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Una publicación de la asociación SER

¿Derrota o victoria?

El día de ayer fuimos testigos de uno de los debates que marcarán la historia de la lucha por la igualdad en el siglo XXI en el país. La Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso, haciendo caso omiso a su nombre, decidió archivar el proyecto de Unión Civil de parejas del mismo sexo.

Es importante señalar que este proyecto recibió previamente la opinión favorable de cuatro instituciones clave: La Defensoría del Pueblo, el Ministerio de Justicia, el Ministerio Público y el Poder Judicial. Es decir, quienes se dedican a interpretar y garantizar el espíritu de las normas que protegen derechos fundamentales en el país creen, todas, que un proyecto como el de la Unión Civil no sólo debe ser aprobado, sino que representa un avance importante para una comunidad cuyos derechos vienen siendo restringidos.

El debate de ayer será recordado como lo son los debates previos al abolicionismo en nuestro continente. Siglos atrás -sí, siglos, en plural, pues el debate se dio en el XIX y estamos en el XXI-, los representantes de distintos parlamentos hicieron uso de argumentos religiosos y naturalistas para señalar que un hombre negro y una mujer negra no eran iguales que un hombre blanco y una mujer blanca. En el siglo XIX, algunos seguían pensando que se podía negar derechos a una persona por el color de su piel.

En pleno siglo XXI, hemos tenido que escuchar a personajes que parecen revivir el espíritu conservador del XIX. El congresista Julio Rosas llegó a decir cosas como “Si bien respetamos al homosexual como persona, no podemos aceptar la homosexualidad como tal. Son dos cosas diferentes. Esa práctica no es aceptable a la luz de la Biblia”. Sí, el legislador, en pleno siglo XXI, señala que una norma que rige la vida de personas en un Estado que se dice laico debe estar inspirada en “la luz de la Biblia”. El legislador continuó señalando que la atracción entre personas del mismo sexo “está fuera del plan de Dios, porque Dios creó hombre y mujer, y gracias a esto está reconocido por nuestra Constitución”.  Así, la Constitución Política, según el personaje, recoge el “plan de Dios” y por eso habla solamente de hombres y mujeres.

La iniciativa presentada por el congresista Carlos Bruce de unión civil de parejas del mismo sexo perdió la votación. ¿Fue una derrota? Algunos dicen que sí. Podría decirse que el proyecto puntual presentado y debatido en el Congreso perdió, como perdió el abolicionismo en varias oportunidades; como perdieron las sufragistas que reclamaban el derecho de las mujeres a votar; como perdió el indigenismo que reclamaba derechos para los indios. Todas las luchas por la igualdad han tenido derrotas, todas. Pero cada derrota estuvo precedida de una batalla memorable. Batallas que inspiraron a cientos de miles, que abrieron mentes y corazones. Debates y posiciones valientes a favor de la igualdad que hoy nos llenan de orgullo.

Los precursores, vistos como “minorías” en las luchas por la justicia, contra sistemas de opresión, no tuvieron coyunturas favorables. Pero su perseverancia y capacidad de convocatoria, de poner en evidencia lo irracional e injusto que es basarse en relaciones de poder que excluyen, discriminan y agreden a otros, y su convicción araron el terreno para el surgimiento de procesos de emancipación. 

El día de ayer también pudimos escuchar otras voces, aún minoritarias en el Congreso, pero que demostraron estar comprometidas con la lucha por la igualdad. Quedé gratamente sorprendida por la posición de Mauricio Mulder, quien, con mucha experiencia, puso en evidencia la manera sesgada con que el congresista Eguren estaba llevando el debate. Pero quiero recoger la voz de una mujer joven, Verónika Mendoza, quien, con mucho coraje, señaló “Creo que ni siquiera deberíamos debatir este proyecto en pleno siglo XXI. Al contrario, el Congreso de la República, como parte del Estado, debería pedir perdón a todas esas personas que por su orientación sexual han sido víctimas de burla, acoso y violencia, sin que el Estado haya hecho algo para evitarlo”.

Este proyecto, además de ser valorado positivamente por los operadores de justicia en el país, ha sido el factor de movilización de decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas, mujeres y hombres, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, transgénero, intersexo y heterosexuales que creemos firmemente en la necesidad de avanzar hacia la igualdad real en el país.

Hemos sido testigos de la valentía con la que la comunidad LGTBI ha enfrentado un debate cargado de homofobia. Hemos sido testigos de la reacción de conservadores que temen al cambio. Hemos sido testigos del inicio del fin de esa era. Seremos protagonistas pronto, todos y todas, de una conquista más de la igualdad. Estoy más que segura que lo avanzado en la campaña por la Unión Civil es el camino a la victoria.