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Una publicación de la asociación SER

Se apagó, por ahora, el incendio forestal en el valle del río Shocol, Amazonas

Foto: Facebook

Luis Chávez Rodríguez.  Fundador y promotor de La casa del colibrí de Chirimoto, Amazonas

Pequeñas buenas noticias dentro de grandes malas noticias parece ser a lo único que podemos aspirar los peruanos. O quizá esta sea una premisa que no sólo aluda a los campesinos o a los excluidos de las áreas urbanas sino, en estos tiempos del fin de un mundo, a la humanidad en general, y no lo digo por un supuesto destino trágico como el caso del Sísifo de Camus. El uso del concepto de tragedia, ampliado al ámbito social para describir una desgracia no me parece adecuado, y el sufrimiento por causas de la naturaleza se llama, desastre. Lo que está ocurriendo en nuestro planeta y lo que ocurrió con el incendió forestal que duró seis días en la provincia de Rodríguez de Mendoza se debe a la mano torpe, incompetente y corrupta del humano. La mano no sólo del campesino que prende fuego a su chacra, en un chispeante día de sol, sino a las autoridades de mayor rango a nivel nacional y al sistema centralista que sufrimos, como un carcinoma, en nuestro país.

El incendio que se inició el 26 de agosto ya está apagado, al día de hoy se dejaron de ver las flamas enormes y la humareda de volcán activo en las montañas. Quedan solo algunas columnas de humo, en medio de manchas enormes de un negro ceniza, pero se tratan de tizones calcinados que están terminando de consumirse. Esto lo dio a conocer, Segundo Túnjar Collazos, el Subgerente de la Oficina de riesgos y desastres de la Municipalidad Provincial de Rodríguez de Mendoza, dependencia adscrita a la plataforma del Instituto de Defensa Civil (INDECI) de la provincia. Del mismo modo, el agricultor Segundo Honorio Rodríguez Ortiz, de Chirimoto, uno de los lugares afectados, nos informó que los puntos de inicio en los cuatro distritos del valle: Limabamba, Totora, Mílpuc y Chirimoto se dieron, por decirlo de algún modo, de forma sincronizada, lo que explica la magnitud de la catástrofe en comparación a los años pasados. Esta coordinación involuntaria se produjo porque este es el tiempo de preparar los terrenos para sembrar el frejol y el maíz, sustento vital para los pobladores de esta área de la Amazonía.

Buscando soluciones y sanciones

En una mesa de trabajo virtual que se realizó el 1ro de setiembre, en la Municipalidad de Rodríguez de Mendoza, que convocó el alcalde provincial Helder Zelada Rodríguez, específicamente sobre el incendio y al margen del covid-19, a la que fui invitado  -como activista medioambiental por mis emprendimientos sociales desde La casa del colibrí- se trató el tema desde diferentes enfoques, buscando asumir la problemática con carácter de urgencia, ya que cada año los daños son mayores y la amenaza de acabar, incluso, con áreas de reserva de bosques son inminentes. Al webinar asistieron los alcaldes Teófilo Izquierdo de Chirimoto, Alinson Riva de Limabamba, Julio César Fernández de Totora, así como el representante del Ministerio Público y de la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental de la provincia de Chachapoyas (FEMA). Por parte del Gobierno Regional asistieron representantes de la Dirección Ejecutiva de Gestión de Bosques y Fauna Silvestre y de la Agencia Agraria de Rodríguez de Mendoza, así como personal del Ministerio de Agricultura y Riego.

La reunión reveló que estamos frente a un fenómeno en creciente ascenso en las últimas décadas; sólo en la Región Amazonas, en estas últimas semanas, se registraron, según indicó José Asenjo, representante de Gobierno regional, incendios en las provincias de Chachapoyas, Luya y Bongará. Los daños que causaron, como lo enfatizó Carmen Ampuero, del Ministerio de Agricultura-sede Mendoza, abarcan cuantiosas extensiones de bosques originarios, áreas reforestadas y chacras, así como algunas viviendas ubicadas en las laderas de los cerros.

