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Una publicación de la asociación SER
Antropólogo con maestría en ciencia política.

El desafío abierto en Venezuela

Opino que la mejor manera de comprender lo que está ocurriendo en Venezuela es ubicando la coyuntura actual como parte de un largo proceso de desafíos planteados al régimen chavista. Este proceso ha sido discontinuo, y en sus diversos capítulos se han sucedido liderazgos, estrategias y niveles de confrontación con el gobierno.

¿Qué hace diferente este último desafío? Como otras veces, la oposición exige elecciones libres y transparentes para garantizar una transición a la democracia. Lo realmente novedoso ha sido el gesto de Juan Guaidó de proclamarse como Presidente encargado de Venezuela, apelando para ello a la propia Constitución chavista.

Aunque ese gesto de Guaidó no tiene efectos ejecutivos inmediatos, constituye un desafío mayor, un símbolo político muy poderoso pues le disputa la legitimidad al régimen dictatorial de Nicolás Maduro. Inmensas movilizaciones de apoyo, una oposición que hoy aparece unida bajo su liderazgo y el enorme respaldo internacional conseguido a la fecha no son poca cosa. Todo ello no es suficiente aún para lograr la caída del dictador, pero estos primeros resultados muestran que Guaidó le ha ganado esta primera pulseada a Maduro.

Defensores del régimen dentro y fuera de Venezuela – varios de ellos en Perú – han señalado que el reconocimiento internacional a Guaidó como Presidente encargado obedece a un alineamiento y subordinación al intervencionismo militarista del imperio estadounidense encabezado por Donald Trump. Esta idea se basa en un análisis muy pobre pues emplea un enfoque desfasado (muy propio de las ciencias sociales… ¡de hace treinta años!) y que resulta demasiado complaciente con los argumentos del oficialismo venezolano. Además, no resiste mayor análisis, pues en los últimos tiempos las diplomacias latinoamericanas y europeas se han movido en forma autónoma a los designios de Trump.

Desde luego, la intervención militar externa es el camino a evitar. No parece el escenario más probable, pero las voces de advertencia nunca sobran. El camino ha sido señalado en el propio desafío: salida de Maduro, elecciones libres con garantes internacionales, y retorno a la democracia. Frente a ello, el régimen cuestionado ha planteado diálogo, oferta que ha sido rechazada por la oposición debido a que no reconoce en Maduro voluntad para negociar las condiciones de su salida del gobierno. Varios intentos previos, todos fracasados, les previenen sobre las reales intenciones del chavismo.

Mientras tanto, el desafío continúa. Con un timing bastante calculado, Guaidó ha señalado el día 23 de febrero una movilización para acoger la ayuda humanitaria desplegada por diversos Estados en la frontera colombiana. El oficialismo se opone y amenaza con mantener la frontera cerrada. El gobierno de Maduro ya ha dado muestra de su ferocidad en la represión de su propio pueblo (más de 20 personas asesinadas en las movilizaciones de las últimas dos semanas). No sería raro ver nuevas escenas de violencia que, a la larga, terminarán exacerbando la indignación y aislando aún más un régimen que se va debilitando paulatinamente.

Pese a lo dicho, también es probable que el desafío actual siga el camino de los anteriores y no logre los objetivos planteados. Hay fuerzas internas y algunas externas muy poderosas que aún sostienen a Maduro. Retomo entonces la idea inicial: entender esta coyuntura como una larga cadena de desafíos hace ver que, aún si este fracasa, vendrán nuevos desafíos. Ya la historia latinoamericana muestra que no hay tiranía que se prolongue definitivamente en el tiempo. Esta no será la excepción.

 

Twitter: @RivasJairo