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Una publicación de la asociación SER

Un regalo, ¿un voto?

Una noticia, en una emisora local, me interpeló en torno a la práctica política que aparece en estos momentos de inicio de campaña electoral. La noticia daba cuenta de la entrega, en el afán de conquistar votos para la contienda que se avecina, de celulares y hasta de motos lineales por parte de un aspirante al gobierno regional.

Hasta hace unos años, hubiera sido posible pensar que la entrega de regalos significaba compra de votos, pero habría que revisar si en las últimas elecciones ganó el que más regaló. La población, en estos tiempos, recibe lo que se les ofrece con el sentido de dádiva (regalo desinteresado), ya no con el de reciprocidad. El hecho de que el candidato lo practique resulta, en buena cuenta, un autoengaño, mirándolo inocentemente.

Con otra mirada, podría ser factible que al candidato no le interese, el monto de lo que gasta en presentes,  porque para él, o ellos (su agrupación política), significa una inversión que redituará con creces de llegar a ocupar el cargo de gobierno al que postula. Y entonces la responsabilidad individual o de grupo se diluye en la de un Estado que no cuenta con mecanismos institucionales para combatir o neutralizar esas prácticas, ni por la vía formal, ni por la del control social.

Es urgente revisar nuestro sistema electoral para que permita ir curando las insanías de los comportamientos en los que la línea que separa la perversión y la delincuencia de un deber ser democrático, casi no se distingue.