Una demanda insistente tanto de la ciudadanía como de las autoridades es la intervención del Ministerio Público para lograr las sanciones penales respectivas, en ese sentido, la FEMA se comprometió a realizar las investigaciones correspondientes con el fin de determinar la responsabilidad penal de los pirómanos. Una interesante propuesta conjunta fue la de los alcaldes de Totora, Chirimoto y Limabamba, miembros de La Mancomunidad del Río Shocol, quienes están buscando los mecanismos legales, a través de ordenanzas, para realizar un trabajo coordinado entre los alcaldes distritales, los agentes municipales de los caseríos, los técnicos del Ministerio de Agricultura y los campesinos para coordinar un asesoramiento más fluido en el manejo de los cultivos, especialmente, en las áreas de riesgo como son los purmales.

Rodríguez de Mendoza está ubicada en una región de bosques lluviosos, que son de las áreas más biodiversas del planeta y que están en mayor riesgo por los efectos del calentamiento global. Contiene una flora y fauna abundante, además de micro cuencas que forman las afluentes de los ríos más grandes del país. El caso de la micro-cuenca del río Shocol, en las inmediaciones de incendio ocurrido, se origina en las aguas de la laguna Mamacona en el distrito de la Jalca, en Chachapoyas, zona andina, y luego baja en meandros, entrando a la zona de Amazonía en Limabamba, para formar los ríos Barbasco y Challuayaco, los cuales se juntan y dan origen al zigzagueante río Shocol, cuyas aguas llegan, juntándose a otros ríos de mayor dimensión, hasta el Amazonas. Además, en el valle del río Shocol hay múltiples meandros y quebradas que vienen de las montañas de Montealegre y Palmira, cuyos bosques han sido propuestos -hace más de una década- para formar un Área de Conservación Regional (ACR). Esta reserva, que incluso tiene un expediente técnico con un mapa que delimita unas 21,000 hectáreas, no llega a concretarse por la combinación de dos factores negativos muy comunes cuando se trata de trabajar por nuestras comunidades. Por un lado está la apatía de la burocracia regional y por el otro los intereses comerciales de compañías, en este caso cafetaleras, que se juntan en un juego de intereses impidiendo la formación definitiva de esta ACR.

De mi parte y de La casa del colibrí, fundación que insiste por 14 años en aportar un grano de arena para el desarrollo sostenible de mi tierra, mi exposición se ocupó de situar la problemática de la Provincia dentro de un contexto global del calentamiento, insistiendo en que el trabajo debe concentrarse en la educación o la re-educación adaptada a tiempos de emergencia climática, más que en la represión. Aquí un esquema de mi participación:

1. Contextos de riesgos y desastres en nuestra provincia y más específicamente en el valle del río Shocol: Los incendios y los pajonales. Inundaciones: tala de árboles y erosión. Monocultivos. Ganadería extensiva. Tráfico de tierras (migración reciente que trabajan sólo por temporadas destruyendo el bosque primario y luego abandona las propiedades, dejándola en purmales.) y Narcotráfico.

2. Acuerdos globales de cuidado del medio ambiente: Fondos y financiamientos de los bonos de carbono.

3. Acuerdos nacionales y políticas del Estado: INDECI y Plataformas de Defensa Civil, Fondos del Ministerio de Economía Finanzas y de Ministerio del Ambiente y Ministerio de Educación.

4. Participación conjunta entre el Regional, Provincial y Distrital y Caseríos.

5. Organización social y participación ciudadana en donde las autoridades elegidas y el sector Educación propicien la organización ciudadana.

6. Búsqueda de mejoramiento de fuentes económicas: Agricultura y agroindustria artesana: Cría de animales menores con certificación orgánica. Agro y eco turismo como fuente de ingreso relacionado con la conservación del medio ambiente.

7. Recopilación de información: Hacer mapas de las áreas vulnerable: Purmas y pajonales. Ubicación de Fuentes de agua cercana o siembra de agua, estanques estacionarios para épocas de verano. Implementación o potenciación, es decir mayor presupuesto para las oficinas de Riesgos y Desastres y las Plataformas de Defensa Civil. Creación de unidades de Bomberos forestales.


