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Una publicación de la asociación SER

Bellezas, dolores y resistencias

Gran complacencia ha ocasionado la noticia de que 10 peruanos han entrado en la lista de los más ricos del mundo, como si eso no fuera una cachetada a la pobreza que se mantiene en el país aún en altos niveles. La sorpresa no deja de ser mayor cuando una se entera de que la fortuna se debe a la comercialización de productos de belleza. “Acercamos a millones de mujeres a su ideal de belleza a través de nuestras marcas,” dice en su página la empresa Belcorp, cuyo dueño, según la citada revista, tendría una fortuna que llega a US$6.100 millones (1), casi el presupuesto del país para educación en manos de una sola persona.  Su hermano, presidente de Yanbal, otra empresa de productos de belleza también está en la lista. No se puede dejar de pensar en las mujeres y en la inversión que hacen para acercarse al estereotipo de belleza que les vende el mercado haciendo más ricas a estas personas y quizá, con algo de suerte, un poco más bellas, jóvenes, amadas  a ciertas mujeres.

Se puede ser rico en un país en crecimiento, están abiertas las oportunidades para hacernos multimillonarios, parece ser el mensaje de la noticia que casi llama al orgullo nacional. Quizá por ello, como lo ha anunciado hace unos días  un periódico local, hay más de 300 mineras junior interesadas en venir al Perú (2)  y, pese a los conflictos, el interés en los recursos hidrocarburíferos y mineros se mantiene.

Por otro lado, la población en algunas localidades se moviliza frente a algunas de estas iniciativas, en protesta por lo que consideran pone en peligro su futuro. Generalmente vemos a las mujeres en las movilizaciones, con sus polleras multicolores, sus hijos en la espalda, poniendo el cuerpo y recibiendo los golpes, resistiendo y, pese a que los discursos dominantes que copan los medios las posicionan como ignorantes o como ovejas sin pensamiento propio, siguiendo liderazgos radicales, al escuchar su razonamiento y sus reivindicaciones, queda claro que sus demandas y temores son fundados. “Antes había todo, los animalitos, hemos perdido todos los animalitos, cosa de sapitos, hemos perdido curcules, todo lo que había en las aguas, había unos pescaditos. Así en los ríos, pero ahora ya no hay nada. Antes había nuestras aguas ricas, dulces para tomar, sabrosas. Al menos para acá arriba nuestras aguas, a las alturas, eran agradables para tomar, pero ahora dicen que por las contaminaciones ya no vienen las aguas ni bonito,” testimonió una mujer cajamarquina hace ya varios años.(3)

Allí donde las mujeres tienen otras formas de ser bellas, alejadas de  los patrones de belleza ofrecidos por Belcorp o Yanbal, y que con seguridad preferirán el agua limpia de un riachuelo a las cremas ofrecidas en el mercado, las ausencias que notan en la naturaleza son el indicador de que algo grave está pasando, algo que puede poner en riesgo su supervivencia y la de sus familias, pues no hay que olvidar que son las mujeres las que garantizan la seguridad alimentaria en las comunidades, cultivando, criando animales menores,  lo que se pone en peligro al contaminarse las aguas o por la monopolización del agua por parte de las industrias extractivas.  

El temor a verse privadas de sus modos de vida, desplazadas a lugares lejanos, sin los recursos que les proporciona el conocimiento de su hábitat, la conexión con su territorio, con sus dioses y sus visiones del mundo es un elemento clave que también moviliza a las mujeres y que no suele tomarse en cuenta cuando se habla de su movilización. Privadas de realizar sus actividades productivas, de sus roles o con mayor carga de trabajo, presenciando la desvalorización de sus aportes a la preservación de los conocimientos, por ejemplo al ser quienes seleccionan las semillas para las siguientes siembras o por su compromiso con el mantenimiento de su identidad y tradiciones, se volverán cada vez mas dependientes de los ingresos de sus esposos, quizá obligadas a aguantar su violencia una vez perdida totalmente su autonomía económica.  Y si éstos por esas cosas que tiene la vida deciden un día no regresar, saben que se quedarán solas, sin recursos, sumidas en una vulnerabilidad mucho mayor que la que podrían vivir en sus localidades, sin referentes, sin familia ni redes que las protejan.  Las mujeres saben, por eso salen a protestar y exigir respuestas sobre lo que temen y sobre su futuro y el de sus hijos e hijas.

