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Una publicación de la asociación SER

El espejo venezolano

Foto: Andina

Alexander Antialón Conde

Son pocos, pero con influencia, los que vienen cuestionando la legitimidad de las próximas elecciones generales del 11 de abril, advirtiendo, sin ningún sustento, un supuesto fraude o manipulación. Esos mismos son los promotores perseverantes de una vacancia presidencial. En plena escalada de la pandemia del covid-19, con recortes de puestos de trabajo y crisis económica, buscan de cualquier forma un golpe de Estado desde el Parlamento.

El golpe parlamentario es una de las nuevas formas de golpe de Estado del siglo XXI. Siendo el golpe de Estado tradicional, de casi unánime rechazo en el mundo, se han generado nuevas formas para lograr el propósito, con un método más “sofisticado”, “de apariencia legal”, menos escandaloso,  incluyendo un “sustento” que le otorgue la supuesta legitimidad. De modo que ahora, la justificación del golpe ya no es a posteriori sino al inicio.

Esto debe tenerlo muy presente el Ejecutivo, sea el gobierno que sea, sobre todo cuando manifieste o tome posición respecto a la crisis de la democracia en otro país. Recientemente, el denominado Grupo de Lima difundió un pronunciamiento sobre Venezuela, poco creativo, siguiendo las pautas precedentes y siendo su último punto (N° 7) algo preocupante para el derecho internacional y especialmente para el Principio de No Intervención en las Américas: “Reitera que persistirán en procurar converger con otros actores internacionales para movilizar una respuesta… que ponga fin a la usurpación…”. ¿A qué se referirá con “otros actores internacionales”? ¿Por qué no solo se puso países y/u organismos internacionales? ¿Se estará refiriendo también a las milicias o paramilitares?

El asunto de Venezuela no hay que abordarlo como algo lejano para nuestra realidad política. Recordemos que solo en los últimos 12 meses aproximadamente, tuvimos por un día (30/09 – 1/10 2019) dos Presidentes (Vicarra y Aráoz) y estuvimos cerca, con el último pedido de vacancia (18/09/20), de volver a tener dos Presidentes paralelos (Vizcarra y Merino).

El tema de Venezuela hay que trabajarlo con creatividad, espíritu americanista, autonomía y, sobre todo, con buena fe como principio general del derecho.

Finalmente, dejo abierta algunas posibilidades de acción en torno a la situación de Venezuela que podrían ser eventualmente consideradas: 1) Rechazar cualquier intervención o amenaza militar o paramilitar extranjera, salvo que se realice de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas. 2) Coordinar un esfuerzo intercontinental para asegurar in situ que las elecciones del 6 de diciembre, para elegir a los miembros de la Asamblea Nacional, cuenten con legitimidad y reconocimiento internacional, cuya Comisión ad hoc debería contar con todas las facilidades para su trabajo. 3) A cambio de lo anterior, se podría levantar gradualmente las sanciones económicas y financieras impuestas a ese país, las mismas que no han surtido efecto para un cambio de gobierno, sino que solo han afectado a sus ciudadanos y forzado la migración internacional masiva. 4) Después de la elecciones, podría constituirse una nueva Comisión para hacer seguimiento a las investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos y supuestos delitos de lesa humanidad, que aún se vienen investigando a nivel de Fiscalía y en proceso en el Poder Judicial, según lo ha reconocido el reciente informe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, documento que solo ha recogido información de plataformas web y testimonios virtuales, toda vez que no se le permitió el ingreso a ese país y no se le proporcionó información oficial ni oficialista.