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Una publicación de la asociación SER
Psicólogo con maestría en Sociología. Católico sin parroquia, socialista sin partido y amante infiel de la literatura.

¿Acepto? Carta a la China Tudela

La siguiente carta fue enviada a su destinataria, al parecer, el domingo 10, cuando Lima era un festín de rumores sobre el nuevo Gabinete. La damos a conocer para contribuir a una hipotética historia privada de la política nacional. No se puede revelar el nombre del santo, ni cual fue su destino, aunque lo imaginamos.

“Hola China:

Te escribo porque Diego me ha recomendado que te pida consejo, pues, para él, eres más inteligente que cualquier asesor político o de inversiones del medio. Me dijo textualmente: “dile que vas de mi parte, que conoces a Salvador, describe tu perfil y pídele consejo.” Así que, con las disculpas del caso por quitarte tiempo, te cuento que Salvador –a quien conozco desde la época de la PUCP- me ha dicho que estoy en una terna para ser nombrado Ministro y por eso acudo a ti.

Bueno, te presento mi perfil para que puedas evaluar si estoy a la altura del cargo y puedas aconsejarme para no pegarme un resbalón. Tengo la frente despejada, ojos pardos y nariz aguileña… mentira, es una broma. Soy cincuentón, casado. Estudié en la Católica y después hice tres maestrías en Humanidades diversas, aunque ejercer, lo que se dice ejercer, no ejercí ninguna profesión. He trabajado en varios lados; fui pinche en el estudio Echecopar cuando era un pulpín; fui asistente de Diego en la Comisión Andina, estudié un semestre en Bologna con il professore Sartori; he enseñado en la de Lima; recorrí pueblos de Ancash dos años cuando hice una consultoría para una minera y hasta fui asesor de un congresista arequipeño en los 90. O sea que se puede decir que conozco al monstruo por dentro, con perdón del cliché. Tú dirás que soy un peso welter o pluma para la política nacional y no te faltará razón, pero, hace rato que los pesos pesados no pasan por ningún ministerio. También he viajado y conozco mundo, incluidas las Turtle Islands, a donde recientemente fuimos a festejar nuestro vigésimo aniversario con mi esposa. Te preguntarás, quién es mi padrino. La verdad que no lo sé. Lo único que te digo es que trabajé hace años entre Ilo, Tacna y Moquegua haciendo consultorías para la Southern en tiempos en que el Presidente era gobernador de Moquegua y allí nos conocimos. Entonces, digamos que tengo muchos contactos por aquí y por allá. Paradójicamente, no hago mucha vida social, por eso no me conoces, aunque hayamos coincidido un par de veces en la embajada francesa.

Como psicóloga que eres, sabrás que mi primera reacción fue de gran sorpresa: ¿por qué a mí? Tengo patas a los que les costó mucho llegar a la dirigencia nacional de Acción Popular, APRA o PPC; tuvieron que empezar siendo regidores o funcionarios F2, pasar cien convenciones y congresos, viajar, participar en debates internos, hacer campañas con los líderes para que hoy queden descolocados. Más negocio es ser independiente. Pero yo lo soy más, porque, a diferencia de otros de mi promo de los jesuitas que, si no andan en los bisnes acumulando éxitos, andan escribiendo para la posteridad y otros buscando los contactos con Julito o Kenji para ser congresistas o ministros, yo, trabajo tres, cuatro meses y el resto del año leo, viajo, converso con la gente, veo crecer a mis hijos comiendo rico. Vivo de mi trabajo, sin preocupaciones.

Después me entró la duda ¿qué haré en un ministerio si sólo voy a estar nueve meses?, que es el promedio en nuestra republiqueta gastronómica, como sueles decir. Yo no tengo una motivación política, porque no pertenezco al grupo del señor Vizcarra, ni sé qué objetivos se ha trazado hasta el Bicentenario además de los cientos que figuran en CEPLAN y en el MEF. Por ejemplo, para el breve gobierno de nuestro recordado Paniagua hubo dos muy claros: sacar la mugre de los 90 y tener elecciones limpias. Lo que vino después fue un desastre con el demagogo sano y sagrado, pero quedó disimulado porque todos sus ministros metieron el hombro en lo que se llamó la recuperación de la demo. Pero ya sabemos que muchos, muchísimos, sólo han pasado por los ministerios para firmar uno o dos contratos grandes del que sacaron provecho; mientras que lo demás, es decir, el día a día, se lo dejaron a los funcionarios y empleados de carrera. O sea, rutina, inoperancia, ineptitud, corrupción y hasta indolencia frente a los graves problemas del común. Por eso Chile nos sigue dejando atrás y hasta Bolivia nos va alcanzando. Como ha dicho tu pata Rafo León, la transición democrática se fue a la mierda. Lo de los jueces esos que venden sus sentencias, completa el cuadro nacional del caso Odebrecht para las altas esferas. Claro, yo podría decir que me compro el pleito de la lucha contra la corrupción de la que ha hablado varias veces el señor Vizcarra, pero, ¿acaso la voy a erradicar del ministerio en nueve meses? Ni Mandrake con ayahuasca lo haría.

Entonces, ¿acepto o me quito? Claro, Salvador tampoco me ha dicho que sea fijo, porque hay también dos damas en el bolo. Te juro que me dan ganas de entrar, porque se mantiene viva en mí la llama de la vanidad y me subyuga el hedonismo del poder, como decía mi tío Herless san Buzzio mientras yo me ca... de risa. Si acepto, te puedo asegurar que soy de los que trabajan doce horas sin parar y si me dan poder, puedo ser un locón en fase maniaca.  Llevo a veinte bravos de directores y tendremos cien por ciento de presupuesto ejecutado, te lo juro. Puedo ser un dedo terrible, como milico cornudo. Pero, ¿vale la pena apostar en un medio en el que todo se pasa por agua de borrajas, melifluos por doquier pensando en el 21, jugando a la política como se juega al póker? Porque, yo sé que, aunque lo haga bien o mal, algún Pendeivis iniciará una campaña en diciembre con encuestas, trolles, declaraciones del Gato Gordo y/o calumnias para sacarme.

A la vez, me frenan ciertas indefiniciones como el asunto de la perspectiva de la igualdad de género en Educación, donde, me parece que se ha cedido mucho terreno a la beatería de Cipriani y sus amigos evangélicos; o las metidas de pata en Torre Tagle donde hemos perdido el buen nombre ganado a través de décadas. Mejor me quito ahora, a mirar desde el balcón con mis tragos, esperando otra oportunidad, guardando pan para mayo, sin quemarme. Sin el patriotismo que inventaron los vivos para engañar a los sonsos, porque ya estamos curados de espanto y no hay que ser ingenuo cuando la única patria de la gente, de los de arriba y de los de abajo, es su familia. Ni más ni menos.

¿Qué opinas? Yo sé que no tienes pelos en la lengua, dispara nomás.”