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Una publicación de la asociación SER

Tres preguntas a Castañeda

Con la entrada del nuevo año se inició la gestión de Luis Castañeda Lossio como alcalde de Lima. Desde su elección ni él ni sus más cercanos colaboradores han explicado a limeños y limeños la forma en la que orientarán la gestión y las medidas que piensan implementar para enfrentar los problemas críticos de la capital. Teniendo en cuenta que durante la campaña electoral sus planteamientos fueron pobrísimos – siguiendo la estrategia de declarar poco – ahora que empieza su labor al frente de la Municipalidad son muchos los que nos preguntamos sobre sus ejes de gobierno y su estilo de gestión.

En la ceremonia de juramentación no ahondó ninguno de estos aspectos, y las apariciones públicas de sus principales funcionarios – que no de él mismo que hasta ahora brilla por su ausencia – se han limitado a cuestionar a la administración anterior y a adoptar decisiones cuestionables como el despido intempestivo de varios miles de trabajadores de la comuna limeña.

Pasada una semana de gestión tengo enormes dudas sobre lo que le depara a nuestra ciudad, y por ello le planteo tres preguntas (de las muchas que se le puede hacer) al alcalde Castañeda.

¿De qué modo piensa prevenir la corrupción en la administración municipal?

Esta pregunta tiene total sentido dado que varios de sus funcionarios más cercanos fueron acusados de corrupción por el caso Comunicore. Si bien el Poder Judicial excluyó al alcalde del proceso judicial, ello no oculta que durante su anterior gestión se cometieron delitos gruesos que afectaron el presupuesto municipal. Lo mínimo que podría esperarse es que las personas involucradas en estos hechos no tengan participación alguna en el actual período como funcionarios, asesores o contratistas. Esperaría también medidas para favorecer la transparencia en las decisiones administrativas, en especial sobre contrataciones y licitaciones, y mecanismos de comunicación de dichas decisiones a la ciudadanía. Como mi duda es grande y no encuentra satisfacción, considero necesario que la Contraloría General de la República designe un equipo especial que se instale en forma permanente en la Municipalidad de Lima como una forma de prevenir que nuevos Comunicores tomen por asalto las arcas municipales.

¿Cómo piensa resolver el problema del transporte público en la ciudad?

No ha vuelto a ser mencionada la absurda idea del monorriel, certeramente criticada por el candidato Enrique Cornejo durante el debate municipal, por lo que cabe esperar que haya sido definitivamente descartada. En su lugar solo se ha planteado la construcción de una nueva línea del Metropolitano que conecte Surco con Lima Norte a través de la Vía de Evitamiento. Sin embargo, este anuncio aislado es un mero anuncio efectista que no dice nada sobre la crítica situación del transporte. ¿Se mantendrán y ampliarán, reformarán o cancelarán los corredores instalados por la gestión anterior? ¿Qué se hará con las empresas de combis y buses existentes? ¿Qué decisiones se adoptarán para ordenar las rutas y para modernizar el servicio de transporte? Nada se ha dicho al respecto en todos estos meses, lo que alienta la sospecha que Castañeda no cuenta con plan alguno.

¿Qué hará esta gestión en materia de promoción de la cultura?

Planteo este tema porque me interesa particularmente. Bajo Andrade y Villarán, la Municipalidad de Lima le dio un importante impulso al tema, poniendo a nuestra ciudad en la senda de otras ciudades latinoamericanas como Buenos Aires o Bogotá que cuentan con una fuerte inversión en cultura para sus habitantes. Por el contrario, en los ocho años de la gestión anterior la cultura fue absolutamente olvidada. Mi preocupación se incrementa cuando, al revisar el plan de gobierno, se encuentra una muy pálida mención al tema. ¿Se retrocederá en este tema durante la actual gestión?

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Soy consciente que Castañeda se caracteriza por no explicar lo que hace, y mucho menos responder a las preguntas de quienes somos directamente afectados por su gestión, en este caso los ciudadanos de Lima. Entiendo que eso expresa un estilo ensimismado sobre el poder y que desprecia a los vecinos. Aun así, formular las preguntas y críticas forman parte de un ejercicio ciudadano necesario en una democracia, y depende de quienes vivimos en la ciudad no permitir que nuestras autoridades intenten debilitarla con una actuación ajena a la transparencia (que es otra manera de decir: favorable a la corrupción).