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Una publicación de la asociación SER

Cómo votar bien en las elecciones regionales y municipales y no morir en el intento

El domingo 7 de octubre, dentro de cuatro meses, un poquito más que ciento vente días, se celebrarán elecciones municipales y regionales en el país. Elegiremos gobernadores y consejeros regionales y alcaldes y regidores en veinticuatro departamentos más la provincia del Callao (única que, por obra y gracia del populismo congresal, tiene un gobierno “regional”), ciento noventa y seis provincias y mil ochocientos setenta y cuatro distritos. Una pléyade de autoridades que, según la Constitución y las normas que rigen su accionar, han de preocuparse por el desarrollo del territorio y el bienestar de la población.

El ordenamiento territorial, el cuidado del ambiente, la promoción del desarrollo económico, las condiciones de vida, la salud, la educación, entre otras, han de ser sus principales preocupaciones. Para acometer estas tareas y responsabilidades, han visto incrementadas sus atribuciones y sus recursos económicos. En 1980, cuando se inició este ciclo de elección de autoridades municipales, en el segundo gobierno belaundista, las municipalidades apenas manejaban el 0.65 % del presupuesto general de la República, es decir, ni siquiera uno de cada cien soles que gastaba el estado en su conjunto. Hoy entre las municipalidades y los gobiernos regionales son responsables de casi el 25 %.

Si pudiera hacerse un parangón con el desarrollo de una persona se diría que hoy los gobiernos regionales -con tener poco menos de treinta años de vigencia, si se considera los constituidos en la segunda mitad de la década de los ochenta al amparo de la Constitución de 1979- son como personas adultas a las cuales ya se les puede exigir que cumplan “con todas las de ley” sus deberes y responsabilidades. Con ellos la exigencia debe ser al cien por ciento en todo sentido. Muchas municipalidades provinciales y distritales, sobre todo urbanas, también podrían ser consideradas en este nivel pues gobiernan sobre una población bastante numerosa, han constituido una cierta (y en casos muy consistente) institucionalidad y manejan altos montos presupuestales.

Al lado de ellas podemos encontrar municipalidades que llamaríamos adolescentes -en tránsito a la adultez- y, finalmente, centenas de municipalidades distritales pequeñas desde todo punto de vista, casi mínimas se diría.

No obstante la importancia crucial que revisten hoy los gobiernos regionales y municipales, estas elecciones están pasando desapercibidas según se puede colegir del poco espacio que se les brinda en los noticiarios y en los diarios de circulación nacional y de la poca o nula preocupación que muestran las autoridades nacionales, los dirigentes partidarios y los líderes políticos y de opinión.

Ante esta -aparente o real- desidia de las élites del país ¿cómo votar bien y no perecer en el intento?

1. ¡Ciudadano, ciudadana, despierta y participa!

Mucho de nuestra vida cotidiana depende de las municipalidades: la limpieza de la ciudad, el recojo de la basura, el transporte nuestro de cada día y las horas que perderemos (o ganaremos) por el pésimo (o buen servicio), las áreas verdes y los espacios de recreación para niños y adolescentes, la seguridad vecinal, la educación cívica, etc.

Otros aspectos dependen de los gobiernos regionales: la adecuada y oportuna zonificación del territorio para impulsar el desarrollo y prevenir futuros conflictos, la infraestructura vial departamental e interprovincial tan importante en este país de geografía tan difícil y abrupta y la conexión con la red nacional e internacional, la protección de los bosques y áreas naturales de alto valor, la defensa y el respeto al derecho a la tierra y al territorio de las comunidades campesinas y nativas, la calidad de la educación y de los servicios de salud, la nutrición de los niños, la promoción de la cultura regional y de las identidades colectivas, la pluriculturalidad.

2. ¿Cuánto te cuesta cuánto te vale? Mira el costo de la campaña.

Sabemos bien que uno de los principales problemas que atraviesa la administración pública en general y los gobiernos regionales y municipales con particular agudeza es el de la corrupción, que ya parece una pandemia.

Por ello vale la pena detenerse a analizar el despliegue de recursos económicos de los candidatos y preguntarse de dónde sale tanto dinero. Y si es dinero suyo, ¿por qué tendría interés en invertirlo?

