Skip to main content
Una publicación de la asociación SER

Brisas de Kiruray: Comparsa de Carnaval

Fotos:  ©Ángel Cconislla 

Desde la primera semana de febrero la comparsa Brisas de Kiruray, domingo a domingo, alegra a los ayacuchanos: su música es realista, su vestimenta colorida, sus canciones dulces y sus pasos enérgicos.

Ni bien suenan el violín, las quenas y las guitarras, alegran y hacen vibrar hasta los corazones más tristes. Desde una esquina entra la comparsa y las letras de sus canciones piden espacio a los asistentes. Dice: “Suchurikuychik anchurikuyckik soqueñokunam kayta qamukuchkan”. Continua enérgico y provocador: “Soqueñokuna yaykuykamuptin, soqueñokuna chayaykamuptin tulluchallaykim katatatakuykun, cuerpochallaykim rasasasakuykun” y poco a poco ocupan el extenso terreno. En un total silencio se arrodillan, con sombrero en la mano piden permiso al Apu más importante del pueblo de Socos, Kiruray: “Hanay pachapipas, kay pachapipas, uku pachapipas sutiki yupaychasqa kachun, churikikunam qanman asuykamuyki licenciataya quykuwayku tusuykunaykupaq”. El público se levanta y aplaude. Saben que sus integrantes son grandes carnavaleros, conocedores de tantos escenarios y campeones en las mayores competencias del pukllay al nivel regional. La música continua y las mujeres vestidas de wali turquesa con bordes rosados adornados de figuras geométricas, blusa blanca, ojota, manta, llikllita, cintas y sombrero negro cantan una de las canciones que representa a los campesinos de los pueblos más humildes del Perú: “Campesinom kani, chacrarunam kani, sarayta tarpuspay vidayta pasani…”. La letra es profunda, expresa la vida dura del campo, la pobreza y a la vez homenajea al maíz, uno de los principales productos de Socos. También sus canciones refieren a la justicia que no existe para los campesinos: “Justicia, justicia; maldita justicia, wakcharunapa manaña aypanan”. Los asistentes sienten que la letra y la música tocan el fondo de sus corazones, se entristecen, mueven la cabeza, porque no hay justicia para los pobres y es inalcanzable.

A un lado, una comparsa de niños y niñas expresan la alegría más tierna y sincera. Igualmente, los compadres, las comadres y los acompañantes cargados de grandes maqmas, puyñus de chicha y cañazo junto a la despensera motivan a los bailarines, mientras las cocineras simulan preparar la comida puesto que en los carnavales se baila, se bebe y se come. Al finalizar cada estrofa repiten: “brisas, brisas/ Kiruray, kiruray/ Socos Socos”.

Los varones vestidos con un pantalón oscuro o blanco, camisas a cuadros, sombrero adornado de cintas rojo y blanco, chullo, manta bordada, poncho, chalina, pisca, waraka a la cintura, cintas, medias y ojotas, juntamente con las mujeres cantan al amor: “Chaska ñawichaykim, puka uyachaykim sunquchallayta suwawan, makichaykita qaywarimuway, abrazaykuspa muchaykullaway kuyakuychayta qusqayki”. Los corazones se alegran, las chicas coquetamente miran a sus parejas, brillan sus ojitos, las trenzas van de un lado al otro y cautivan.    

Brisas de Kiruray es una de las comparsas soqueñas más representativas del carnaval rural ayacuchano, año tras año como las demás comparsas de los pueblos que Quinua, Vinchos, Paqcha, se presentan en los concursos de Carmen Alto, Canaán y el estadio ex Leoncio Prado. ¿A qué se debe el éxito del carnaval rural? Es intergeneracional, rompe las jerarquías sociales, constituye la formación familiar, permite una auto-identificación y la identificación por los demás, asimismo sus canciones representan las prácticas cotidianas.

La comparsa Brisas de Kiruyay se compone de dos comparsas: de niñas y niños, como también de jóvenes y adultos, de esa manera se preserva la continuidad de las celebraciones y la participación de los niños rompe una expresión usual: “nuestros hijos ya no cultivan nuestra cultura”, sin embargo, los carnavales expresan su vigencia.

En las comparsas participan madres de familia, padres y madres solteras, jóvenes estudiantes de colegios, institutos, universidades y profesionales. Familias más humildes, señores que cultivan la tierra, que trabajan en los mercados, en los autobuses, las empleadas de hogar, los jornaleros y las familias de ingresos medianamente solventes. El carnaval los asocia, en el momento del canto y el baile se deja de lado todas las distinciones sociales y jerarquías, todos son iguales.   

De igual manera, participan familias enteras, los padres mediante el canto, la música y el baile brindan un conocimiento práctico a sus hijos, quienes también aprenden a bailar, cantar, socializarse y a valorar sus costumbres. Asimismo, el carnaval es un espacio de enamoramiento, conquista y formación de futuras familias. Al finalizar la competencia bajo la lluvia grupos de jóvenes, animados de bebidas, entre el canto y el baile, dan a conocer sus sentimientos, se declaran y por lo menos durante los carnavales juran un amor eterno.

Los pueblos anualmente se organizan y participan en los carnavales pues buscan identificarse y ser reconocidos por otros. La comparsa Brisas de Kiruray desde el inicio de la competencia enfatiza el nombre de su pueblo y al finalizar cada estrofa repiten: “Socos, Socos”. Se identifican con sus prácticas diarias en el cultivo del maíz, el consumo de la coca, el cañazo, reconocen la injusticia, su creencia en los apus, su religiosidad, etc. Y así logran que los cientos de asistentes logren identificarles. De tal manera es usual la expresión: “tenemos que hacer quedar en alto el nombre de nuestro pueblo”. De esa manera, basta escuchar algunas tonaditas, la gente reconoce inmediatamente al pueblo que pertenece dicho carnaval. Es decir, el carnaval les permite identificarse con su pueblo, su origen y a su vez ser reconocidos e identificados por otros.

Del mismo modo, se expresa la convivencia y realidad cotidiana. A pesar de sus pocos años de existencia la comparsa Brisas de Kiruray revalora y conserva los pasos con que usualmente bailan los soqueños. Las canciones reflejan la convivencia cotidiana y de esa manera los integrantes disfrutan, sienten en carne propia y viven el carnaval.

Y Para su despedida piden una vez más permiso al apu Kiruray: “Apu Kiruray kay pukllay mamapi tusuykusqaykumanta ñuqaykuqa ripuchkanikuña Socos llaqta”. Y así entre las tonadas más tristes del violín, la quena y la guitarra se retiran. Como dice una de las letras: “Si estoy vivo volveré y si estoy muerto ya no”. 

 

Carnaval