De acuerdo a las estadísticas, de cada cinco casos de incendios forestales, cuatro son causados por personas y uno por causas naturales, como pueden ser los rayos. Frente a este problema creciente, en la Provincia de Rodríguez de Mendoza no tenemos ninguna tecnología para apagar incendios de este tipo, mucho menos acceso a helicópteros que son imprescindibles para atenuar el fuego en las partes altas de las montañas. Aunque se trató de acceder a estos aparatos de vuelo no se pudo. Las aeronaves que podrían intervenir en Amazonas son las que se hallan en las bases militares de Trujillo y, según nos informaron, el trámite es largo y complicado. Consiste en que la autoridad distrital debe dirigir cartas a la provincial, luego este a la autoridad regional, quien a su vez tiene que dirigirse a los ministerios competentes y al Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, en Lima. Además desde la Región se debe facilitar el dinero para el combustible. Si es que se lograra cumplir con cierta rapidez esta cadena epistolar, el sistema demanda que las aeronaves vayan desde Trujillo primero hasta Lima para equiparse y luego regresen a su base, para finalmente, desde ahí, partir al área del desastre, lo que en este caso no se pudo realizar, ya que las cartas se quedaron atracadas en algún escalafón de esta perniciosa burocracia.

Lo que perdimos con el incendio

Felizmente el incendio forestal en el valle del río Shocol ha amainado y, por ahora, podemos estar tranquilos. Con respecto a sus consecuencias, se informó que hubo pocas pérdidas de animales de cría como caballos y una que otra vaca porque los campesinos los movilizaron rápidamente a zonas de resguardo junto a los ríos. Sin embargo, el daño, como se sabe por un primer recuento que INDECI todavía no termina, se dio en la quema de montañas enteras con bosques reforestados, chacras de piña, de café, de frejol, de caña de azúcar, yucales y maizales. Se quemaron parte de los bosques originales y los morochales que abundan en la zona. Se perdieron miles de extrañas y perfumadas orquídeas, como las orquídeas negras, también las púrpuras, las rojas y las blancas jaspeadas con amarillo que son más comunes. Plantas medicinales como el matico, el llantén, el anís, el chanca piedra, la lancetilla roja, el berro, y otras de uso psicoactivo como el toe y el tabaco, que abundaban por esas montañas, ya no estarán más y los campesinos tendremos que volver a sembrar una y otra vez, como Sísifo cargando su piedra a la colina desde donde vuelve a caerse cada año. Animales silvestres como los picuros, chozcas y venados, así como tejones, carachupas, serpientes y ardillas deben haberse hecho ceniza por miles. Pájaros como guataracos, pishas, loros, paujiles, gavilanes, rillainas, palomas, olleras, golondrinas y los agilísimos colibríes, solo para mencionar a unas cuantas especies, también habrán muerto envueltos por la humareda mientras trataban de escapar de las llamas. Esta lista de la flora y de fauna perdida avanzaría por páginas si hubiera más espacio, para completar un memorial y un sentido pésame por esta vida que se elimina de modo estúpido. Termino recordando a los millones de insectos aéreos como abejas, avispas, dones, mosquitos y de insectos subterráneos como las lombrices, upacuros, pongas y todos los santos, que no pudieron escaparse del infierno, los extrañaremos en un tiempo más, hacia el final de este mundo.

El incendio se apagó, por la acción inmediata de los campesinos, los equipos de INDECI del área y por el apoyo de un batallón de una veintena de miembros del Ejército peruano, que desde su base en Jazán, dejando sus fusiles, llegaron a socorrernos usando, como única tecnología, ramas de árboles para aplastar las llamas. El grupo de valientes soldados arribaron al valle por la insistencia que se hizo en Lima y por una memorable movilización de personas a través de las redes sociales, que a diferencia de otros años parecen haber tomado conciencia sobre la destrucción de nuestro medio ambiente. Es muy importante la intervención inmediata de la ciudadanía, que por cientos están reaccionando con cólera pero también con ánimos de unirse a un movimiento ecologista activo y combativo que necesitamos con urgencia en el Perú. Sin embargo, por ahora, el factor que en realidad fue definitivo para apagar el incendio fue una lluvia providencial que empezó a caer al quinto día de desesperación.