Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Cusco y su Agenda de Desarrollo

La región del Cusco forma parte del antes denominado trapecio andino, ahora sur andino, que siendo a la vez capital, ancestral y cosmopolita, inca, indígena y chola, ha determinado en parte un resultado electoral incómodo y demandante de un cambio, en la primera vuelta de las elecciones generales, que ha liderado el Frente Amplio, con el carisma de Verónika Mendoza, que nació en Andahuaylillas y se identifica con la problemática de su región. Cusco fue la capital histórica del Tahuantinsuyo, y a través de la historia ha estado más ligada a la actividad intelectual de Buenos Aires, que a Lima. Forma parte de ese sector descontento que con su voto ha demostrado no estar totalmente de acuerdo con el modelo y las políticas de desarrollo -pese a quien le pese- y demanda no solamente el acceso a servicios, sino profundas reformas institucionales y normativas, de articulación con el Estado.

Más allá de las variadas interpretaciones de los resultados electorales, es necesario remontarnos a la historia para preguntarnos ¿cómo ha cambiado la agenda de desarrollo en la región? y ¿cuál es la actual agenda de desarrollo? Así como también quiénes, con qué percepciones y de qué manera sientan las bases de su planificación.

Nos situamos en la primera mitad del siglo XX, cuando la principal problemática de la región estuvo centrada en la situación del indio, en sus dos vertientes: la social de Uriel García, y su nuevo indio; y la ancestral monumental, que la representó Luis E Valcárcel. Luego con el debate sobre la propiedad de la tierra y la condición de los indígenas en las haciendas, los indigenistas visibilizaron y enfrentaron la problemática. Desde la academia se da la reforma universitaria de Albert Giesecke, la primera gran transformación que representó el debate sobre el desarrollo, que tuvo como eje de discusión la realidad de la región.

Otro período importante es el de la toma de tierras en La Convención, a cargo de Hugo Blanco, quien luego de su formación política en Buenos Aires, lidera la lucha campesina. Fue el movimiento campesino el que gracias a la lucha por la tierra que derivo en la Reforma Agraria, tuvo gran impacto en la política nacional, cuestionando el desigual sistema de hacienda y de la república aristocrática. También se articuló el movimiento obrero, junto a los frentes sindicales y luego a los gremios de trabajadores. Luego llegan los años ochenta con la violencia interna que golpeó al movimiento social y con ello la movilización como respuesta al resquebrajamiento del tejido social.

En la agenda de los movimientos sociales, recientemente, se han dado movilizaciones por el patrimonio mostrando el enorme potencial del turismo como actividad económica importante para la región. El movimiento social articulado al intelectual en los años 90, puso en relieve los temas sociales, culturales y patrimoniales. El recuento deja una reflexión acerca de cómo los grandes proyectos políticos se están reformulando, así como la necesidad de enlazar movimientos sociales con corrientes de pensamiento crítico, de debate, análisis y propuesta, articuladas a la academia, ONG e instituciones, cuyos vínculos y sinergias se deben fortalecer.

En lo que se refiere a las demandas campesinas y rurales en la actualidad, está en disputa el tema del agua, el acceso a los recursos naturales y el ordenamiento territorial, ya que estos espacios comunales compiten por los recursos con las empresas y con el mismo Estado, demandando equidad en el acceso; lo que se complejiza por la superposición de sus derechos sobre los recursos del subsuelo. También están postergados temas considerados como prioritarios como la definición de los espacios públicos y de recreación dentro de la ciudad, la limpieza, el transporte, y la regulación urbana tanto en el centro histórico como en todas las ciudades de la región.

Para la planificación del desarrollo, en el Plan de Desarrollo Concertado al 2021 en la región Cusco se realizaron asambleas y talleres con la participación de actores y representantes de organizaciones e instituciones. Sus lineamientos establecen:  

“[…] fortalecer el desarrollo integral considerando las cuatro dimensiones Capital Humano, Económico Productivo, el Ambiental y Social, el mismo que se halla articulado a los ejes estratégicos (Condiciones de Vida y Factor Humano, Actividad Turística, Minera, Energética, Agropecuaria, Valor Agregado, Electrificación y Comunicación, Gestión de Recursos Naturales y del Ambiente e Institucionalidad Regional) integrador de nuestro departamento –territorial- que construya una región articulada al mundo”. (p. 10)[2]

Asimismo han realizado una priorización de líneas de trabajo para acordar con futuras autoridades que han denominado “Acuerdo por Cusco 2015-2018: por un desarrollo inclusivo y sostenible”, en el 2014, que se renueva cada cuatro años. Así, a través del Grupo impulsor por la descentralización y la Mesa para la lucha contra la pobreza, se promovió el diálogo y la concertación, priorizando aspectos sociales fundamentales, como la equidad de género y la interculturalidad. Estos temas fueron aprobados por Ordenanza Regional y forman parte de la agenda política. Allí se priorizan la construcción del Aeropuerto Internacional y la implementación del Gaseoducto Sur Andino, como soporte de la industrialización y la economía de la región, cuyo origen está en la selva, y que fue incorporado al debate electoral por algunos candidatos, que propusieron la renegociación de los contratos.

El Acuerdo contiene dimensiones o ejes: Social, Económico, Institucionalidad, Territorio, ambiente y cambio climático, Cultura y Patrimonio. Se han realizado líneas de base, y se han construido indicadores. El instrumento está dado, representa una contraparte de temas urgentes para el Plan de Desarrollo Concertado. Sin embargo, la pregunta es qué pasará después, cómo se comunica a la sociedad civil la necesidad de vigilancia para hacer cumplir el compromiso real que pone énfasis en lo social y cómo se articula mejor con aspectos productivos poco abordados como el de la priorización para el gobierno regional del sector minero-energético y su articulación con una propuesta de desarrollo sostenible, de diversificación y/o de reinversión productiva.

Es importante además saber en qué medida lo establecido corresponde a la demanda social, y si la ciudadanía conoce los acuerdos de la Agenda. La academia tampoco puede estar ajena a la necesidad de investigación y debate de prioridades para el desarrollo de la región, su producción debe estar orientada a contribuir con la definición de los lineamientos de las políticas de desarrollo y no conformarse únicamente con los beneficios del canon. Es necesario comprometer a las autoridades a una mejor articulación de la agenda regional asegurando la voluntad política, pero de manera articulada también ligar a las universidades, las ONG y el movimiento social para juntos encontrar alternativas viables o de lo contrario construir un camino propio.     

 


[1] Mi agradecimiento a los participantes del curso Análisis y Aplicación de Enfoques de Desarrollo, realizado en Cusco, como parte del Diplomado Gestión para el Cambio y Desarrollo Territorial, Escuela para el Desarrollo, Univ. Ruiz de Montoya, PROFADEL, COINCIDE, DESCO y CIPCA, sin cuyas opiniones no hubiera sido posible escribir esta columna.

[2] Plan de Desarrollo Concertado, CUSCO al 2021. Región Cusco 2002.