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Una publicación de la asociación SER

El Frepap y la suspensión de la militancia del congresista Juan de Dios Huamán

Foto: Facebook Bancada Frepap

Carlos Raéz. Antropólogo

Las elecciones congresales complementarias, celebradas el 26 de enero de 2020, constituyeron un importante evento en la historia del Frente Popular Agrícola FIA del Perú (FREPAP), agrupación política vinculada a la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal (AEMINPU), cuyos miembros se denominan “israelitas”. Tuvieron que transcurrir 20 años para que FREPAP volviera a colocar representantes netamente israelitas. Y con creces: teniendo en cuenta que el único había sido Javier Noriega en 1995, para esta elección el 8,38% de votos válidos (1 240 084 votos) les permitió colocar a 15 representantes para el período 2020 – 2021.

El 16 de marzo discretamente se llevó a cabo la juramentación de los congresistas electos, sin público invitado y solo con presencia de la prensa (el Estado de Emergencia por el COVID-19 había sido decretado el día anterior). Se dividieron tres grupos: los que “juraron por Dios y por la patria”; los que “prometieron delante de Dios y la patria”; y los que “juraron por la patria”. Los quince representantes del FREPAP se ubicaron en el primer grupo.

Esta juramentación en masa tenía entre sus fines prescindir de aquellos discursos individuales que suelen alargar dicho acto. No obstante, las arengas, tanto de congresistas como de sus bancadas, resonaron en cada pausa silenciosa hecha por la Mesa Directiva. En el caso del FREPAP se pudo observar y escuchar a sus integrantes, ataviados con túnicas, mantos y velos, alzar la palma o el puño derecho, gritando “¡costa sierra y selva, FREPAP está presente!”.

El 17 de marzo, en la primera sesión del Pleno, la bancada frepapista se opuso a la norma que otorga seis meses para introducir cambios electorales. Al día siguiente, el 18 de marzo, se inició la presentación de sus primeros proyectos de ley: eliminación de la inmunidad parlamentaria, revocatoria y renuncia de congresistas, y la elección meritocrática de los miembros del Tribunal Constitucional.

El 20 de marzo el Congreso, a través de su cuenta de Twitter, emitió un comunicado en el que anunciaba que los congresistas viajarían a sus circunscripciones, para colaborar con la población y las autoridades locales.  Así, el 21 de marzo se hizo un vuelo humanitario a Cusco, fletado por el Congreso y realizado por la FAP, para trasladar a población vulnerable varada en Lima. 41 pasajeros abordaron dicho avión, entre ellos, tres de los cinco congresistas electos por dicha región: Juan de Dios Huamán (FREPAP), Matilde Fernández (Somos Perú) y Rubén Pantoja (UPP).

Este viaje fue dado a conocer el 23 de marzo en los medios de comunicación de Lima, pero por circunstancias cuestionables: en la lista de los 41 pasajeros figuraban hasta 11 familiares del congresista Pantoja. Antauro Humala, quien pugna por hacerse del control de UPP, envió un comunicado desde el penal de Piedras Gordas, calificando este suceso como un “acto de inmoralidad”, exhortando su separación y denuncia, aclarando que dicho sujeto no se encuentra adscrito al etnocacerismo. Manuel Merino, presidente del Congreso, declaró sentirse “mortificado” -al igual que el ministro de Defensa Walter Martos- y anunció que no tendría inconvenientes en denunciar a los congresistas a la Comisión de Ética en cuanto se instale (y siempre y cuando las agrupaciones políticas involucradas no lo hagan antes). Señaló además que fue el mismo Rubén Pantoja quien solicitó el vuelo humanitario, inicialmente para trasladar 100 personas. El susodicho, hasta el momento, no ha prestado declaraciones oficiales. Por otra parte, Matilde Fernández, si bien concuerda con la investigación sobre “el aparente mal uso del avión”, señala que viajó sola, justamente para cumplir con las coordinaciones con las autoridades regionales, en el marco de la pandemia del COVID-19. Para Rennán Espinoza, vocero de Somos Perú, no es necesario llevar este caso a la Comisión de Ética.

