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Una publicación de la asociación SER
Antropóloga, docente de la UNMSM

Cuatro claves para entender América Latina

Extractivismo, progresismo y pensamiento crítico latinoamericano

La semana antepasada Maristella Svampa, socióloga e investigadora argentina, visitó la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con ocasión del aniversario de la Facultad de Ciencias Sociales. Ella situó como punto de partida del análisis del ciclo progresista la contradicción entre capital y naturaleza, es decir, que la finalidad de la acumulación del capital no es compatible con el cuidado de la naturaleza. Su análisis se inscribe en una perspectiva crítica latinoamericana; de la cual Arturo Escobar, al igual que Lander, Quijano y la propia Svampa forman parte, senda en la que caminan de la mano intelectuales y activistas.

Gudynas, Svampa, Alimonda, Martínez-Allier y otros enfatizan el carácter histórico de los conflictos ecológicos territoriales siguiendo diferentes líneas de análisis de la ecología política y de la relación entre modernidad, colonialidad, economía ecológica, historia ambiental y las categorías relacionadas al desarrollo de la historia de los pueblos y comunidades de las Américas. Analizan la minería, el petróleo, la expansión de los cultivos de soya, de las fábricas de papel, de los megaproyectos energéticos y de desarrollo, así como de otras actividades de extracción que han determinado los ciclos económicos.

Los análisis se enmarcan en momentos políticos de la historia de los países latinoamericanos y de su devenir, así como en las transformaciones de la entrada del modelo a partir de los años 90. La profundización del modelo impactó los gobiernos progresistas con una fractura en la relación con sus pueblos y los sectores excluidos que sirven para leer la situación actual en América Latina. Svampa plantea además cuatro claves para leer la situación en la región que sirven para analizar nuestro propio proceso:

I) El avance de luchas indígenas y la reflexión del lugar de los pueblos originarios en el marco del Estado-nación, que considera -a partir de los años 90- una segunda emergencia del movimiento indígena en la búsqueda de reconocimiento de derechos colectivos y territoriales, con el Convenio 169 de la OIT y la declaración de los Derechos Universales de los Pueblos Indígenas. Se trata no solamente de los derechos culturales, sino también de la autodeterminación de los pueblos originarios en sus territorios, el reconocimiento de la justicia comunitaria y otras formas de organización propia y de control de sus recursos. Frente al avance de los proyectos extractivos, se reivindica el derecho de consulta previa e informada. Svampa subraya la definición de conflictos socioterritoriales como disputas por el territorio, por sus transformaciones y apropiaciones, las que caracteriza también como despojo.

II) La expansión de los modelos extractivistas y el retorno de la visión hegemónica del desarrollo, también representan la Ilusión desarrollista, encarnada en la leyenda del Dorado como la búsqueda del desarrollo y la promesa de abundancia. Enfatiza la discusión planteada sobre la reprimarización de la economía y el intercambio desigual que vuelve a la discusión remontándose a la teoría de la dependencia y los desarrollismos de la CEPAL de Raul Prebish y Celso Furtado.

III) La dimensión geopolítica, los esquemas de dependencia de las economías y de geografías del consumo, con la megaminería y la mega explotación de recursos y sus impactos en los ecosistemas y las poblaciones. Con ello la relación centro-periferia y neodependentista en la configuración de una geografía de la producción y otra del consumo. En el proceso hay una disputa entre EEUU y China, que coloca a la segunda como nación hegemónica y gran importador de materias primas, mientras que sitúa a América Latina en el cuarto lugar de producción.

IV) El regreso de los populismos. Al respecto señala que el populismo es particular de América Latina y que oscila entre elementos democráticos y autoritarios. Ella agrega que se perdió la confianza en estos regímenes porque acentuaron los esquemas hiperpresidencialistas y la mayor concentración del poder económico que implica un control tutelado de las masas, como en los casos de Evo Morales y Rafael Correa. A su vez diferenció entre los populismos plebeyos de Venezuela y Bolivia frente a los populismos no antielitistas como en Argentina que luego tendieron a la derechización.  

En 1999 asciende al poder Hugo Chávez y luego emergen sus pares en Ecuador, Uruguay, Bolivia. Del 2000 al 2016 se da un cambio de época porque emergen los gobiernos progresistas, que si bien era la oportunidad de un regionalismo desafiante como bloque, se cae con la conformación de un UNASUR de baja intensidad. Estos regímenes no conservan su autoidentificación con la izquierda sino son denominados como progresistas por su orientación al cambio social, algunos ligados a procesos constituyentes como Ecuador y Bolivia, otros a sus propios procesos como en Argentina y Brasil. Entre el 2001 y 2012, según la CEPAL, en toda América Latina hubo una reducción de la pobreza. Todos los gobiernos introdujeron políticas de transferencia condicionada en los programas sociales. Este crecimiento económico está ligado al precio de los commodities que arranca en el año 2003 y que constituye la ventaja comparativa de la venta de materias primas.

Hubo una profundización del modelo, que con su crecimiento va postergando el debate sobre alternativas de desarrollo, pero que originó conflictos socioambientales y territoriales. Los movimientos sociales de comunidades y policlasistas intentan pensar otro tipo de relación entre naturaleza y capital. A la vez se relacionan con las nuevas constituciones políticas en Ecuador, Venezuela y Bolivia. Para Svampa, lo oculto e invisibilizado es el proceso de desposesión de tierras y de territorios que va acompañado de atropellos a los derechos.

Finalmente, plantea que es necesario hacer un balance de los quince años del ciclo progresista que ya concluyó. Las promesas incumplidas y críticas de los procesos de los gobiernos progresistas se resumen en tres: eco-territorial, socio-económica y político-institucional. El ciclo implica mayor dependencia económica y no soluciona los conflictos que se vuelven visibles y emblemáticos. Su conclusión es que más extractivismo determina menos democracia, criminalización de la protesta e invisibilización del derecho de la naturaleza, el buen vivir, la justicia ambiental o el cuidado de los comunes que planteaban los movimientos sociales. ¿Qué resultados tuvo? Según afirma, ninguno de estos gobiernos considerados progresistas produjo una transformación de la matriz productiva ni reforma tributaria, ni fiscal. En su lugar se ha profundizado la reprimarización de las economías y los extractivismos con la consigna que a mayor producción será posible competir con los países desarrollados.