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Una publicación de la asociación SER

Confrontación sin diálogo

Si en los próximos días no se produce un giro en las estrategias del gobierno y de quienes se oponen al proyecto Conga en Cajamarca,  es muy probable que el conflicto que se desarrolla en esa región desemboque en una confrontación en la que ninguno de los actores involucrados, ni el país, obtendrá dividendos.

El gobierno ha profundizado su estrategia de confrontación con las poblaciones involucradas en protestas relacionadas a la actividad minera y  enfoca su atención en golpear a los líderes y autoridades locales. Su política ante los conflictos sociales es cada vez más parecida a la de los gobiernos anteriores y corre el riesgo de  que en el futuro sea recordada como la más inflexible.

Ollanta Humala ha optado por una vía que lo distancia del electorado que lo llevó a pasar a la segunda vuelta. Cusco fue la región en la que el nacionalismo obtuvo una votación que ninguna otra fuerza política alcanzó anteriormente.  En Cajamarca los que hoy protestan contra el gobierno fueron los que respaldaron a Humala en el momento que desde la derecha y los medios lo atacaban. Por si fuera poco, el frágil Partido Nacionalista (PNP) es atravesado por renuncias de quienes opinan que éste no es el gobierno que esperaban. El caso más visible es el de la congresista Mendoza y es probable que congresistas que sinceramente apoyaron en el pasado las protestas indígenas o la oposición a proyectos mineros como el de Majaz en Piura, se hallen en una posición muy difícil.

El líder del nacionalismo horada su base social, se aleja de sus simpatizantes y refuerza su círculo formado por militares retirados, pero ese respaldo es insuficiente para gobernar,  más aún si tiene expectativas de que su agrupación continúe en el gobierno en 2016. Ahora el fujimorismo y Alan García apoyan al gobierno, pero sería ingenuo pensar que, el electorado que vota por ellos  votará por el candidato o la candidata  del PNP.

Por su lado Gregorio Santos ha planteado la vacancia de Humala, cuestionando en la práctica la legitimidad del gobierno al que, a la vez, demanda cancele el proyecto Conga. Declaraciones como ésta colaboran con la estrategia gubernamental-empresarial que busca aislar a los críticos de ese proyecto del resto de Cajamarca y del país, y que persigue en el mediano plazo colocar en el gobierno regional a Luis Guerrero o a Absalón Vásquez que apoyan incondicionalmente la actividad minera.

La protesta cajamarquina se ha encerrado en un discurso de cuestionamiento al desempeño de Yanacocha y a los impactos negativos de Conga, cuando es necesario dar muestras a los escépticos y críticos de en qué consiste la apuesta por el desarrollo de esa región, basado en la actividad agropecuaria, el turismo, y la manera como la minería puede colaborar para que esto sea posible.  Esta debilidad le da armas a quienes quieren caricaturizar las razones de la protesta y alientan el uso de la fuerza.

En los próximos días se juega el futuro escenario en el que se desenvolverán los conflictos vinculados a la actividad minera, ¿predominará la confrontación o se avanzará en el fortalecimiento de una institucionalidad que permita procesarlos de manera pacífica?

Del mismo modo, se juega el futuro de mediano plazo de las fuerzas de izquierda. ¿Ganará la campaña que quiere identificarlas como violentistas e intransigentes o será una oportunidad para hacer conocidas sus propuestas de cambio en favor de las mayorías?