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Una publicación de la asociación SER
Abogada, secretaria ejecutiva adjunta de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos

Acoso político reloaded

Que si se maquilla o no. Si usa botox o se ha operado. Cómo se viste. Esos escotes no son apropiados. Que en la campaña no salga con chalina, por favor. Estas son solo alguna de las ideas que he escuchado estos últimos días de campaña electoral en Lima.

Claro, ahora es poco probable que la agresión venga por el lado de: “que regrese a la cocina”, o “que vaya a cuidar a sus hijos” (aunque todavía se escuchan y, lo que es peor, muchas personas aún lo piensan). Actualmente, estos ataques son políticamente incorrectos. Ahora la agresión hacia las mujeres que participan en política va dirigida a su aspecto personal.

Y, claro, estas son las afectaciones menos graves, por decirlo de algún modo (porque sí son hirientes y ofensivas).  En febrero de 2012 Guido Ayerbe Quispe, alcalde de Cotabambas, le dio una golpiza a Ruth Paz Corisaca, regidora de la misma localidad de Apurímac. La regidora terminó internada en el hospital.

En Bolivia, en marzo de 2012, mataron a la concejal Juana Quispe. El asesinato se dio después de que fuera víctima de una serie de amenazas, agresiones, golpes con chicote y robos. Toda esta violencia se produjo por su ejercicio en política. En mayo de ese mismo año, en Bolivia aprobaron la ley contra el acoso político hacia las mujeres. El proyecto de ley se había trabajado desde hacía 10 años. Tuvo que darse  un caso de asesinato para que se aprobara.

El acoso político hacia las mujeres no es nuevo; va variando de acuerdo al tiempo. Según el primer reporte al respecto, elaborado por Transparencia entre los meses de febrero y abril de este año, no solo las mujeres autoridades elegidas fueron víctimas de acoso, también lo fueron las funcionarias públicas designadas; es decir, el solo hecho de salir a la vida pública hace que podamos ser víctimas de acoso. Las formas más frecuentes fueron las amenazas, la difamación, la obstrucción de funciones y los insultos, habiéndose llegado a reportar incluso golpes y agresiones sexuales.

Es increíble que siendo las mujeres un poquito más del 50% de la población ni siquiera podamos competir en política en igualdad de condiciones. De acuerdo a la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (2011), las mujeres tenemos la mayor carga de trabajo no remunerado (el de la casa, ese trabajo que es indispensable para que una sociedad pueda sobrevivir: cuidar bebes, limpiar, cocinar y un largo etc.). Por ello, tenemos menos tiempo libre. Nuestros salarios tampoco están en igualdad de condiciones: tenemos menor sueldo frente a los hombres por trabajo de igual valor. Con menos tiempo libre, menos dinero, ¿cómo podemos participar en igualdad de condiciones en política? El suelo no está parejo.

Las cifras dadas por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) en cuanto a la participación política de las mujeres en el actual proceso electoral, nos demuestran que no estamos en igualdad de condiciones a nivel nacional: el porcentaje de mujeres que postulan a presidentas regionales es de 7.65%; a alcaldesas provinciales, de 8.05%, y a alcaldesas distritales, de 7.51%.[1]

El acoso político hacia las mujeres es una forma de violencia de género. Es una práctica sexista de discriminación y violencia que expulsa a las mujeres del campo político. Es una traba adicional y grave para el ejercicio pleno de nuestros derechos, pues genera que se disminuya la voluntad para participar en política. Si van a atacarme a mí y a mi familia por cosas que nada tienen que ver con la política ¿para qué voy a participar? Demasiadas mujeres declinan su participación por estas agresiones.

Por eso, es importante reconocer el acoso político desde el principio, desde esas manifestaciones supuestamente “menos graves”. Desde la crítica ofensiva hacia el modo de vestir, de maquillarnos; desde la crítica al hecho de no asumir los roles tradicionales de género, hasta las amenazas y agresiones más violentas. Si las mujeres queremos vestirnos como nos da la gana, maquillarnos o no, usar botox, hacernos manicura o ponernos flores, abanicos o corbatas en la cabeza,  ese es nuestro derecho y punto. No tiene nada que ver con la discusión política.


[1]http://www.andina.com.pe/agencia/noticia-baja-participacion-mujeres-como-candidatas-a-regiones-y-municipios-515811.aspx#.U9CBbON5OSq