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Una publicación de la asociación SER

De artesano

La artesanía es un bien único, a diferencia de la producción industrial y en serie. Es fruto del trabajo manual y paciente de quien, usando técnicas aprendidas, transforma los materiales para crear un objeto con una carga cultural comunitaria.

La reforma del transporte, salvando evidentes distancias, es comparable con este trabajo. Es un producto único, no puede implementarse como copia fiel de modelos de otras ciudades. Cuando esto se hace, la propuesta fracasa. Se debe contemplar las características del territorio en el que se desarrollará el plan, no sólo las físicas, sino las sociales y culturales.

¿Se podía en Lima sacar una licitación de corredores sin importar quiénes operarían? Sí, pero el efecto social sería devastador. Cien mil familias viven de manera directa del sistema de transporte. Si sumamos a quienes de manera periférica han hallado un sustento en el transporte (dateros, lavadores, vendedores), podemos llegar a 500 mil. Por eso, el modelo planteado por Gustavo Guerra-García en la gestión de Susana Villarán es complementar el sistema de trenes y del Metropolitano con un sistema de corredores que modernice la operación tradicional, pero que no saque a todos los operadores. Es una opción de transformación con inclusión.

Durante dos años y con esfuerzo, Guerra-García, Jara y su equipo han convencido a los operadores del transporte actual de la necesidad de dar un paso hacia la modernidad. Han dado señales claras contra el llamado “sistema comisionista afiliador”, que no era otra cosa que un esquema rentista de los dueños de las rutas, para lucrar sin gastar, pues los costos de la operación recaían en los dueños de las unidades y, peor aún, en los choferes, que debían pagar por alquilar la unidad, además de abonar otra cantidad al propietario de la ruta, por operar (como aún sigue funcionando Orión, entre otras empresas).

Se crearon consorcios que asociaron a dueños de rutas, dueños de vehículos y choferes, que pasaron a estar en una planilla formal y a tener derechos laborales. Estos consorcios son los que han concursado en la licitación de los corredores. Además de cambiar la lógica de gestión de sus empresas, están asumiendo un conjunto de costos altos para poder operar en los corredores. Han eliminado los carros menores, las combis y cousters. Han adquirido un 20% de flota nueva y han firmado un compromiso de renovación paulatina de unidades a razón de 20% al año. La flota antigua, que no supera los seis años, debe pasar por una estricta revisión técnica para saber que cuenta con los requisitos de seguridad para operar. Y deberán, en un futuro próximo, instalar un sistema de cobro con tarjetas.

Creo que el transporte público requiere de un subsidio del Estado para poder operar con calidad y confort, pero sin tenerlo,el mecanismo hallado por la MML, con pocos recursos y creatividad, podrá permitirnos cambiar del sistema de combis y accidentes cotidianos, a uno ordenado, sin altísimos costos sociales.

Es un proceso, requiere tiempo, va perfeccionándose. Como cuando un ebanista se encuentra frente a un trozo de madera. Realiza los primero cortes, pule, limpia, observa, encuentra un error, vuelve a pulir, usa un punzón más delgado y sigue con su obra, hasta que está lista.

La implementación del corredor azul ha traído problemas; muchos serios, para quienes se movilizaban de norte a centro o de sur a centro. Su cambio parece brusco, en tanto el sistema antiguo era como un tallarín, con líneas que cruzaban casi toda la ciudad (¿alguien recuerda el recorrido del Chama, por ejemplo?) y con superposición de rutas, es decir varias avenidas, cruzadas por cientos de líneas, en múltiples direcciones.

Al implementar el corredor ha ocurrido algo que sí debe ser corregido -y hasta donde tengo información, así será-: el corte de la movilidad cotidiana al trabajo o al centro de estudio. Lo que antes se hacía en un solo viaje, ahora requiere dos o hasta tres. Sería absurdo señalar que esto terminará, pues el traspaso de rutas es algo a lo que debemos acostumbrarnos, pero debe ser dentro de un mismo sistema, con información clara, sin elevar mucho los costos de movilidad y en entornos urbanos seguros. Los problemas por el corte de rutas serán superados con la implementación de las rutas de alimentación que empezarán pronto a operar. Estas rutas, además, irán ampliándose como ocurrió con El Metropolitano, que pasaron de cinco a 22.

Este proceso está alterado por el contexto electoral. La crítica es sana, pero su exacerbación hasta el punto de pedir la eliminación de la reforma es peligrosa. El sistema tradicional de transporte genera 50 mil accidentes al año y 500 muertes en promedio. Esa situación no puede continuar. Debemos todos, todas, poner de nuestra parte para que este nuevo sistema funcione. Y la autoridad debe oír a los ciudadanos, por más alterados que estén, para buscar corregir errores y mejorar el servicio.