En el caso del FREPAP, el mismo 23 de marzo emitió un comunicado donde consideró el vuelo como “una violación de las medidas sanitarias”, señalando que no debió haber sido abordado por ningún congresista (y menos por sus familiares). En el documento se solicita al presidente Manuel Merino instalar inmediatamente la Comisión de Ética, para investigar y sancionar a los involucrados, ya sea con la suspensión o con la destitución. Finalmente, se indica que la afiliación de Juan de Dios Huamán queda suspendida, abriéndose un proceso disciplinario, conforme al estatuto de la agrupación. Huamán no ha publicado ningún pronunciamiento.

Este comunicado tiene como fin, sin duda, demostrar que el FREPAP mantiene enhiestas la “lucha contra la corrupción” y una noción estricta de disciplina, muy ligadas a sus principios religiosos. Considerando la pésima imagen pública del disuelto Congreso anterior, un mensaje así trata de aclarar que no son más de lo mismo, lo que, en primera instancia, cae muy bien en la opinión pública.

Sin embargo, dentro del FREPAP no hay unanimidad sobre dicha proclama. Si bien se reconoce la cuestionable actuación de Rubén Pantoja, a algunos frepapistas la suspensión de Huamán Champi les parece fuera de lugar. Entre las opiniones vertidas que he podido rescatar, brindadas por ciertas fuentes, Huamán “no es de tener”, “necesitaba viajar a su ciudad como cualquier peruano” y “aún no recibe ni un sol” como congresista. No hay certezas sobre si se siguió el procedimiento correspondiente que se contempla para ser sometido a un proceso disciplinario. Pese a esto, están seguros que en cuanto declare ante el Comité Ejecutivo Nacional, no será expulsado. Otro factor que cuestionan es la actitud de la prensa, que según ellos ha dado más cabida al escándalo del vuelo que a las propuestas congresales mencionadas anteriormente.

La postura del FREPAP frente a este evento, enmarcado dentro de la pandemia de COVID-19 que actualmente sigue asolando al mundo, así como su desempeño en los primeros días de labores, se muestra consecuente con todo aquello que se planteó durante la campaña. Hay una alerta permanente ante cualquier hecho que pueda asociarse a la viveza, a la ilegalidad, a la corrupción (características ligadas al congreso anterior). El FREPAP logró consolidarse justamente como una alternativa alejada de los grandes escándalos de corrupción -como el caso Odebrecht-, buscando dar una imagen de moralidad y transparencia (valores usualmente empleados por candidatos provenientes de movimientos religiosos). Al ser todos sus congresistas electos israelitas, dentro de la congregación se siente una responsabilidad mayor: es la oportunidad de evidenciar la correlación entre los preceptos israelitas (tanto religiosos como políticos) en favor de los intereses del pueblo peruano, contrapuesta a las otras agrupaciones políticas, corrompidas por intereses particulares.

 

La suspensión de Huamán es una medida drástica, y corresponde a esta presión autogenerada por los frepapistas. Los medios de comunicación estuvieron encima de ellos durante semanas, y el derecho al silencio ejercido en aquel período alimentó las especulaciones sobre la capacidad de sus representantes. Así, si bien, de acuerdo a las declaraciones de Matilde Fernández, que llevan a inferir que no había impedimento en que (solo) los congresistas abordaran el avión, en el segundo punto de su comunicado el FREPAP señala que la ayuda humanitaria no los incluía, por lo que se vulneró “los principios de imparcialidad y neutralidad”. Y si bien los medios se enfocaron principalmente (por no decir, únicamente) en Rubén Pantoja, ante el atisbo de una inminente investigación, los miembros del Comité Ejecutivo Nacional presumieron que podrían verse envueltos en ésta. Por lo que decidieron anticiparse, prevaleciendo la salvaguardia de la imagen del partido y de la congregación. Ante todo, el espíritu de cuerpo.

 

El deseo de trabajar transparentemente en favor de los intereses del país, empezando por la fiscalización interna, es destacable. Queda por resolver si la celeridad de la medida aplicada a Juan de Dios Huamán se hizo respetando los mecanismos disciplinarios internos, o si fue un gesto apurado producto de esta presión autogenerada, que para este caso hubiese implicado estar bajo los lentes político y mediático. Queda por disipar las dudas sobre si Huamán abusó de su cargo para viajar, o si se contemplaba su presencia en el vuelo a Cusco. Esperemos que en los próximos días podamos conocer sus las declaraciones, que nos confirmen lo acertada o precipitada de su suspensión.