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Una publicación de la asociación SER
Magister en Antropología y en Gobierno y Políticas Públicas. Doctorando en Estudios Andinos. Docente en Políticas Públicas en la PUPC. Consultor en gestión pública, gobernabilidad local, ambiente, cultura y manejo de conflictos.

Un cambio cultural para Lima

La capital de Perú cuenta con nuevas autoridades electas por los próximos cuatro años. Es un tiempo relativamente suficiente para hacer algo que mejore la situación de desorden, inseguridad, desconcierto, intranquilidad, violencia e intolerancia social que caracteriza a esta ciudad. Lima crece sin planificación y sigue recibiendo -de todas partes del país- a hombres y mujeres, quienes se instalan en algún espacio físico para reorganizar sus vidas con aspiraciones de mejora económica, educativa y social. Sus territorios originarios no les permiten esos logros, producto del persistente centralismo histórico y todo lo que ello implica. Este mal nacional se reproduce en otras ciudades intermedias que se convierten en esos polos de atracción centrípeta, pero con los mismos defectos, a veces más graves que los de nuestra capital.

Los electores han decidido por mayoría contar con un alcalde que pueda simbolizar un cambio frente al estilo de gestión municipal de una autoridad como la saliente, que ha sido culpable de la profundización de que vivamos en un territorio que no ofrece una calidad de vida digna y segura para la mayoría de las personas. Han elegido a este alcalde en claro rechazo a otras opciones políticas que podrían ser más de lo mismo y que no mostraban una garantía de probidad, condición muchas veces suficiente frente a los altos grados de corrupción e inmoralidad que corroen a la mayoría de políticos a todo nivel, y que han desvalorizado la idea de que la política es un servicio a la gente. Finalmente, han elegido a una persona, más que a un partido, con lo cual la esperanza de una buena gestión se debería sustentar en una gran alianza de organizaciones y actores que apuesten por una Lima diferente, en un escenario institucional sumamente frágil, tanto en lo social como en lo político. Ni el propio partido al cual pertenece el alcalde electo tiene mérito propio para este éxito electoral.

Desde el contexto señalado un cambio cultural para Lima tiene varias entradas y en este artículo nos enfocaremos en la manera de hacer política desde la gestión municipal, de cara a la población sin exclusiones, con transparencia, amplitud democrática y eficiencia frente a las demandas de la gente.

Un primer aspecto a señalar es que una mejor gestión debe contribuir a que actuales o renovados espacios institucionales (de la sociedad civil y organizaciones de base, de los emprendimientos económicos, de las organizaciones partidarias, entre otros), se fortalezcan y garanticen una continuidad cuando la gestión municipal acabe, para que no siga dependiendo de personas salvadoras, y más bien devenga en colectivos y esfuerzos organizados con hombres y mujeres capaces de ejercer indistintamente esos espacios de poder local. Es decir, la buena marcha municipal se convierte en un factor clave para crear institucionalidad y fortalece a la ciudadanía.

Un segundo aspecto es la relación interinstitucional y de coordinación permanente que el Municipio debiera generar con las diversas instituciones y organizaciones de la ciudad. Mujeres, jóvenes, pobladores, recicladores, personas de la tercera edad y otras con capacidades especiales, deportistas artistas, universitarios, comunidad LGTBIQ, comerciantes, empresarios, grupos confesionales, entre otros, que estén dispuestos y dispuestas a trabajar juntos por una ciudad más inclusiva, ordenada, tolerante y vivible. Este cambio cultural no siempre permite tener titulares a favor, porque implica cambiar  paradigmas de una gestión convencional y de espaldas a la gente. Y es la misma población la que requiere procesar esas transformaciones, por lo que el esfuerzo debiera ser paciente y con mucho ejercicio de comunicación.

Un tercer aspecto a sugerir y que sería un gesto muy significativo, es el funcionamiento efectivo y democrático del Concejo Municipal, donde el alcalde comparta el gobierno de la ciudad con su equipo de regidores y regidoras, que la población pueda reconocerlos y reconocerlas como autoridades con capacidad, eficiencia e integridad. Basta señalar como notable diferencia que en otros países existe el reconocimiento público de la figura del Concejal o Regidor, y por lo tanto importa mucho buscar buenos candidatos para estos cargos. Es evidente que superar el defecto del presidencialismo, también presente en la gestión municipal, será un proceso muy largo de cambio cultural (y de nuevas instituciones, políticas y normas), pero por algo de puede ir empezando.

Un cuarto aspecto para el cambio cultural en la gestión es la necesidad de contar con trabajadores y trabajadoras municipales que entiendan y ejerzan su rol de servidores públicos, al servicio de la gente, con eficiencia y con honradez. Esta es una preocupación que afecta a todo el aparato público, y Lima podría empezar a mostrar una nueva cara de como gobernar con la gente. Algún slogan como: “acá se atiende con calidad, calidez e inclusión” podría establecerse al respecto.

Este aspecto está acompañado de dos componentes que son claves: el desarrollo de capacidades para mejorar la gestión pública y la meritocracia en la selección del personal más idóneo, sin que dependa de la voluntad y discrecionalidad política de las autoridades de turno. Ambos son desafíos para los cuales se deberían crear las condiciones desde ahora para garantizar calidad y continuidad en la administración pública. 

Para terminar planteamos el componente que debería ir primero: ¿Cuál es el plan de gobierno para Lima en estos 4 años?  Son estos 100 primeros días los que deben servir para diseñarlo y consensuarlo, con un Concejo Municipal en sesiones públicas o abiertas a los medios, con consultas ciudadanas, con el diálogo político, con el soporte de la academia y de la cooperación internacional, con las coordinaciones intersectoriales, entre otras estrategias participativas. Un plan consensuado en la medida de lo posible puede ser la mejor garantía de que las instituciones, organizaciones y personas se comprometan más efectivamente con acompañar e involucrarse en la gestión municipal. Solo así se puede concebir un Gobierno Local como tal.

Dejo para próximos artículos, otros temas en el tintero, para avanzar en la propuesta de un cambio cultural para Lima. Estos son:

- Una Lima inclusiva: considerando la interculturalidad y el enfoque de género en la gestión local, así como organizada para atender las necesidades de diversos sectores con sus propios derechos, ya antes mencionados.

- Una Lima que reconoce y protege su historia: considerando su riqueza en patrimonio cultural y como la gestión local contribuye para su apropiación social como una visión distinta de puesta en valor.

- Una Lima más ordenada y limpia en la cual se considere la participación social como un factor clave.

Foto: Exitosa