagrosa sanango (Brunfelsia grandiflora). Estas plantas, que están entre las más conocidas, actualmente, son usadas en la Amazonía para prevenir y fortalecer el cuerpo, así como para aliviar los síntomas del Covid-19.

En el caso de Amazonas, la Municipalidad de Condorcanqui, por ejemplo, ha incluido en sus programaciones radiales, del distrito de Nieva, secciones dedicadas a la difusión del conocimiento herbolario de los Awajún y Wampís para una audiencia que incluye al público mestizo de la región. Del mismo modo, en San Martín, otro lugar de difusión y de estudio de las plantas medicinales es el Centro Takiwasi, dirigido por el Dr. Jacques Mavit, en Tarapoto. Aquí se ha estudiado con rigor los conocimientos ancestrales amazónicos, tomando como base el saber de los maestros y maestras tradicionales awajún, entre los que actualmente se hallan el Iwishin, médico tradicional, Walter Cuñachiv y su esposa Isabel Taijín Waniak, naturales del distrito de Imaza, Amazonas, quienes desde hace muchos años trabajan en Takiwasi. De este modo, la sabiduría de los pueblos indígenas no cesa de compartir sus conocimientos ancestrales, para el cuidado de la salud no sólo de sus comunidades, sino también del mundo mestizo peruano y del mundo occidental.

Los Wampís y los Awajún pertenecen al grupo lingüístico Aénts Chicham, conjuntamente con el pueblo Shuar y Achuar, quienes fueron conocidos antiguamente como los Jíbaros o Xivaros y ocupan por milenios las áreas del nororiente peruano y suroriente ecuatoriano, alrededor de la Cordillera del Cóndor (Para mayor información de la denominación Aénts Chicham véase el estudio de Santiago Utitiaj Paati y Grégory Deshoullière, 2018). Las fronteras impuestas por estos dos países, desde la “balcanización” de Sudamérica con las guerras de la independencia, dividieron traumáticamente a familias y pueblos de un modo irracional, como es el caso del pueblo Achuar, mientras que los Awajún (50,000 habitantes de los cuales un 90% viven en la Región Amazonas, principalmente en los distritos de Cenepa, Nieva y Río Santiago) y los Wampís (15,000 habitantes que se hallan ubicados en la provincia Condorcanqui, Amazonas y en Datem del Marañón, Loreto) se hallan en el lado peruano, en las regiones de Cajamarca, Amazonas, San Martín y Loreto. En cambio el pueblo Shuar se ubica, íntegramente, en la provincia de Morona Santiago en Ecuador. Los cuatro pueblos, si bien tienen variantes dialectales, pueden entenderse gracias a su tronco lingüístico común. De igual modo, comparten básicamente los mismos dioses y diosas y demás seres mitológicos con mínimas variantes, manteniendo sus funciones en la organización de su cosmogonía.

La dimensión medicinal y espiritual, que siempre está ligada a otras esferas de la vida del poblador amazónico, entre los Aénts Chicham, es conocida también por un talante marcadamente político en la defensa de su territorio. Por esta razón, el imaginario occidental que se ha esmerado en construir la imagen del otro, no occidental, como salvaje, se les ha considerado como “indomables, jíbaros y guerreros”, resaltando sus rituales como el Tsántsa. Práctica compleja de entender desde otras perspectivas y que implica, entre otras intencionalidades, respeto al enemigo y también un medio para atemorizar al contrincante y alejar el asedio depredador del invasor, cuya resultante por paradójica que parezca deviene en una acción que busca la conciliación y finalmente la paz. Este tópico que incluye el estigma de los pueblos amazónicos, ha sido estudiado por el antropólogo Oscar Espinosa de Rivero en su artículo, ¿Salvajes opuestos al progreso?, publicado en Anthropológica, 2009, al cual remito para su mayor entendimiento.    

El acecho, al que se le ha sometido a estos pueblos, responde a las características geopolíticas de su territorio, en gran medida, debido a que la Cordillera del Cóndor es uno de los lugares más ricos del planeta no sólo por la biodiversidad que ahí florece, sino que al interior, en el corazón de la tierra, también se hallan minerales que han provocado la avaricia de múltiples conquistadores desde tiempos precolombinos. Según el sacerdote y antropólogo, José María Guallart SJ, se pueden identificar desde épocas pre incas (al parecer los mochicas, conocidos en la tradición oral Awajún como los Iwa) intentos violentos por desalojar a sus ocupantes originarios para apoderarse de productos que ahora son nombrados como yacimientos mineros o recursos naturales y que para los Awajún y los Wampís han sido, desde siempre, componentes de un centro energético que forma parte del territorio y tienen una función espiritual. Óptica que el mundo occidental ni siquiera puede imaginar, por la deformación cultural que ha generado el sistema capitalista, especialmente con el uso del oro, abundante en esta zona.

En esta historia de invasiones al territorio Awajún y Wampís, después de los mochicas, vinieron a estas tierras los quechuas, comandados por los incas Túpac Yupanqui y Hayna Cápac, como lo registra el cronista Cieza de León, quienes en varias intentonas tampoco pudieron someterlos (James Regan Mainville, Los Awajún y Wampís contra el Estado, Investigaciones Sociales, 2010). En el periodo de la dominación colonial española, tan apetente a los minerales preciosos con fines comerciales, la amenaza de invasión y desalojo estuvo entre sus objetivos principales, pero tampoco lograron exterminar a los bravíos Aénts Chicham. Finalmente en la República, con la presencia de los caucheros, colonos madereros y agricultores, narcotraficantes, políticos corruptos, minería “legal” e ilegal, ha continuado el mismo patrón invasivo y vandálico, pero como diría el poeta Alejandro Romualdo, “no podrán matarlos”.

En esta historia de los Awajún y de los Wampís, como ya es de conocimiento a nivel nacional y cuyos detalles están en cientos de artículos periodísticos y en estudios académicos, a disposición de la opinión pública, el último de estos intentos de invasión a su territorio fue el conocido como “Baguazo” (2009), donde el Estado peruano, en uno de sus más corruptos gobiernos, intentó nuevamente otra fallida invasión.

Esta situación de asedio histórico ha llevado, a una parte de pueblo Awajún, asimilado a las dinámicas de la cultura occidental, a situaciones de extrema pobreza en la mayoría de distritos de Bagua y Condorcanqui, donde persisten altos niveles de desnutrición crónica en sus niños, sumados a problemas de enfermedades virales como el VIH y la hepatitis, a la contaminación y la trata de personas, y ahora al Covid-19. Sin embargo, buscando en su reserva cultural y espiritual, encontramos que el estrecho contacto con la naturaleza y su férrea organización les han permitido sobrevivir. A pesar de las condiciones actuales de carencia y de enfermedad que sufren, al igual que todos los demás pueblos originarios del continente americano, a causa de las invasiones sucesivas, ellos tienen en sus plantas medicinales y en su elaborada espiritualidad el soporte que explica su heroica resiliencia.  

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* La tradición oral de los Aénts Chicham se caracteriza especialmente por la rica variedad de su mitología. En relación al tema afín a la agricultura y la alfarería Awajún, Enrique Ballón Aguirre en Origen de la monogamia, el zapallo, la arcilla y las manchas de la luna, Amazonía Peruana (1994) propone un análisis semiótico-lingüístico que difiere del clásico análisis antropológico realizado por Claude Levi-Strauss sobre el tópico de la a alfarería. Aquí consigna hasta 15 variantes de la historia legendaria de los hermanos Etsa y Nantu.