Si tanto dinero se invierte de algún lugar tiene que salir. Más aun cuando en estos tiempos los candidatos mayormente no pertenecen a partidos u organizaciones políticas, sino que se representan a ellos mismos, organizan su grupo, se ofrecen a un partido necesitado de candidatos o alquilan una franquicia. Entonces, tiene que invertir no un dinero que pertenezca a una organización política, sino a él mismo, a sus amigos y/o colaboradores. Como consecuencia, quedará atado y sujeto, y cuánto más invierta más fuertes serán esas ataduras y lazos.  El candidato, si acaso llegara a ganar, entrará condicionado, sujeto a intereses de grupos o de individuos y se verá obligado a responder ante ellos antes que ante la colectividad.

Ese dinero tiene que ser recuperado o devuelto en favores, prebendas, licitaciones, concursos y obras públicas.

Sospecha, pues, del candidato que mucha plata invierte.

3. Estudia las listas

Mira con atención y escudriña las listas de candidatos y candidatas. Ellos están postulando a un puesto y depende de ti dárselo o no. Tú eres su empleador. No solo porque tú decides a quién se le otorgará, sino porque su salario, remuneración o dieta viene de los pagos que haces sea directamente a la municipalidad o al gobierno regional o, indirectamente, cuando pagas al gobierno central y éste envía transferencias al regional o a la municipalidad.

Entonces, antes de dar tu voto, pregunta, averigua la trayectoria de los candidatos. ¿Los conoces? ¿Son gente honesta? ¿Son capaces? ¿Son fuertes? ¿Han desempeñado o desempeñan actualmente alguna responsabilidad social en su organización, en su gremio, en su comunidad? ¿Fueron fieles en ese desempeño? No olvides que quien es fiel en lo poco será fiel en lo mucho. Pero el que ha sido infiel en lo poco lo más probable es que sea infiel en lo mucho. Los candidatos a consejeros o regidores ¿serán capaces de fiscalizar la labor del gobernador, de la gobernadora, del alcalde o de la alcaldesa? O, por el contrario, ¿están puestos allí como comparsa y chicheñó? ¿O porque han aportado dinero para la campaña? Los puestos en la lista ¿han sido distribuidos por orden según la capacidad o representatividad de la persona o según el monto de dinero que cada uno ha aportado?

Hoy es más necesario que antes porque las listas traen sorpresas como se ve hoy en el Congreso en que podemos encontrar parlamentarios acusados de todo tipo de delito, desde el más burdo como falsificar un certificado de estudios de primaria o de secundaria hasta la sofisticación del lavado de activos y/o el narcotráfico.

Escudriña bien, mira bien también el entorno del candidato, de quiénes se rodea (y con quiénes se codea), quiénes son su círculo más cercano, sus favoritos, con quiénes anda, quiénes elaboran o con quiénes elabora su plan de gobierno. Dime con quién andas y te diré quién eres.

4. Mira sus propuestas

Finalmente, mira su plan de gobierno. Hoy la ley obliga a los postulantes a presentar un plan de gobierno y la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) los publica. Además, durante la campaña los candidatos suelen difundir propuestas, promesas, ofertas, compromisos. Todos estos planteamientos tienen que ser analizados concienzudamente no para ver cuán bonito suenan, si responden a mis gustos o aficiones, sino bajo dos criterios que parecen básicos: su pertinencia y su factibilidad.

¿Cuáles son las principales propuestas del candidato o candidata? Dos o tres. No más. Si te propone cinco cosas debes saber ya que o no sabe qué hacer o no cumplirá nada. Esas propuestas ¿son adecuadas, pertinentes para el desarrollo de la región, provincia o distrito? ¿Cómo contribuirán a su avance? ¿Cómo contribuirán al bienestar de la población? En segundo lugar hay que preguntar si son factibles. ¿Cuánto cuesta cada propuesta, en cuánto tiempo se puede llevar adelante, existe el dinero para ejecutarlas o de dónde saldrá?

Estas y otras interrogantes y reflexiones vale la pena que nos planteemos en este tiempo de elecciones. Y aunque tengamos el mundial de fútbol que nos jala con tanta fuerza y nos tendrá prendidos del televisor mañana, tarde y noche, démonos un tiemp(it)o para pensar en nuestra región, en nuestra ciudad, en nuestro lugar. Hay tantos pillos que acechan como lobos buscando qué devorar.

Por último, pero de importancia primordial, no votes por ninguno que sea pariente del alcalde, alcaldesa, gobernador o gobernadora regional en ejercicio porque ésa en una reelección encubierta.

De tu voto depende mucho del futuro de tu región, provincia o distrito.

 

31 de mayo de 2018