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Una publicación de la asociación SER

El covid-19: ¿catástrofe natural o antropógena?

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Hugo Luis Zea Giraldo

El año 2018, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe  en el que predecía que entre 2030 y 2050, el calentamiento global podría causar anualmente unas 250 mil muertes  por estrés térmico, desnutrición, malaria y diarrea. Sin embargo, diversos científicos y estudiosos ponen el énfasis en que tales muertes ya se estaban produciendo.

Por su parte, Kate Lyons, en un artículo publicado en julio del año pasado en el periódico The Guardian, titulado Un estudio revela que la crisis climática está ya causando muertes y retraso en el crecimiento de los niños, señala que los nefastos efectos de las extraordinariamente graves alteraciones medioambientales, en particular el calentamiento global y el cambio climático, llegan mucho más allá de las muertes producidas de manera directa por los fenómenos meteorológicos extremos. Lyons agrega que: “En el estudio [de la Universidad Monash] se manifestaba asimismo que además de las muertes directas por los fenómenos meteorológicos extremos como huracanes, inundaciones e incendios, “el efecto más profundo e insidioso” provendría de los impactos secundarios del cambio climático”[i]

El artículo tiene un párrafo de particular interés en el que se hace referencia a futuras epidemias en Australia y la región de Asia Pacífico como el dengue, chikunguña, el zika y el virus Nipah a consecuencia de la expansión de los hábitats de los mosquitos provocada por el calentamiento global: “El estudio advertía que la creciente temperatura global expandiría los hábitats de los mosquitos, exponiendo a un mayor número de personas a enfermedades incluyendo el dengue, la chikunguña y el zika, y causaría la difusión de otras enfermedades en Australia, como el virus Nipah, que se propaga por los murciélagos, y la fiebre Q, que ya es prevalente en los alrededores de Townsville.”

Resulta sumamente interesante que en un artículo publicado hace un año se considere a los murciélagos como portadores del virus Nipah. Parece una premonición, porque diversos autores han mencionado como posible causa del brote de la actual pandemia covid-19 en la ciudad china de Wuhan, precisamente a los murciélagos.

En otro artículo titulado Un experto de Harvard en medio ambiente y salud explora los posibles vínculos entre COVID-19 y el clima, escrito por Neela Banerjee, el Dr. Aaron Bernstein - pediatra y director interino del Centro para el Clima, la Salud y el Medio Ambiente Mundial de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard (Harvard CCHANGE) - manifiesta: “A decir verdad, no sabemos en relación con la COVID qué papel, si es que lo ha habido, pueden haber tenido los efectos climáticos, que ya son visibles en las especies de todo el mundo, en el riesgo de emergencia de esta enfermedad. Sabemos con certeza que tuvo que ver con un mercado en el que se mezclaban animales, murciélagos y, posiblemente, pangolines. Pero no está claro, por ejemplo, si los patrones migratorios de los murciélagos, que han sido influenciadas por el clima, han jugado un papel.”

Ignacio Ramonet, Director de Le Monde Diplomatique en español, en su  brillante artículo Ante lo desconocido...La pandemia y el sistema mundode mayo de 2020, señala al murciélago como “huésped original” del virus SARS-CoV-2 que provocó el brote del covid-19. Ramonet indica lo siguiente: “Pero existe un amplio acuerdo entre los investigadores internacionales para reconocer que este nuevo germen ha surgido del mismo modo que otros anteriormente: saltando de un animal a los seres humanos… Murciélagos, pájaros y varios mamíferos (en particular los cerdos) albergan naturalmente múltiples coronavirus. En los humanos, hay siete tipos de coronavirus conocidos que pueden infectarnos. Cuatro de ellos causan diversas variedades del resfriado común. Y otros tres, de aparición reciente, producen trastornos mucho más letales como el síndrome respiratorio agudo y grave (SARS), emergido en 2002; el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), surgido en 2012; y por último esta nueva enfermedad, la covid-19, causada por el SARS-CoV-2, cuyo primer brote se detectó, como ya dijimos, en el mercado de mariscos de Wuhan en diciembre de 2019.Este nuevo germen tendría al murciélago como ‘huésped original’ y a otro animal aún no formalmente identificado –¿el pangolín) ?–, como ‘huésped intermedio’ desde el cual, después de volverse particularmente peligroso, habría saltado a los humanos.”

Como se ve, hay indicios de que el covid-19 -con toda la destrucción humana y el daño económico que ya ha producido y seguirá produciendo (no se sabe hasta cuándo)-, está relacionada con las alteraciones medioambientales, de manera especial con el calentamiento global y el cambio climático, que tienen como causas recientes los incendios forestales, sequías, deforestación incontrolable, acelerados procesos de urbanización, etc. Todos estos factores provocan la destrucción de hábitats, con la consiguiente aproximación de los animales salvajes infectados, en este caso el murciélago, a los humanos.

Es por ello que la pandemia actual no se trataría de ningún fenómeno “natural”, sino atribuible a la actividad humana. El brote del  covid-19 es “nuestro” brote y la conversión de la epidemia en pandemia es “nuestra” conversión. Han corrido ríos de tinta sobre el coronavirus, pero muy poco se ha hablado de este asunto: no estamos ante una catástrofe “natural”, sino una catástrofe “antropógena”.

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[i] Agradezco la traducción al doctor Luis Luna