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Una publicación de la asociación SER

La credibilidad de la OPAQ en riesgo por informe sobre Siria

Foto: Infobae

Alfonso Bermejo

El 14 de abril de 2018, el presidente de Estados Unidos de América (EEUU) autorizó el lanzamiento de 105 misiles Tomahawks contra Siria, específicamente en Damasco y Homs, donde - de acuerdo a sus servicios de inteligencia - el gobierno de Bashar al-Assad producía y almacenaba armas químicas. No hubo víctimas mortales. Esta operación, coordinada con Francia y Reino Unido, fue una respuesta al gobierno sirio por, supuestamente, haber empleado - 7 días antes - gas cloro contra la población civil en Duma, al noreste de Damasco, en donde - según reportes - murieron unas 40 personas y más de 500 resultaron heridas. Tanto el gobierno sirio como el ruso negaron haber sido los responsables y acusaron a la organización White Helmets (“Cascos Blancos”), a los cuales vinculan con grupos terroristas, de haber realizado un montaje. La verdad se hacía confusa, pero los videos presentados por los Cascos Blancos parecían ser muy convincentes.

Una misión de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) se trasladó al lugar de los hechos para recolectar muestras biomédicas y evidencias físicas, entrevistar testigos presenciales, además de recoger cualquier dato relevante que permitiera esclarecer los hechos. La misión concluyó a inicios de mayo de 2018. Los resultados fueron presentados al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y, de acuerdo al informe final, existían “bases razonables” para pensar que hubo un ataque con un agente químico tóxico, siendo lo más probable, cloro. La investigación realizada por la OPAQ no señala quién sería el responsable del ataque; sin embargo, menciona que el agente habría sido lanzado desde un avión en dos cilindros, por lo que - aún cuando no sentencie quién fue el autor - supone una clara alusión a Damasco. El presidente al-Assad ha rechazado muchas de las conclusiones del informe, manifestando que, en enero de 2016, la OPAQ certificó la destrucción de todas las armas químicas en territorio sirio.

Sin embargo, a partir de octubre pasado, Wikileaks inició la filtración de unos documentos que, al menos, ponen en dudas los hallazgos y conclusiones del informe final de la OPAQ. A continuación haremos mención a algunos de ellos. En un mail enviado a Robert Fairweather (entonces, Jefe de Gabinete), el 22 de junio de 2018, por uno de los miembros de la misión de investigación (FFM - Fact Finding Mission), manifestaba su extrañeza por las modificaciones realizadas en el texto del documento, dado que no coinciden con los hallazgos encontrados en terreno, tergiversando algunos, omitiendo otros, y - por tanto - introduciendo un sesgo involuntario al informe. Los puntos señalados, son:

1) El informe preliminar señala que existe evidencia suficiente para determinar que el cloro u otro agente químico -que contenía cloro reactivo- fue liberado por los cilindros. El investigador cuestiona tal afirmación señalando que sólo existe evidencia que algunas de las muestras recolectadas estuvieron en contacto con uno o más químicos que contienen un átomo de cloro reactivo, pudiendo ser, inclusive, hipoclorito (lejía). Asimismo, menciona que incluir el gas cloro como una de las posibilidades es falso.

2) La redacción del informe da a entender que es probable que el gas haya sido liberado por los cilindros; sin embargo, en la versión inicial, elaborada por el equipo FFM, se enfatizó que, a pesar que los cilindros podrían haber sido la fuente de la liberación química, no existen pruebas suficientes para afirmar ello. Es más, un documento también filtrado por Wikileaks, denominado “evaluación de ingeniería de los dos cilindros observados en el incidente de Duma”, de febrero de 2019, concluye que, de acuerdo a las dimensiones, características y apariencia de los cilindros, y de la escena alrededor del incidente son inconsistentes con lo que se esperaría si los mismos hubiesen sido arrojados desde un avión, siendo la hipótesis más plausible, que los mismos hayan sido colocados manualmente. Este informe es firmado por Ian Henderson, ex miembro de la OPAQ (quedan dudas si era parte del FFM) que fue suspendido, después de emitir dicho informe. Las dudas se acrecientan si tomamos en cuenta el memorándum, de finales de febrero, en el que Sebastien Braha, Jefe de Gabinete del Director General, ordenaba “eliminar todos los rastros” en DRA (archivo de registro de documentos).

3) El borrador del informe cita “basado en los altos niveles de varios derivados orgánicos clorados, (...) detectados en las muestras ambientales”; sin embargo, el investigador señala que en la mayoría de los casos, presentan sólo en parte por rangos de mil millones, tan bajas como 1-2 ppb (partes por billón), las cuales son esencialmente cantidades de traza (ínfimas).

4) La versión original del informe informaba de las inconsistencias en los síntomas de las víctimas (reportados por los testigos y visto en los videos difundidos por los medios de comunicación) y el agente químico (cloro). Esta sección fue omitida en el informe preliminar (incluida la epidemiología). Las inconsistencias no sólo habrían sido notadas por el equipo FFM sino también por tres toxicólogos con experiencia en exposición a agentes de armas químicas.

5) La versión original contenía secciones sobre la ubicación (trayectoria) de los cilindros, su estado y el daño relativo causado por el impacto. Esta información, de acuerdo al investigador, sería importante dado que permite evaluar la probabilidad de “presencia” de un tóxico vs “el uso” del mismo.

Días antes de la primera filtración, el 15 de octubre, se realizó un panel de expertos, donde participaron, entre otros, el editor en jefe de Wikileaks, Kristinn Hrafnsson; José Bustani, primer Director General de la OPAQ; y un experto que participó en la misión en Duma, que se mantuvo en el anonimato. En dicha reunión revisaron las filtraciones y mostraron su preocupación por el accionar de la OPAQ. Además de lo ya señalado, el texto menciona que otros expertos en toxicología fueron consultados, en junio de 2018, antes que se publique el informe preliminar (julio de 2018), y señalaron que los signos y síntomas no eran consistentes con la exposición al cloro molecular o cualquier químico que contenga cloro reactivo. Asimismo, el panel expresó su preocupación por la parcialidad en el recojo de testimonios en la medida que no existe equidad en el número de testigos entrevistados en Damasco y “el país x” (se especula que puede ser Turquía), siendo estos últimos casi el doble. Asimismo, se menciona que las conclusiones están claramente parcializadas con las opiniones que refrendan el uso de armas químicas. Finalmente, llaman la atención sobre la exclusión de los expertos que participaron en la misión en Duma. En este sentido, un memorándum interno (de marzo de 2019) da cuenta que el informe final sólo habría sido redactado por uno de los investigadores del FFM central (quienes estuvieron en Duma) con quienes hicieron las entrevistas en “el país x”.

El presidente sirio ha acusado a la OPAQ de “falsificar” un informe con el objetivo de justificar el ataque estadounidense. Por su parte, el actual Director General, el español Fernando Arias, ha señalado “que apoya las conclusiones independientes y profesionales”. El representante sirio ante la OPAQ ha solicitado una reunión con los expertos en Duma para aclarar las filtraciones. Asimismo, Rusia ha pedido una reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La OPAQ, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2013, no puede ser utilizada como un instrumento político, de ahí que es imperativo se puedan mostrar todos los estudios y exponer las conclusiones de los expertos que estuvieron en Duma y en Damasco. La credibilidad de la OPAQ, sea cual sea la conclusión, debe ser restaurada.