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Una publicación de la asociación SER

Un carril del árbol talado

Si retrocedemos en el tiempo hasta nuestros días de colegio, a la clase de Ciencias Naturales o Biología, recordaremos que la función de los árboles y las plantas, en general, es absorber el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y transformarlo en aire “purificado”. En ese sentido, los bosques de todo el mundo almacenan, sólo en su cobertura vegetal, alrededor de 300 mil millones de toneladas de dicha sustancia, y cuando un bosque es destruido, este CO2 acumulado en cada árbol es liberado a la atmosfera, enun equivalente a 30 veces las emisiones anuales de CO2 producidas por la quema de combustibles fósiles.

Es claro que el impacto de un par de árboles talados en Lima no es igual a miles de hectáreas deforestadas en Madre de Dios: Un par de árboles puede representar un total de dos toneladas de CO2 almacenadas y liberadas, post-tala, en la atmosfera. ¿Parece mucho? ¿Parece poco?

Aunque parezca poco, el problema no termina ahí. Debemos tener en cuenta que los ecosistemas son totalmente diferentes. El de Lima es el de una zona en la que no tenemos una selva y bosques naturales, pero sí humedales y lomas que luchan por no ser devorados por la jungla de concreto ni atropellados por el salvajismo automotor. 

Me explico mejor: Si vivimos en una ciudad con poca vegetación, ríos contaminados, tráfico infernal todo el día y altos índices de emisiones de CO2 por quema de combustibles fósiles y residuos sólidos, un par de árboles talados significa un impacto considerable al medio ambiente. Aún si después de talar estos dos árboles se plantan 200 más, estos nuevos ejemplares tardarán entre cinco y ocho años en crecer, mientras que el CO2 sigue libre en la atmósfera.

A esto hay que sumarle el aumento de un carril, que, a diferencia de lo que el alcalde Francis Allison cree, no es una solución para aliviar el tráfico y menos es una opción ecológica y sostenible. Un aumento de carril sólo da pie a mayor tránsito de autos, más tráfico en zonas donde antes no lo había y, con ello, más emisiones de carbono. ¿Dónde está lo ecológico?

Todos los alcaldes y las alcaldesas de Lima, en lugar de plantar otros 200 por cada árbol talado, deben apostar por una ciudad sostenible, dejando en paz los pocos árboles existentes y plantando 200 más por cada “error” municipal (robo, corrupción, etc).

Y, ahora que estamos a las puertas de las elecciones presidenciales, los candidatos y las candidatas  deberían dejar los dimes y diretes a un lado y proponer planes de gobierno descentralizados, que garanticen el cumplimiento y la protección de los derechos fundamentales, con el foco puesto en un crecimiento económico sostenible; es decir, ofrecer una alternativa de gobierno que mantenga en equilibro los aspectos social, económico, cultural y ambiental del país.