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Una publicación de la asociación SER
Candidata al Doctorado en Geografia en la Universidad de Melbourne. Magíster en Desarrollo Ambiental y Licenciada en Sociologia, PUCP.

Cambio climático: última llamada

El último reporte del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) enfatiza que, aunque el calentamiento global es inevitable, aún estamos a tiempo de responder para mitigar los escenarios más perniciosos que pondrían en jaque la civilización y diseñar respuestas adaptativas ante un escenario de alta variabilidad climática. El Perú es uno de los países que sufrirá con mayor severidad las consecuencias. Una estrategia seria de planificación territorial sostenible constituye uno de los ejes centrales para enfrentar este reto.

Empecemos por la fecha límite: 2030. El reporte del IPCC sugiere que para entonces se deben haber reducido en un 45% las emisiones globales de carbono por razones antropogénicas si se quiere mantener un incremento de la temperatura del planeta en 1.5ºC. Para lograrlo, el IPCC plantea que es urgente una transformación rápida y profunda de los sistemas energéticos, urbanos e industriales, y en el uso de la tierra. Esto incluye, entre otras acciones, un incremento en 10 millones de Km2 de bosques (o limitar su reducción a solo 1 millón de Km2) y la conversión a energías renovables en un 70%.

El Perú contribuye con apenas un 0.3% de gases de efecto invernadero (GEI). En comparación con las emisiones de China o Estados Unidos, se trata de una proporción relativamente inferior. Sin embargo, junto con otros países sudamericanos, el Perú comparte una de las principales reservas de carbono del planeta: la Amazonía. Al menos un 35% de las emisiones de GEI del país se asocian a su deforestación, siendo, por lo tanto, uno de los principales componentes en la lucha nacional contra el cambio climático. Aunque la deforestación suele asociarse al avance de actividades ilícitas, vale recordar que también se intensifica con el monocultivo y como consecuencia de nuevas conexiones viales que conducen a la constitución de nuevos centros poblacionales, planteando la gestión territorial como una respuesta plausible antes que acciones de erradicación o interdicción que, por si solas, difícilmente generarán resultados sostenibles.

El reporte del IPCC también señala que el cambio climático impacta América Latina con el retroceso de los glaciares andinos, cambios en los caudales extremos de la cuenca Amazónica y la modificación de los patrones de descarga en los ríos en la región occidental de los Andes. Por lo tanto, las medidas para reducir las emisiones tienen que ir necesariamente acompañadas de acciones de adaptación. En el caso peruano, ya conocemos las lamentables consecuencias de una pobre estrategia de prevención de desastres. Vimos como El Niño costero arrasó poblados enteros, maltratando a las poblaciones más vulnerables. Llama aquí la atención la pobreza de respuestas por parte de gobiernos subnacionales en zonas urbanas. Lima es un ejemplo paradigmático: el “desplomado” puente Solidaridad es la mejor demostración de los contraproducentes resultados del amor por el concreto sin criterios de sostenibilidad.

Existen instrumentos que dan norte a la lucha contra el cambio climático en el país. La respuesta fue formalizada con la firma del Acuerdo de París en el 2015, en donde Perú se comprometió con reducir en 30% sus GEI para el 2030. Además, se ha traducido en una política de Estado con la promulgación de la Ley Marco sobre Cambio Climático en abril de este año. El Presidente Martín Vizcarra renovó este compromiso hace poco durante la Semana del Cambio Climático organizada por la ONU: “Esta es una convicción personal y una política de Estado, por lo que les aseguro que el Perú continuará promoviendo acciones a nivel nacional e internacional para luchar efectivamente contra el cambio climático”. Finalmente, la reciente creación del Viceministerio de Gobernanza Territorial plantea una oportunidad para cooperar con este proceso en coordinación con el Ministerio del Ambiente.

Controlar la deforestación y diseñar mecanismos de prevención y adaptación a la variabilidad climática requieren, necesariamente, un proceso de planificación territorial inclusivo y vinculante, cuyos acuerdos se respeten y vigilen en el tiempo. El cambio de uso de suelo y la planificación urbana, especialmente, son ejes centrales para el IPCC, incluyendo cambios en la ocupación territorial de poblaciones, con consideración especial en las ciudades. Son protagonistas las autoridades nacionales y subnacionales pero también la sociedad civil, el sector privado, los pueblos indígenas y las comunidades locales, cuyas capacidades tendrán que ser fortalecidas para incidir en acciones climáticas efectivas.

 

 

Gisselle Vila, socióloga (@theleopardal), pertenece a la Plataforma Comadres, espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.