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Una publicación de la asociación SER

Alan García: la corrupción y la deshonra

La muerte del ex presidente García, in extremis de llegar al suicidio, nos debe llevar a una honda reflexión. 

En la última visita del Papa Francisco, el preguntaba "¿Qué le pasa a Perú que cada vez que sale un presidente lo meten preso? Humala está preso, Toledo está preso [en realidad está fugado en EEUU], Fujimori estuvo preso, Alan García está que entra que no entra; y presos con rabia ¿no? El sistema llama la atención".

Nuestra política y nuestros últimos presidentes, han puesto en evidencia un mal que vive el Perú desde hace mucho. Quizá antes no había manera de demostrar que el presidente de turno robaba. Hoy, la tecnología y las investigaciones periodísticas, nos ayudan a demostrar que los presidentes, y los partidos políticos que los respaldan, son andamiajes corruptos. Desde Toledo hasta PPK y quizá se sume Vizcarra, todos están en procesos de investigación. Y no olvidemos que Fujimori también tiene sentencias por corrupción.

Lo que más da que pensar es que todos ellos niegan que hayan robado, y cuando se demuestra el delito, anuncian persecución política.

Sumando la cantidad de dinero que cada partido de gobierno ha esquilmado al Perú, suman miles de millones.

El suicidio de García para evitar la humillación de ser detenido y llevado con esposas, nos demuestra una tozuda negación de reconocer el delito. Mujeres, incluidas en la investigación de Lava Jato, como Keiko Fujimori y Nadine Heredia, han asumido la lucha personal y partidaria, de dar la cara ante la justicia. Han llevado los grilletes, hasta diría con dignidad. El fundador del APRA, Víctor Raúl Haya de La Torre, también sufrió la carcelería manteniendo sus principios políticos. García, deshonró al Maestro. Al Jefe.

El hecho de ayer, nos debe llevar a una profunda reflexión. El hacer política no debe ser una oportunidad para mejorar la condición económica personal del gobernante y sus adláteres a costa del erario nacional.

La política ha dejado de ser el acto más sublime del ciudadano, el servir a su país. Muchos lo han entendido como servirse de él.

Cada varón y mujer que opte por la vida política debe hacerlo buscando el bien común y la justicia social de todos los ciudadanos.

Cada varón y mujer que opte por la vida política debe aprender que la justicia tarda pero llega. Que la impunidad dura poco y que a quien más daño se le hace es a los pobres del Perú.

Cada varón y mujer que opte por la vida política debe aprender que el sistema político que promueve el robo descarado, sustentado en el mal llamado “neoliberalismo”, sólo busca el lucro personal.

El caso de Odebrecht, que ha terminado en su punto más álgido con la muerte de García, nos debe enseñar que hay empresas que son parte de un sistema al que no le interesan los derechos del más débil, al que no le interesa dañar el medio ambiente. Un sistema que nos llevará a la pobreza de la cual no salimos.

Estamos en un sistema corrupto por culpa de nosotros mismos. Hace más de casi cuatro décadas que no elegimos bien.

Nuestro mismo presidente que anunció una lucha frontal contra la corrupción, no lo hace. Muestra clara – y los últimos conflictos sociales lo demuestran – que él tampoco quiere terminarla. La malhadada Constitución fujimorista que nos gobierna permite el robo al gobierno de turno. Aprendan quienes quieren hacer “política de la mala”, nada hay oculto bajo el sol.