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Una publicación de la asociación SER
Productor audiovisual, Magister en Comunicación y Sociedad con mención en políticas públicas para internet.

Anaco: de lo ancestral a lo moderno

Exposición colectiva de artesanos y diseñadores

La exposición así titulada hace referencia a la vestimenta andina que tiene una continuidad de 6,000 años, que se utiliza en todo el territorio de lo que fue el Tahuantinsuyo e incluye a Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y parte de Argentina y Colombia. El anaco es un gran manto rectangular, envuelto alrededor del cuerpo de la mujer, sostenido a la cintura por un chumpi o faja, que da entre tres y cinco vueltas, y apoyado sobre los hombros por los tupus, nombre dado a los alfileres de cabeza plana propios de la zona andina, pero también a unos discos de metal que, colgando de unos hilos atados a la prenda sobre los hombros, cumplen la misma función (Roel y Borja 2011: 20)[1]. El anaco fue declarado patrimonio cultural en el año 2009, en el distrito de Camilaca, provincia de Candarave en Tacna, y es usado de manera similar a su forma primigenia en regiones tan distantes como Camilaca (Tacna), Tupe (Lima) o Sondorillo (Piura).

El virrey Francisco Toledo prohibió a la población nativa desde 1571 el uso de prendas de estilo inca, y ordenó el uso de prendas de tipo europeo, como parte de la política de destrucción de cualquier resistencia nativa a la dominación española, sin embargo esta vestimenta ha continuado con algunos cambios.

Olga Zafersón, curadora de la exposición, presentó el viernes 9 de agosto la exposición a adultos mayores del distrito El Agustino. Explicó el uso de los anacos en sus diferentes variantes regionales caracterizadas por diferentes colores y técnicas siempre fijadas con fajas tradicionales (chumpis). Para la exposición se invitó a diseñadores para realizar sus propias interpretaciones sobre los Anacos tradicionales de las diferentes regiones del país. Zafersón animó a que estas personas valoren e incluyan el uso de la vestimenta tradicional, por dos razones: para dar trabajo a los artesanos peruanos, y para mostrar nuestra identidad, como ya ocurre con nuestra riqueza gastronómica. Ella manifestó que con la vestimenta tradicional podemos lucir nuestra cultura e identidad.

Olga

Qarla Quispe (Warmichic “warmi-mujer” y “chic- fashion/elegante”) se considera una activista independiente que lucha contra el racismo, señala que la idea de diseñar polleras (denominación que permite conservar su identidad), es una reacción contra la discriminación que sufren las mujeres andinas. Mientras que las polleras tradicionales son bordadas, ella recurre a técnicas como la serigrafía para estampar en materiales reciclados y en diferentes colores, logrando con ello que que sean livianas. Qarla (chola brava, como se denomina) no solo pretende vestir a las mujeres con polleras, sino empoderarlas y hacer cosmopolitas a estas prendas. 

Qarla

En la exposición encontramos una reinterpretación de una cushma -normalmente utilizada por los varones Shipibo- para mujeres en la versión de la diseñadora Naty Muñoz. Está elaborada en fibra de alpaca, con bordados xao kené (kené ancestral), en los que participó la reconocida artista shipiba Olinda Silvano.

Naty

Graciela Trigo, tomando como referencia un anaco de Chetilla en Cajamarca, propone un traje que incluye una falda de forma rectangular, cocida a manos, y con bordados también hechos a mano, en los que crea serpientes paralelas (cielo, tierra y agua) que en su recorrido se juntan, dan paso a la vida y se transforman en flores, semillas que terminan en la danza de los picaflores. El diseño le permite expresar sus sueños, las tradiciones, la cultura y la identidad cajamarquina.

Graciela

Jesús Carpio Aliaga (Libertaria), tomando como referencia la vestimenta de la comunidad de Tupe en Yauyos, diseñó un mandil que presenta a una niña floreciendo como símbolo de la transmisión de saberes de las abuelas a sus hijas  y nietas. Ella señala que en su investigación encontró que son las mujeres las que conservan la identidad. Representa el mapa de Tupe y el apu Tupinacocha, e incluye las raíces: la tierra y la memoria. En el diseño aparecen los claveles de la zona, y la artista explica que por la forma cómo se anuda el turbante en el lugar, se sabe si las mujeres son solteras o casadas.

 Jesús

En las zonas Otavalo o Saraguro en el Ecuador, ahora existe una generación profesional de mujeres indígenas cosmopolitas que utilizan la vestimenta tradicional con orgullo. Así, Toa Ortega[2], una arquitecta Saraguro, graduada en Toulouse (Francia), manifestó que siempre utiliza su vestimenta típica, pero recuerda que cuando era niña en la ciudad de Loja prefería pasar inadvertida para evitar burlas, dice que el atuendo completo de la mujer Saraguro puede costar hasta 3000 dólares. Mientras en la ciudad de La Paz, en Bolivia, durante fiestas como la Festividad del Señor del Gran Poder, que expresa el sincretismo entre lo católico y lo aimara, en la danza de la morenada, de la cual participan bloques de “cholitas paceñas”, las personas reconocen las diferencias entre la vestimenta de una “chola trucha”[3] que recurre a prendas baratas, y una “chola original” que utiliza prendas costosas.

En el Perú en ciudades como Puno durante las fiestas de la Candelaria, y los concurso de marinera y pandilla puneña, para elegir la “cholita pandillera” se recurre a la distinción social a partir del uso de los trajes tradicionales. Asimismo, en Huancayo en el Día Nacional de Huaylarsh (establecido cada miércoles de ceniza), o durante la fiesta del Tayta shanty” (Santiago), la economía relacionada a los trajes -sea para venta o alquiler- movilizan a miles de artesanos, entre bordadores, y diseñadores regionales para atender una demanda cada vez más creciente que reúne a quienes vuelven a las fiestas desde distintos lugares del país y del extranjero. Fiestas que son una oportunidad de reunión, y reconocimiento social para aquellos que asumen la responsabilidad de organizarlas.

Entre las y los diseñadores que participan de la exposición están María Antonia Rodríguez, Silvia Paredes Senepo, Magaly Torres, Renata García, Ana Pun, Yanci Estrada, Maco Calderón. En ella se exhiben las colecciones particulares de anacos pertenecientes a Mercedes Suarez (anaco de la señora de Cao), de la Escuela Superior de Folklore “José María Arguedas” y los anacos prehispánicos de Puruchuco y Pachacamac de la colección de José Francisco Vallejos.

La exposición sirve para mostrar que a través de la historia y el tiempo la identidad se ha visibilizado a través de la vestimenta y el uso de hermosos trajes tradicionales que son adaptados a la moda internacional. Una ventana de oportunidad para que pronto el guardarropa de todo peruano incluya trajes y diseños para lucir cotidianamente la belleza de las diferentes culturas de nuestro país, que además puedan beneficiar a los que las elaboran.

La exposición es en el Museo de Artes y Tradiciones Populares del Instituto Riva-Agüero (IRA) de la PUCP en Jr. Camaná 459- Lima, hasta el viernes 23 de agosto.

Fotos: Dante Villafuerte

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[1]                    ROEL MEDIZÁBAL Pedro y BORJA CHÁVEZ Paola. 2011. Anaco de Camilaca, uso contemporáneo de un traje prehispánico. Ministerio de Cultura.

[2]                    https://www.eleconomistaamerica.pe/cultura-eAm/noticias/8858247/01/18/La-elegancia-ancestral-del-saraguro-se-acopla-a-la-modernidad-en-Ecuador.html

[3]                    http://www.gente.com.bo/local/20180416/cholita-pacena-viste-ropa-costosa