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Una publicación de la asociación SER

Candidazos: una guía para electores ocupados

Mientras nos distraemos con el Mundial de Fútbol, ha sido cerrada la inscripción de candidatos para las Elecciones Regionales y Municipales de octubre. Se calcula que los 23 partidos y 179 movimientos regionales han presentado alrededor de 120 mil candidatos para los 25 gobiernos regionales, 196 municipalidades provinciales y 1,678 distritos. Un proceso complejísimo, tomando en cuenta que la crisis del sistema de partidos impide que la oferta que presentan a los ciudadanos, supere el promedio del pasado. A lo mejor, el proceso de la clasificación y de la confrontación con los mejores del mundo, despierta en la ciudadanía un afán de mejora que los lleve a escoger bien. Aquí, modestamente se ofrece una clasificación de candidatos, con pretensión de guía para electores ocupados.

Los improvisados: son la mayoría, es decir, ni tienen experiencia municipal ni de ninguna oficina pública, ni han dirigido nunca nada. No tienen idea de lo que es una transferencia presupuestal, las bases de un concurso o qué significan las siglas CCLD. Ni siquiera saben que existe la Ley de Procedimiento Administrativo General. Nadie se explica qué los mueve a presentarse, cuando es muy probable que no saquen ni para el té y hagan el ridículo. A lo mejor, un vivo les enseñó una encuesta “bamba” en la que su nombre aparecía, e hizo lo mismo con un grupo de entusiastas que se comprometieron financiar su campaña y a un par de asesores sabelotodo. El trabajo posterior lo hizo su ego y el espejo, su imaginación desaforada y su mediocridad.

Los familiares: ahora que la reelección ha quedado prohibida, muchos alcaldes han delegado en sus esposas, hijos, hermanos y primos la antorcha del esfuerzo desinteresado por el progreso de su distrito, su provincia y su región. Es falso que se quieran cubrir las espaldas de futuras investigaciones. No qué va, los impulsa dar continuidad a los planes y programas, garantizar la gobernabilidad y evitar sobresaltos que retraigan la inversión. Hay familias designadas por Dios para servir a su pueblo, no hay caso. ¿Por qué no se van a Corea del Norte?

Los municipalistas: son una minoría, pero levantan su experiencia de regidores, gerentes o empleados de una municipalidad, como garantía de gobierno eficaz, de múltiples obras, de “seguridad” ciudadana, de tránsito rápido, de licencias inmediatas, de rebaja de arbitrios. Son los que miran por encima del hombro a los demás candidatos. Pero vaya uno a saber si hizo algo durante el desempeño de su cargo y si ese algo fue positivo o cambió en algo la inercia de la administración municipal. Porque el papel aguanta todo. 

Los tránsfugas: son políticos fracasados pero con una increíble capacidad de reciclarse, gracias a varios periodistas y encuestadores amigos. Su capacidad de servicio al pueblo está fuera de toda duda, de tal manera que sin asco, les pueden pedir cobijo en su partido a sus duros adversarios de ayer. Y éstos, viendo a su malimuerto cascarón sin posibilidades, prefieren sumar al malo conocido que al bueno por conocer, para “seguir teniendo vigencia”. Verbo envolvente, experiencia en la tele, detractores. Todo puede sumar en un mundo de electores ciegos y mudos, ocupados en trabajar duro y ver el fútbol para descansar.

Los corruptos: son una minoría casi indetectable; a menos que los sabuesos de los Jurados Electorales Especiales les echen el guante. Los más peligrosos son los que tienen experiencia en la administración pública, porque probablemente están graduados en las malas mañas para desviar fondos públicos a las cuentas bancarias de sus amigos y familiares. El problema es que los JEE tienen poquísimo tiempo y personal para revisar los expedientes de esos miles de candidatos. Los reformadores debieran proponer cambios en la ley para reforzar el trabajo de fiscalización. En este delicado terreno, los mismos ciudadanos responsables y conocedores pueden ayudar a la prensa y a los jueces electorales a denunciarlos y cerrarles el paso.

Escojan queridos electores. (Aunque votar en blanco o anular el voto también es una opción legítima y contemplada en la ley).