¿Cómo se reflejan las vivencias y propuestas  de las mujeres, cabe preguntarse, en las negociaciones que suelen desarrollarse luego del estallido de un conflicto o luego de golpizas o muertes de protestantes, cuando generalmente las mujeres están ausentes de estas mesas de negociaciones? Los espacios de las negociaciones suelen ser lugares de hombres, hombres que representan al Estado, hombres que representan a las organizaciones, al pueblo, expresando abiertamente en donde radican el poder, el reconocimiento social y las decisiones. ¿Qué se discute en estos espacios? Y ¿cómo es que los beneficios que pueden resultar de una negociación con empresas extractivas o con el Estado benefician a las mujeres? Éstas son preguntas hacer en todos los procesos. ¿Cómo es que las mujeres van a participar en los procesos de consulta previa, colocando las demandas e intereses de su género cuando son los hombres que en su mayoría son apus, jefes de comunidad quienes las representan?

Suele decirse, desde las dirigencias masculinas especialmente, que exigir representación de género o colocar demandas específicas para las mujeres va a dividir a los pueblos, o que no es necesaria su presencia, pues ellos están representando también sus intereses. Quizá en algunos casos sea realmente así, pero lo cierto es que en nombre del pueblo se esconde e invisibiliza los impactos específicos que tienen las exploraciones y explotaciones de las industrias extractivas en las mujeres. Y no estamos hablando solamente de los impactos sociales, de la ruptura del tejido social, de la desvalorización de las actividades y los roles femeninos, de la incertidumbre frente al futuro o de las consecuencias que tienen para las mujeres los llamados mercados de violencia que suelen crecer alrededor de las industrias extractivas, incluso en lugares lejanos, o más bien sobre todo en lugares lejanos. Estamos hablando también de los impactos en su salud, en sus expectativas de vida, en las consecuencias que puede tener para las mujeres estar expuestas a los altos niveles de contaminación, punto que no se oye mencionar por ningún lado cuando se habla de los impactos.

Esto es algo en lo que no se piensa o se piensa muy poco y que no parece importar cuando se plantean las problemáticas que ocasionan la contaminación y las industrias extractivas en los pueblos. Por ejemplo, en el caso de la contaminación en la cuenca del Pastaza producto de la actividad petrolera, se ha encontrado la presencia de metales pesados como manganeso, arsénico y aluminio en el agua y en los sedimentos del río y el 70% de las muestras tomadas por la OEFA supera el límite permitido  de TPHs (hidrocarburos totales de petróleo) (4). Sin embargo, no se dice cómo está afectando la contaminación a hombres y mujeres, tomando en cuenta que por la propia formación de las mujeres y la mayor grasa corporal, es posible que las sustancias químicas se impregnen en el tejido adiposo, siendo más complicado por tanto eliminarlas, a más de otras consecuencias asociadas a la reproducción.

Hace unos días también los medios informaban del inicio de la primera consulta previa que se realizará en Loreto sobre el lote 192 (1-AB), en las cuencas del río Pastaza, Corrientes y Tigre, en la región Loreto. Más allá de las oportunidades que puede presentar este proceso para restablecer la confianza entre el Estado y los pueblos indígenas, estableciendo canales de diálogo y una negociación equilibrada y transparente, es imperativo que se coloque en el debate no sólo la remediación ambiental imprescindible que están reclamando los pueblos que han visto contaminados sus ríos luego de 40 años de explotación petrolera,  sino también cómo es que se va a enfrentar los impactos en las vidas y la salud de hombres y especialmente de las mujeres que no tienen espacios para hacer oír sus voces? Sólo cuando se tomen en cuenta las voces de todas las mujeres en todos los espacios, sus intereses y necesidades específicas, podremos cada 8 de marzo celebrar la belleza de las vidas sanas de miles de mujeres en nuestro país, la belleza que da vida, y no la fortuna de un sólo hombre mientras la mayoría de peruanas sigue sufriendo la falta de oportunidades, la violencia y las inequidades e incluso la muerte.

Notas

(1) “El Perú ya tiene diez multimillonarios en la lista mundial de Forbes”, El Comercio, 4 de marzo del 2013. http://elcomercio.pe/economia/1545415/noticia-peru-ya-tiene-diez-multimillonarios-lista-mundial-forbes?ft=grid

(2) “Hay más de 300 mineras junior canadienses que están interesadas en venir al Perú”, Gestión, 27 de febrero del 2013. http://gestion.pe/economia/bisa-hay-mas-300-mineras-junior-canadienses-que-estan-interesadas-venir-al-peru-2060160

(3) María Teresa Arana Z. “Representaciones sociales de las mujeres cajamarquinas sobre la contaminación ambiental minera”,  Maestría en género, sexualidad y salud reproductiva, Universidad Peruana Cayetano Heredia, s/f.
http://www.infoandina.org/sites/default/files/recursos/genero_mineria_cajamarca.pdf

(4) “Informes de especialistas internacionales señalan contaminación en cuenca del Pastaza y alertan sobre salud de pobladores”, AIDESEP, 27 de febrero del 2013. http://www.aidesep.org.pe/informes-de-especialistas-internacionales-senalan-contaminacion-en-cuenca-del-pastaza-y-alertan-sobre-salud-de-pobladores/