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Una publicación de la asociación SER

¿Violentistas o defensores de la democracia?

Uno de los contextos más complejos que estamos presenciando en los últimos años en la región latinoamericana es el de Venezuela. Hoy mismo los venezolanos salen a las calles, marchan pacífica o furiosamente contra su gobierno, se enfrentan a las fuerzas del Estado, las que a su vez responden en nombre del orden reprimiendo, ordenando detenciones y asesinando ciudadanos. Sí, en efecto, y pese a las posturas ideológicas, esta lucha pone en evidencia la ausencia de una real democracia donde se declara que la tienen, queriéndola sostener solo en el elemento electoral y en la existencia de una autoridad elegida por el pueblo.

Uno de los principales motivos de levantamiento del pueblo venezolano es la existencia de un gobierno autoritario, al que acusan de dictatorial y arbitrario en sus decisiones al no permitir la participación y la expresión de parte del pueblo; rechazando todo cuestionamiento, atacando y persiguiendo al opositor a quien presenta como perturbador y tilda de criminal. Curiosamente, este escenario, con los reclamos y sus expresiones, salvando las diferencias claro está, no nos suena tan ajeno.  ¿Acaso en este país no ha sido también el problema recurrente de los últimos años las movilizaciones en contra del gobierno a quien un sector, en este caso mayoritariamente campesino, lo acusa de arbitrario en sus decisiones, de restringir y hasta atentar contra sus derechos elementales? ¿No ha sido y es este país escenario de violentas represiones, persecuciones a líderes de movimientos sociales y hasta de asesinatos como el de los cinco provincianos de Celendín y Bambamarca, dentro de los que se cuenta un adolescente, muertos en la misma situación que los venezolanos, en medio de la ola de protestas y producto de los certeros disparos de las llamadas fuerzas del orden? 

También aquí el gobierno, así como el de Maduro, escudó su actuación en el respeto y restablecimiento del Estado de Derecho; también aquí se habla de grupos políticos que manipulan al pueblo para desestabilizar el país.

Pero aquí no se mirará con simpatía a quienes  protestan, como se hace con los venezolanos, porque aquí son  provincianos y pobres los que se  enfrentan a un gobierno alineado con el poder económico, no se les considera defensores de la democracia, la libertad y los derechos; aquí son considerados terroristas, violentistas o ignorantes perturbadores del desarrollo.

¿Dónde está la diferencia si en ambos casos lo que se ha mellado es la democracia y el respeto a las libertades fundamentales?