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Una publicación de la asociación SER

Contra el negacionismo (II) : Cómo se esconde la impunidad

Nadie en su sano juicio podría cuestionar la idea de rendir homenajes a militares y policías que combatieron al terrorismo en las dos últimas décadas del siglo pasado. Esto debiera ocurrir no solo una, sino muchas veces. Su aporte a la recuperación de la paz se ha ganado el derecho de formar parte de nuestra memoria.

Pese a lo que dicen mentirosamente sus críticos, este reconocimiento se encuentra en el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), lo cual solo hace eco de un sentimiento bastante extendido entre la población peruana. Cito las dos conclusiones donde se menciona explícitamente este reconocimiento:

39. La CVR señala que las fuerzas policiales tenían el deber de enfrentar a los grupos subversivos que vulneraban los derechos fundamentales de los ciudadanos y reconoce la esforzada y sacrificada labor que sus miembros realizaron durante los años de violencia. Asimismo, rinde su más sentido homenaje al más de un millar de valerosos miembros de las fuerzas del orden que perdieron la vida o quedaron discapacitados en cumplimiento de su deber.

53. La CVR reconoce la esforzada y sacrificada labor que los miembros de las fuerzas armadas realizaron durante los años de violencia y rinde su más sentido homenaje a los más de un millar de valerosos agentes militares que perdieron la vida o quedaron discapacitados en cumplimiento de su deber.

Ahora bien, esta buena idea se desvirtúa cuando es empleada por quienes impulsan un discurso negacionista, pues su intención no tiene nada que ver con el justo reconocimiento antes expresado, sino con fines nada altruistas. Formulo dos críticas a ese discurso.

La primera es que su intención más o menos explícita es presentar a las fuerzas del orden como los únicos artífices de la derrota de la subversión y, por ende, de la pacificación del país. En ese relato no hay lugar para las autodefensas campesinas, para las iglesias y sus miembros, para numerosas autoridades civiles y comunales, menos para ciudadanos de a pie, que se enfrentaron a Sendero Luminoso o al MRTA con las armas, con las ideas o en los espacios donde estos grupos intentaron imponerse a sangre y fuego (la organización barrial, la universidad, la comunidad campesina y un largo etcétera). No hay lugar para el heroísmo o la resistencia civil en ese relato, salvo que esté subordinada a la acción militar, y ello, cuando menos, es una tergiversación grosera de la historia. El “parque de la reconciliación” que impulsa el Presidente del Congreso Luis Galarreta y el alcalde de Lima Luis Castañeda es solo una muestra más de lo que explico en este párrafo.

La segunda crítica apunta a un elemento más complejo: el discurso negacionista intenta imponer la idea de que todos los militares y policías fueron héroes. Es un discurso sin fisuras, monolítico, que no admite cuestionamientos, que apenas reconoce la existencia de “excesos aislados” (idea que cuestioné en una columna anterior). Y aquí es donde se revela la manipulación del discurso, pues detrás del heroísmo realmente existente, los negacionistas camuflan a los responsables de graves crímenes contra los derechos humanos cometidos en el contexto de la lucha contrasubversiva.

Desde luego, no han sido las autoridades militares (tampoco las políticas) las que se han encargado de identificar a esos “malos elementos” y ponerlos a disposición de las autoridades correspondientes. Antes bien, han sido persistentes en obstaculizar todo intento de las víctimas de encontrar verdad y justicia frente a estos hechos. Es decir, ni solidaridad con las víctimas ni compromiso real con la justicia. En mi opinión, ello revela que detrás de ese discurso solo se esconde un interés: la impunidad. El reconocimiento justo es una idea que nos debe convocar a todos, pero ¿alguien en su sano juicio puede comulgar con la idea de la impunidad?

Develadas sus reales intenciones, queda claro que estas afirmaciones con pretensión de verdad no nos ayudan a comprender este período doloroso de nuestra historia reciente. Necesitamos miradas que puedan abarcar la complejidad de lo vivido, y ello no se encuentra en el discurso negacionista que intenta apropiarse – por ahora sin éxito – de la memoria colectiva en nuestro país. Hay que salirle al frente todas las veces que sea necesario.

Twitter: @RivasJairo