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Una publicación de la asociación SER

Ayacucho: corona con rumba, gestión sin rumbo

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Lincoln Onofre. Politólogo

Desde el inicio de la cuarentena y, en reiteradas oportunidades, manifesté la necesidad de ver esta crisis como un momento de oportunidad. Mientras las autoridades y funcionarios de los gobiernos regionales y municipales manifestaban no tener tiempo para reflexionar, pensar y producir información porque primaba el día a día, porque lo urgente sobrepasaba a lo importante; la pandemia abría una ventana de oportunidad. Las medidas restrictivas adoptadas desde el gobierno central obligaban a que los trabajadores dejen de acudir a las oficinas, de producir y, aún hoy, hay quienes no retornarán a sus centros de labores, al menos no en el corto plazo por el riesgo del contagio. Decía, entonces, que a ellos podía delegarse esa función de pensar y producir (en casa) información para una mejor toma de decisiones que mitigara el avance de la pandemia o en otros asuntos que requeriremos en la “nueva normalidad”.

Han transcurrido más de cien días desde entonces y hoy, ad portas de culminar la cuarentena diurna, cabe preguntarse: ¿Cuáles fueron las medidas -y resultados- adoptadas por las autoridades regionales y municipales de Ayacucho?

Dos resultados concretos pueden ayudarnos a responder esta pregunta: Ocho de cada diez casos confirmados con covid-19 en el departamento de Ayacucho se encuentran en la ciudad de Huamanga; al cierre de este artículo, el servicio de atención en la Unidad de Cuidados Intensivos había colapsado.

En los dos niveles de gobierno subnacional se evidencia la ausencia de una planificación y planeamiento táctico, de un orden en la gestión pública. La intervención a los mercados de abasto, la instalación de ciclovías, el reparto de víveres a las poblaciones afectadas, o la promulgación de ordenanzas para el ordenamiento del transporte son ejemplos de que las buenas intenciones no constituyen  (necesariamente) buenas acciones. Estas acciones apresuradas, desordenadas, elaboradas en la intimidad de una oficina, ignorando a los ciudadanos, considerándolos meros receptores de una autoridad que piensa por ellos; ha decantado en ciclovías y avenidas ocupadas por ambulantes, personas vulnerables que hasta el día de hoy esperan una canasta de víveres, vecinos molestos con un alcalde que ha generado un conflicto por su afán de cumplir con metas sectoriales antes que velar por el bienestar de los ciudadanos, comerciantes perjudicados ante falsas promesas o transportistas que cuestionan medidas unilaterales. Son estos desaciertos los que ha llevado al alcalde y su equipo de gobierno a reparar continuamente esos errores con más errores en el afán de despercudirse del problema.

En el gobierno regional, es evidente la ausencia de criterio para el manejo integral del problema. La recentralización y la miopía se han reflejado en la práctica. Declaraciones contradictorias con respecto a los retornantes, medidas peligrosas que expresan el desconocimiento y mal manejo del problema de los desplazados, un registro que de poco sirve para monitorearlos: La ausencia de un plan de mediano y largo plazo para atender los efectos de esta pandemia en la salud, la educación y la agricultura; nos pasarán la factura en pocos meses. Probablemente lo avanzado en cuanto a desnutrición sufra un revés; el 2021 veremos los resultados de la prueba ECE y; antes que acabe este año, proyectaremos el estado de la seguridad alimentaria en la región debido a factores como la falta de capital para la siembra o algún otro evento no advertido. ¿Qué pasaría si -por ejemplo- las lluvias se retrasan o prolongan; o si ocurre una helada? No basta con estirar la mano al gobierno central o solicitar continuamente la prolongación de la cuarentena. A Dios rogando, con el mazo dando, dice el refrán.

Esa ausencia de planeamiento táctico no permite ver las particularidades del territorio, por tanto, asumen que las disposiciones del gobierno central deben implementarse por igual en cualquier parte del país. Decir a los jefes y jefas de hogar que no salgan de sus viviendas o, tildarlos de irresponsables es una ligereza si viene de una autoridad territorial. De acuerdo al Índice de Competitividad Regional (INCORE 2019), Ayacucho está por debajo de la media; con un nivel de ingreso por trabajo que nos ubica en el puesto 21 a nivel nacional; con una fuerza laboral educada de 27.4%; un empleo informal que asciende al 83.5% y 0% de nuevos puestos de trabajos formales respecto al año anterior. Con estas cifras, los alcaldes metropolitanos y el gobierno regional no pueden calificar a los ciudadanos de “irresponsables” por salir de casa. Advertimos -desde ya- que estas cifras serán más críticas luego de la cuarentena.

La gobernanza es otro elemento ausente. El INCORE 2019 señala que solo el 16.7% de la población considera que la gestión del gobierno regional es buena o muy buena. En el plano local no se ha consultado a las partes involucradas en las decisiones que ha tomado el alcalde. Por ejemplo, la Ordenanza Municipal Nº 14-2020-MPH/A “Pico y placa” no solo carece de sustento técnico, es inconstitucional, como ya  lo señaló el decano del Colegio de Abogados de Ayacucho. Ante los reclamos de los sectores afectados, recién advirtieron que esta requiere de un proceso de comunicación, sensibilización y una estrategia para su implementación; todo ello en el absurdo de 7 días, si consideramos lo que dice la Ordenanza. El gremio de transportistas ha denunciado que en reiteradas oportunidades ha solicitado reunirse, sin embargo no obtuvieron ninguna respuesta.

A nivel regional, el caso del “Comando Covid” es el reflejo de una gestión basada en los intereses políticos antes que en el ciudadano. Se trata de un “comando decorativo”, hoy acéfalo, cuyas recomendaciones no fueron acogidas ni implementadas. A la fecha, tuvo dos jefes ad honorem; ambos médicos con presencia política que renunciaron por discrepancias con el titular de la Dirección Regional de Salud. Las denuncias contra el director se producen por la falta de gestión para la dotación de equipos e insumos para la atención de casos confirmados, así como  para una campaña de prevención y monitoreo; vienen desde distintos frentes, entre ellos, los centros de salud, el cuerpo médico del Hospital Regional y del Colegio Médico que no solo ha respaldado estas denuncias, sino que ha renunciado en bloque al “Comando Covid” advirtiendo que, de seguir en esta situación, habría un colapso de los servicios en las próximas semanas. Bajo este escenario, este comando no tiene mayor razón de existir. Al cierre de este artículo, se tiene la información que no se cuenta con camas disponibles en la Unidad de Cuidados Intensivos – UCI y se proyecta que el factor “R” que mide el comportamiento y transmisión del virus vuelva a ascender.

Como resultado, las constantes ampliaciones de la cuarentena no han servido de mucho a las autoridades políticas y sus funcionarios quienes se limitaron a solicitar la prolongación de esta medida y responsabilizar a los ciudadanos del incremento de contagios. Pareciera que nada se ha aprendido y que la supuesta “nueva normalidad” está en manos de cada individuo.

Para las próximas semanas se prevé el incremento de la informalidad, la precariedad, la inseguridad ciudadana, en una ciudad cuyas autoridades no aprovecharon el oxígeno de cien días que esta pandemia les dio para pensar y proyectarse cuanto menos, hasta fin de año.

RIP.