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Una publicación de la asociación SER

Sodalitium: poder, religión y corrupción

Por algo Francisco de Asis inició la vuelta a la pobreza del evangelio, cuando quiso en nombre de Dios hacer las reformas de una Iglesia católica medieval corrompida en sus más altas autoridades. San Ignacio de Loyola igualmente, insistió mucho en vivir la pobreza de los compañeros de Jesús y  lo que él llamaba “el muro que protege la vida religiosa”. Teresa de Calcuta y los santos que Dios nos va enviando en los últimos años igualmente, todos insisten en volver a la pobreza como muestra de amor que comparte y como camino de la verdadera libertad evangélica y humana.

Los verdaderos escándalos que en este momento estamos viendo en una agrupación católica como el Sodalitium, en el Perú y otras en México y Chile (Marcial Maciel y Fernando Karadima respectivamente) apuntan, desde mi punto de vista, a que la riqueza y los intereses que precisamente defiende están en el fondo de ellos. Si se mira con detenimiento el origen y la dirección a la que apuntan sus fundadores, más allá de sus intenciones, está el poder económico que precisamente los ha llevado al lugar que hoy ocupan.

Han buscado jóvenes de familias ricas o influyentes, insisten mas en lo religioso que en lo social del mensaje cristiano. Basta oír los apellidos, los colegios, barrios y parroquias a las que atienden. Lo aparentemente cristiano lo han utilizado para sus verdaderos fines que es defender sus intereses económicos. Finalmente han sido los defensores incondicionales de una teología en contra de Vaticano II, donde la manera de entender la vida cristiana en los tiempos actuales apunta a un comportamiento personal y colectivo que mira más el tema social y donde los pobres son su prioridad. Un ejemplo de ello es lo ocurrido con los cambios de obispos en el sur andino, donde el nombramiento de miembros del sodalitium (Ayaviri) y otros semejantes actuaron como verdaderas cuñas para desarmar uno de los movimientos más importantes e interesantes de los últimos 50 años a favor de los pobres.

Lo tremendo y terrible es que la riqueza los ha llevado a corromperse ya que la riqueza da poder y si este se junta con el poder religioso se vuelve demoníaco.  Basta oír y leer los testimonios del libro de Pedro Salinas y Paola Ugaz para darse cuenta del horror al que han llegado.  Pero este escándalo a nivel moral y religioso lo tenemos que analizar como un verdadero delito montado y consentido por sus más altas autoridades religiosas. Analizando un poco más nos damos cuenta que estos sinvergüenzas han llegado a tener protección de algunos obispos y cardenales y hasta de dos Papas que fueron engañados o que miraron al costado también por intereses  económicos y políticos. Estamos pues frente a poderes económicos y religiosos asquerosos que usan una vez más a la religión y la Iglesia para protegerse y “lavarse la cara” como vulgarmente  decimos.  Este comportamiento del poder económico y político no es raro ya que sabe como doblar y someter  a sus intereses a lo más sagrado de cualquier religión.  En el Perú ha sabido hacerlo con la Iglesia católica, desde la Colonia y ha continuado con mas disimulo en la República. En Piura por ejemplo se habla de que otro connotado miembro de esta institución estaría vinculado a los mas importante intereses económicos del sector vivienda y cementerios particulares, donde los campesinos y los pobres son algunas de sus víctimas.

Finalmente me parece que es bueno tener también en cuenta que dentro de este sector de la Iglesia hay inocentes como los niños y personas buenas que no se dan cuenta a donde son llevados, o si lo saben, no encuentran maneras de detener esta avalancha negra de corrupción y que los envuelve.

Los cristianos tenemos que tener claro que servir a Dios y al dinero es imposible, que la avaricia es una idolatría, que Jesús quiso ser pobre realmente por amarnos y para decirnos cuanto hace falta para vivir la fraternidad y que la pobreza ofende a Dios, porque muestra la falta de justicia y amor entre nosotros. Ojala que todos los que nos llamamos cristianos y también los que se dan cuenta que la riqueza egoísta y excluyente no es humana ni menos cristiana, no podemos jugar con Dios ni con los hermanos como lo estamos viendo hacer con estos escándalos sin nombre. Ya dice san Juan el que no ama a su hermano es un asesino y el que obra mal odia la luz. El vaticano y todas la justicia civil laica tenemos que hacer que se sancionen estos delitos, esa es la posición clara del papa Francisco a la fecha.