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Una publicación de la asociación SER

Cleptocracia y corrupción sostenible

Durante los últimos meses, las noticias nacionales nos han ofrecido una dieta continua de mafias y redes de corrupción en la administración pública, a una escala que revela que definitivamente vivimos en una cleptocracia –gobierno de ladrones–. Ya robar y corromper son actividades tan normales en todas las dimensiones de la vida pública, que apenas sorprende que un buen número de los candidatos que se presentaron a las últimas elecciones haya cometido delitos de corrupción y estafa. Tan poco sorprende, que hay un ambiente, entre el público en general, de cinismo cansado que dice: “No importa si roba, con tal que haga obra”. Pero, en este contexto, ¿hasta dónde puede la sociedad funcionar y desarrollarse social y económicamente? ¿Hay un nivel de corrupción que podríamos llamar corrupción sostenible?

En este ambiente, me parece lógico que miremos con suma desconfianza el futuro de nuestra región. Se ha pintado por doquier el slogan Agua sí, mina no, pero, en la práctica, en este momento lo que tenemos es Mina no y agua tampoco. ¿Qué proyecto viable hay para asegurar que tanto el campo como la ciudad tengan agua? ¿Cuáles son los proyectos de desarrollo económico con que todos podemos estar de acuerdo? Porque si bien es cierto que una mayoría ha votado para que Conga no vaya, algo tiene que marchar. Caso contrario, no solo seremos una de las regiones más pobres del país, sino una de las recontra pobres. ¿Hay la posibilidad de diversificar la agricultura para que ofrezca una alternativa viable para nuestra economía regional? Se habla de aumentar el turismo, pero en este momento, ¿quién quisiera visitar esta ciudad caótica, bastante insegura y con una expansión urbanística que parece ser una buena candidata para los Records Guinness en la categoría “Arquitectura más fea”? Además, ¿con qué dinero se limpiarán las paredes de la ciudad y la campiña de toda la propaganda política que actualmente las desfiguran? Se debe haber gastado mucho en la obra de así contaminar el ambiente. Entonces, ahora, ¿se va a sacar dinero del tesoro público para hacer la limpieza? ¿O se va a dejar que el tiempo nos haga el favor de realizarla? Seguramente, todos los candidatos que han contaminado a diestra y siniestra dirán piadosamente que quieren defender la sana ecología y que están en contra de la contaminación ambiental, pero la campaña electoral misma ha demostrado que esta postura es simplemente una mentira.

Admito que pinto un cuadro socio-político poco optimista, e invoco a las nuevas autoridades civiles a dialogar y trabajar juntas para buscar soluciones a los problemas socio-económicos de Cajamarca, que sean ecológicamente sostenibles y que nos saquen de la posición de pobreza que actualmente ocupamos.