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Una publicación de la asociación SER

Violación sobre violación

M. C. fue violada por su padre desde los 10 años de edad; a los 13 tuvo su primer embarazo, y su padre y violador la obligó a tenerlo. A los 15 años, nuevamente volvió a quedar embarazada, su padre y violador, nuevamente la obligó a tenerlo; pero ella ya no quiso, no quiso vivir más en ese infierno, no quiso seguir siendo violada, no quiso ser madre, sólo quería ir a la escuela como cualquier adolescente de su edad. Así que M. C. fue a un centro de aborto clandestino, porque a pesar de ser víctima de un delito agravado, la justicia caería primero sobre ella por su decisión; y meses después del aborto, M. C. murió producto de una mala práctica.

En el Perú hay miles de M. C.; hay miles de niñas, adolescentes, jóvenes y adultas siendo violadas a diario por sus padres, padrastros, tíos, vecinos, amigos, novios, profesores, y extraños. Y muchas veces las violaciones quedan impunes, o no se denuncian; pero irónicamente las víctimas son juzgadas con mayor rapidez si acuden a un centro de salud a ponerle fin a un embarazo por violación. Es como una violación sobre violación; porque luego de ser violada sexualmente, nuestra legislación y padres de la patria vuelven a violarte al negarte el derecho a la salud, y la libertad de expresión (decidir es parte de expresarse). Vuelven a violarte al decirte que tu vida no importa, y que sólo debes cumplir tu único rol de mujer: “ser madre” aunque sea por violación.

Pero, pese a tantos rechazos de nuestros legisladores y la sociedad misma; nuevamente el pasado 3 de octubre ingresó a la mesa de partes del Congreso el proyecto de ley que busca la despenalización del aborto en casos de violación o inseminación artificial o transferencia de óvulos no consentidos.  Este proyecto es muy específico, “sólo despenalizar el aborto en un embarazo producto de una violación”; no obliga a todas las mujeres violadas a abortar, sólo busca que recuperen la libertad de decidir sobre su cuerpo, su vida y su salud, y esa decisión puede ser llevar el embarazo o interrumpirlo, tan simple como eso.

Ojalá que este proyecto no vuelva a ser archivado, y no termine en un linchamiento social de pura cucufatería. Ojalá que no salgan nuevamente con absurdos tales como “el aborto no resuelve el problema de violación”, o “abortar es pecado”. ¿Quién dijo que el aborto es la solución? ¿No es más pecado lucrar con la fe de miles de peruanos? ¿Y acaso tu derecho a culto vale más que mi derecho a la dignidad y la libertad?

La violación no se resuelve con abortar, claro que no, eso lo tenemos claro; una de las formas de solucionar el aborto es combatir la ineficiencia del sistema judicial y erradicar la cultura machista desde la escuela. Esta lucha no es para que todas abortemos cuando nos dé la gana, la lucha es para recuperar la libertad que el violador se llevó, para recuperar la poca dignidad que quedó embarrada de lágrimas, sudor y sangre luego del ultraje. La lucha es para que los hombres de cuello, corbata y crucifijo dejen de decidir sobre el cuerpo y vida de la mujer.  Esta lucha no es para abortar en sí; es para recuperar las ganas de vivir, del volver a sentirnos seres humanos, y no despojos y pedacitos rotos de un objeto inservible.