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Una publicación de la asociación SER

Venezuela post-Chávez

Tal y como sucedió en la época electoral presidencial de octubre del año pasado, esta vez, la enfermedad de Hugo Chávez ha vuelto a dividir políticamente a la sociedad venezolana, generando una serie de tensiones internas y especulaciones acerca de su futuro político, a raíz de una eventual muerte del líder de socialismo del siglo XXI en América Latina. Esta división comprende tanto al oficialismo como a la oposición, la cual, aunque en las elecciones para gobernaciones consiguió algunos pocos municipios, ya se encuentra en un incipiente pero real proceso de consolidación política. Atrás quedaron las dudas y cuestionamientos de la validez de las interpretaciones de la constitución bolivariana acerca de la juramentación del presidente en su nuevo mandato.

Esta ola de escisiones ha afectado también al oficialismo, de quien se ha especulado que actualmente posee dos frentes que se encontrarían en constante pugna por el poder en Venezuela. El primero está liderado por Nicolás Maduro, actual vicepresidente venezolano y “heredero político” de Chávez. El segundo conducido por Diosdado Cabello, ex gobernador del Estado de Miranda y actual Presidente de la Asamblea Nacional. Sin embargo, frente a cámaras y en escenarios públicos, ambos actores han señalado que no existe tal lucha interna por el poder. ¿Existe realmente esta división? Las últimas designaciones de altos mandos políticos en sectores clave podrían servirnos de pista. Por ejemplo, el último 3 de enero, con rúbrica de Maduro, se ordenó el cese de funciones del Presidente del Instituto Nacional de Ferrocarriles del Estado, Franklin Pérez Colina, a quien se le ha relacionado como un muy cercano colaborador de Cabello. Así mismo (y con aparente firma del presidente venezolano), se designó a Elías Jaua a la cabeza de Cancillería, a quien, hoy por hoy, se le considera más cercano al vicepresidente que a Cabello.

Sin embargo, el Presidente de la Asamblea Nacional también tira también del cordón por su lado. Esto se explica por el rol de Darío Vivas, cercano a Cabello, como flamante segundo al mando en la Asamblea Nacional. También se ha especulado que Maduro estaría negociando el retorno de la DEA (Drug Enforcement Administration) a Venezuela, como estrategia para limitar el poder de Cabello, quien figura en reportes norteamericanos como gestor de la red de narcotráfico en la cual están implicados varios generales venezolanos. Este escenario, entonces, estaría dando cuenta de una solapada lucha interna por el poder dentro del oficialismo.

Por otro lado, la oposición es uno de los tantos flancos que hasta ahora se le han abierto al ejecutivo venezolano (recordemos que otro de ellos es la Asamblea Nacional, liderada por Cabello, quien no solo representa un amplio sector militar sino también cuenta con empresarios y algunos hombres de confianza en las áreas de infraestructura y finanzas). Si bien esta oposición, liderada por Henrique Capriles, ha demostrado no tener bases sociales fuertes para ganar abrumadoramente las elecciones nacionales y municipales, lo cierto es que actualmente se encuentra en un proceso de consolidación precaria pero real. La enfermedad de Chávez y las pugnas internas por el poder han configurado un escenario propicio para que las huestes de Capriles diseñen un discurso que vaya acorde con las necesidades del pueblo venezolano, que, dicho sea de paso, enfrentan una escasez de bienes y servicios en Venezuela. Este escenario sería el adecuado para insertar un discurso político anti – Chávez y anti status quo, a fin de lograr aquella consolidación política que la oposición ha buscado a lo largo de la última década.

Cabe resaltar, frente a toda esta situación, el hermético silencio que ha guardado Estados Unidos frente a la situación actual de Venezuela. Es claro que, frente a los dos flancos ya señalados, Maduro no quiera abrirse otro más, pues su legitimidad como gobernante se vería seriamente cuestionada. Es por esta razón que en los últimos días se ha venido escuchando un discurso más amistoso para con la potencia hegemónica, tratando de relanzar las relaciones diplomáticas y establecer lazos de cooperación, discurso que sería casi imposible oír de labios del socialista número uno de la región. Así mismo, es conocida también la tendencia, dentro de las embajadas americanas, de que el apoyo público y expreso de esta hacia determinados candidatos o sectores políticos no hace más que hundirlos. He ahí la reserva.

¿Qué futuro le espera a Venezuela? En un régimen caudillista, el personalismo es un carácter esencial, y eso es lo que ha venido construyendo Chávez a través de sus continuas administraciones. Venezuela se queda sin cabeza y el partido oficialista deberá resolver sus pugnas internas por el poder a fin de dar una impresión de unidad frente al electorado venezolano, quien afronta una situación socioeconómica relativamente complicada. En caso de un eventual fallecimiento del presidente y la pronta convocatoria a nuevas elecciones, la oposición deberá redoblar esfuerzos si desea afianzarse más en la política venezolana, ya que el sentimentalismo de la posible muerte del comandante no haría más que reforzar la candidatura de su sucesor político, al menos en el corto plazo.