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Una publicación de la asociación SER

El DU 003-2019 y la producción editorial de la selva central

El viernes 11 de octubre se publicó el Decreto de Urgencia 003-2019, decreto de urgencia extraordinario que establece incentivos para el fomento de la lectura y el libro, donde se prorroga por el plazo de un año la exoneración del Impuesto General a las Ventas (IGV) a la importación y/o venta en el país de los libros y productos editoriales; una noticia muy esperada por los autores, editores independientes, editoriales, imprentas y otros actores que veían amenazada la industria editorial del país. Sin embargo, dicho decreto viene con algunos cambios, siendo el que generó más polémica el que prorroga, también por un año, el reintegro tributario del IGV para los editores de libros cuyos ingresos netos anuales sean hasta 150 UIT (630 mil soles); si antes este beneficio alcanzaba a las llamadas «grandes empresas editoriales», ahora los que podrán acogerse son los pequeños y medianos editores. Una buena noticia para quienes hasta el 10 de octubre de este año ni siquiera alcanzaban los 6800 soles en un solo servicio.

Pero cuál es la repercusión real de esta norma para autores y editoriales independientes en las provincias excluyendo a Lima Metropolitana; particularmente para «autores locales» —pues no existen editoriales independientes— en la selva central país. ¿Será que alguna vez se han beneficiado, se benefician o se beneficiarán con la Ley 28086, Ley de Democratización del Libro y de Fomento de la Lectura? Para este caso, un «autor local» es aquella persona que de forma independiente compila, edita o escribe un libro, folleto, revista u otro material sobre literatura, narrativa, historia, turismo u otro vinculado a un territorio local o regional. En Chanchamayo, Satipo y Oxapampa hay alrededor de cincuenta personas que por lo menos han publicado un libro —cincuenta más si agregamos revistas—: recopilación de mitos, pequeñas novelas e información turística son las temáticas preferidas.

Para la elaboración de este artículo he conversado con diez autores que viven en estas provincias, siete de ellos desconocen la existencia de una ley sobre el libro y la lectura; dos, saben de ella pero no su contenido; y solo uno conoce y entiende los beneficios de la norma sin que haya sido beneficiado nunca por tratarse de «trámites  demasiado engorrosos en lo contable y administrativo», según sus propias palabras. Efectivamente, además del desconocimiento, el gran obstáculo de la Ley 28086 hasta antes del 11 de octubre de este año, era que ninguno invertía más de 6000 soles en el tiraje de su obra, que por costumbre, es de 500 o 1000 ejemplares, sin posibilidad de acceder al beneficio tributario. Asimismo, de aproximadamente 15 títulos anuales que se publican en la selva central, uno o dos lo hacen con un sello editorial, para lo cual tienen que invertir dinero para viajar hasta Lima y preparar su material. No obstante, la mayoría contratan con una imprenta de la zona, la que «terceriza» el servicio en imprentas formales o informales de la capital del país, y a pesar que el costo del envío de la producción se incluya, siempre sale más barato que hacerlo bajo un sello editorial.

Estos datos indican que el «autor local» busca una opción rápida y económica para publicar, por lo que siempre se tratan de productos de poca calidad, ya sea por el contenido, el diseño, la diagramación o los acabados. Ciertamente, estos autores al no obtener una rentabilidad en el oficio de escribir, elaboran sus proyectos de publicación de forma poco profesional, sin la inversión debida en la preparación, investigación y logística; presentándose un círculo vicioso: «invierto poco porque sé que poco o nada ganaré». Al visitar a tres autores en Chanchamayo, con pena comprobé que más de la mitad de sus libros —todos de un tiraje de 1000 ejemplares— estaban en cajas selladas de ediciones de hace dos, cinco y diez años, respectivamente. ¿Qué hacen estos autores con sus libros? Pues, las muestran, las regalan y con mucha suerte las rematan a un precio menor al costo de producción por unidad (por ejemplo, si la imprenta les cobró por libro S/ 4.50, y lo venden a S/ 3.00).

Pero mucho tiene que ver el compromiso y el profesionalismo que se ponga en los proyectos de publicación. No basta con quejarse que el Perú es un país que no lee, o que el Estado no apoya a la industria de la página impresa, o que las personas son indiferentes a la cultura. Como todo emprendurismo, los «autores locales» deben buscar estrategias para presentar un buen producto —y lo primero que deben hacer es invertir tiempo, esfuerzo y dinero conscientemente en la elaboración del contenido—, para luego ofrecerlo como un material que realmente aportará a la cultura de su provincia o región. El decreto de urgencia brinda una alternativa interesante a estos autores—por lo pronto—durante un año, la cual es buscar y presentar sus proyectos de publicación a editoriales y/o imprentas que se acogen a la exoneración del 18% del IGV y así el costo de producción de su obra sea rentable bajo una proyección real en el mediano plazo. Los «autores locales» tienen la posibilidad que sus obras no habiten en el olvido, no las rematen a un precio ínfimo ni mucho menos las regalen grotescamente, puesto que se trata de un esfuerzo. La pelota rueda en su cancha.