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Una publicación de la asociación SER

Cambio climático vs país megadiverso

Cada día es más familiar escuchar sobre del cambio climático y sus consecuencias. Escuchamos diariamente sobre los ‘desastres’ naturales – heladas, huaycos, entro otros – que inciden con mayor fuerza por efecto de esta variación climática; nos exhortan a protegernos de la incidencia de los rayos solares; se debate respecto a quiénes son los responsables de estos fenómenos. Además, ya no sólo lo escuchamos, sino que sentimos diariamente estas variaciones: los veranos se alargan, los regímenes de lluvias ya no son estables, hace más calor (el sol ‘quema’ más, decimos). Todo este panorama tiene repercusiones tanto a nivel individual como colectivo: afectaciones a la salud, disminución de la producción agrícola, entre otras.

Este año en especial, el tema estará en el centro de nuestros debates, dado que seremos la sede de la edición 20 de la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (COP, por sus siglas en inglés), reunión mundial que aspira a sentar las bases para que en la siguiente edición de la misma en Francia, el 2015, se logre aprobar un nuevo acuerdo que reemplace al de Kyoto y que realmente nos délas herramientas para afrontar el cambio climático.

En este contexto reiteradamente nos dicen frases como: “Perú es el tercer país más vulnerable frente al cambio climático”(1). Y es que el Perú, siendo un país megadiverso, gracias a lo cual somos ricos en climas y recursos naturales, tiene  una potencialidad que frente al cambio climático nos posiciona como un país frágil y vulnerable.

Pero, ¿qué hay detrás de esta afirmación? ¿Qué significa y que trae consigo ser un país megadiverso? ¿Qué estamos entendiendo por vulnerabilidad? Son importantes no sólo estos cuestionamientos, sino cómo,al integrarlos, surgen otros: ¿Qué implicancias tiene nuestra biodiversidad en el contexto del cambio climático? ¿Realmente nos hace más vulnerables?
Cuando se habla de Perú como un país megadiverso (2) se hace referencia a la diversidad de climas, de ecoregiones, de especies de flora y fauna con las que contamos. Esta sería la base sobre la cual podemos basar nuestro desarrollo.

Por otro lado, al hacer referencia a la vulnerabilidad, se refieren a la capacidad que tienen las regiones para poder recuperarse luego de la ocurrencia de eventos extremos, como huaycos, heladas, inundaciones, entre otros. Esto se evalúa en función de distintos criterios: geográfico, climático, socio económico, cultural y político; y que condicionan esta capacidad de respuesta.

Finalmente, el cambio climático es el proceso por el cual el clima al que estábamos acostumbrados varía, y aunque este proceso de cambio ha acompañado al planeta desde su origen, se ha agilizado y agudizado en los últimos decenios por la acción de los seres humanos. Hemos llegado a un punto que tanto la capacidad de regeneración de los ecosistemas propia de la naturaleza y nuestra capacidad como sociedad para adaptarnos a los cambios que experimenta el clima, es mucho más lenta que la variación del clima y sus consecuencias.

Decir que somos más vulnerables por ser más biodiversos es una falacia. Solo con mirar los procesos agrícolas del país, sus afectaciones como las plagas y haciendo una comparación entre el monocultivo y los pluricultivos (diversidad de cultivos en una misma parcela) podemos ir encontrando pistas para demostrar lo contrario.

Por ejemplo, en Ayacucho año a año, producto del incremento de la temperatura, las afectaciones producidas por la mosca de la fruta aumentaron, ocasionando grandes pérdidas a la producción frutícola de la región. Estas consecuencias negativas aumentan cuando se tratan de monocultivos, es decir cuando sólo se cultiva un tipo de fruta, ya que esta plaga afectará en la misma medida a toda la plantación.

Otro es el panorama de aquellos terrenos con cultivos diversificados, en el que se cultivan frutas, acompañadas de hortalizas, legumbres, entre otros. Toda esa diversidad hace que no toda la producción se afecte, debido a algunas plantas cumplen el rol de barreras biológicas. En consecuencia la producción que no se afectó se puede aun comerciar, suplir los requerimientos alimenticios del agricultor(a) y generar las semillas necesarias para la siguiente faena. Es decir, vamos logrando una soberanía alimentaria.

Mirando el panorama nacional, nuestra diversidad biológica, geográfica, cultural nos permite tener múltiples capacidades para afrontar el cambio climático, el cual no afectará de la misma forma en cada región y esa es una potencialidad, en la medida que al ser afectada una región con las capacidades sociales y culturales, con los recursos naturales de las otras regiones podemos hacer frente a las problemáticas que se ocasionen por el cambio climático.

La COP 20 es una oportunidad valiosa para la sociedad mundial. Pero es de suma importancia para la sociedad peruana, es una oportunidad para tener un debate amplio sobre lo que podría suceder en los siguientes años en el contexto de cambio climático. En ese sentido las propuestas que se puedan generar desde la sociedad civil, desde las organizaciones sociales, de los espacios locales, la integración de los saberes ancestrales y los saberes científicos son vitales para poder afrontar el cambio climático.