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Una publicación de la asociación SER
Antropólogo, egresado de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, activista promotor de Derechos Humanos.

Una moral en contra de Derechos y la Equidad

Foto: El Comercio

La Inquisición y el oscurantismo fueron las peores prácticas que tuvieron que soportar nuestros antepasados. La imposición de la moral católica fue sangrienta y negacionista a la moral andina. Para dicha moral las mujeres eran sujetos sin agencia ni derechos, eran consideradas como menores de edad, donde el marido era quien obtenía la patria potestad. El mito de origen de la humanidad en la cultura judeocristiana[1] marca una relación asimétrica entre el varón y la mujer; desde el momento en que el hacedor crea a Adán y de la costilla de éste crea a Eva, sentenció el rol subalterno de la mujer que por los siglos de los siglos arrastramos como algo normalizado. Distinto es el caso de la cultura andina[2], por ejemplo en los mitos de Manco Capac y Mama Ocllo o los hermanos Ayar y sus esposas, se muestra una relación distinta –sin mayor sometimiento de unos y otros- con mayor aproximación a la equidad. Otro ejemplo en nuestra cultura son los de la dama de Cao en la Libertad o la sacerdotisa de Chornancamp en Lambayeque[3].  Estos mitos de origen nos muestran la diferencia de la construcción de los roles en ambas culturas. Y por su puesto que en la cultura occidental se evidencia la supremacía  y el dominio masculino avalado por la moral católica; por ello mujer que rompía ese rol era estigmatizada, satanizada y acusada de bruja para luego ser condenada a la hoguera, con o sin proceso de la Santa Inquisición. En la época republicana, una muestra de ello es el  caso de Clorinda Mato de Turner[4], quien fue una mujer intelectual y provinciana, razón por la cual fue atacada y estigmatizada por los intelectuales varones de la capital, soportando una doble discriminación: por ser mujer y por ser provinciana.

Nuestra cultura hegemónica  y la dominación patriarcal sostiene este sistema, en el que se asume que la moral se valida y se administra desde lo masculino, por ello es que se  priva a las mujeres de las libertades sexuales. Si una mujer decide romper ese patrón de comportamiento es calificada como una mujer no perfecta, y se le acusa de ser una mujerzuela que no merece respeto alguno. Varias ideas misóginas tienen su justificación en esta forma de pensar.

Las libertades y derechos individuales tiene su más grande obstáculo en esta moral católica que condena y sodomiza a las personas que tienen una orientación sexual distinta a la heterosexual o a mujeres que desean ejercer libremente el dominio sobre su cuerpo, por ejemplo vestirse como ellas desean o asistir a fiestas. Es esa forma de pensar la que lleva a justificar las agresiones sexuales, el acoso callejero y los casos de crímenes de odio por homofobia.

Las estadísticas de los casos de feminicidios, las agresiones sexuales cotidianas, las distintas formas de violencia a la mujer son una muestra de que seguimos en una sociedad que defiende un orden que permite impunidad ante estos hechos, amparándose en una supuesta moral que lo que ha hecho es negar derechos a minorías y el desarrollo de las mujeres.

La protesta en contra del enfoque de género que realizan el colectivo “Con Mis Hijos No Te Metas tiene como argumento la defensa de la niñez y la familia, para lo cual ataca al enfoque de género al que llama “ideología de género” que buscaría pervertir a la humanidad promoviendo el libertinaje sexual.  Para quienes tienen este discurso, no importa que el 85%[5] por ciento de los jóvenes se informen sobre sexualidad en el internet, o los diez[6] embarazos diarios de escolares en el país, o que la iniciación sexual en el Perú sea antes de cumplir los 15 años[7], o que tenemos 58 casos de feminicidios en lo que va del año, o que la mayoría de las violaciones sexuales a menores ocurren en sus propias casas.

Estos hechos son permisibles y aceptados con tal de defender una que no se ajusta a un mundo en que los derechos humanos deben ser el fin supremo, un mundo en el que existe una ciudadanía heterogénea que respete la diferencia, y que acepte a cada quien tal cual es, sin hacer juicios de valor en base a una moral conservadora.

Finalmente el enfoque de género  lo que busca es ampliar el constructo de la moral en a la igualdad de derechos de las personas sin importar su sexo y género, en el que todos nos respetemos y seamos parte de una ciudadanía que aporte a un bienestar común sin exclusiones.

 

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[1] https://www.iglesia.net/biblia/libros/genesis.html

[2] Ricardo Jimenez y Lucía Alvites. Sociólogo investigador chileno y socióloga investigadora peruana. la cultura ancestral andina como desarrollo histórico: el caso de las mujeres.
apuntes para la descolonización epistemológica de su estudio. Inedito, S/F.

[3] Las dos mujeres  gozaban de mucho poder dentro del rol que cumplían.  Ambas mujeres son de la época prehispánica. 

[4] Francesca Denegri ‘El abanico y la cigarrera’ La Primera Generacion De Mujeres Ilustradas En El Peru, Ceques Editores, 2018.

[5] Universidad Peruana Cayetano Heredia y  el Instituto Guttmacher, estudio realizado en el 2017 revela este dato.

[6] INEI, encuesta demográfica y de salud 2017.

[7] Según el  Ministerio de Salud (Minsa) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el 2017, el 40% de menores de 15 años en el Perú tiene  relaciones sexuales