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Una publicación de la asociación SER
Abogada titulada por la PUCP. Fue Coordinadora del área Justicia Viva del Instituto de Defensa Legal – IDL. Actualmente, es Coordinadora del área Estado de Derecho de la Fundación por la Justicia y el Estado de Derecho (FJEDD) de México.

Seis razones para no votar por Fujimori

Primero, porque no le preocupa nada la corrupción judicial y fiscal. En su plan de gobierno no hay ni una sola medida para combatir este mal estructural. De nada importa la celeridad en los casos de pensiones o deudas de alimentos si es que los involucrados deberán cuidarse de la corrupción en dichos procesos. De nada importa la propuesta institucionalista de darle autonomía a los órganos de control, si es que pones al mando de ellos a quienes podrían jugar con la corrupción. Así las cosas, el plan de Keiko Fujimori es más de lo mismo, con el agravante de que la reforma fujimorista del gobierno con el que orgullosamente se identifica como la Primera Dama, descabezó al sistema de justicia y lo sumergió en una reforma que durase “hasta las calendas griegas” como dijo Vladimiro Montesinos en un vladivideo. Preguntada por el tema de la corrupción, indicó que “eso se verá con las propias autoridades”, que ¡oh sorpresa! son las que encabezan un sistema desaprobado por la opinión ciudadana.

Segundo, porque nada dice del mayor escándalo que recae en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM); institución todopoderosa que elige, evalúa y destituye a jueces, juezas y fiscales a nivel nacional. El escándalo fue tan grande y tan evidente, que varios planes de gobierno pedían mínimamente una fiscalización a los nuevos consejeros del CNM. Pero el plan de Keiko Fujimori ¡oh sorpresa! no dice nada. Recordemos que cuando la Comisión de Justicia del Congreso llamó al presidente y al ex presidente del CNM para que explicaran qué pasó con la bochornosa ratificación del ex consejero Quispe Pariona, famoso por el audio “será inmoral, pero no es delito”, los congresistas fujimoristas secundaron fielmente la postura aprista que estas autoridades no tenían por qué dar cuentas de sus propios actos. Y hasta ahora eso ha quedado en la impunidad. ¿Por qué? ¿Para qué?

Tercero, porque si Fujimori realmente quiere, como dice, reformar la justicia, debe recordar que en nuestro país reformar es también sancionar. Y en vez de alejarse de quienes le deben algo a la justicia, se junta e incluso los pone al mando. Por ejemplo su número 1 en el Congreso, Cecilia Chacón; o su financista estrella Joaquín Ramírez, por dar solo dos ejemplos. Además, de llegar al gobierno, ¿qué pasará con los jueces y fiscales que ven esos casos de funcionarios y ex funcionarios fujimoristas?

Cuarto, porque todo apunta a que le ha hecho un gravísimo daño al país, promoviendo la dádiva como única forma de relación con la población, que ya ni cuestiona el por qué esta lideresa que se les aparece tan cercana, incumple con su trabajo en el Congreso, no solo en el simple acto de asistir y marcar tarjeta, sino, de fiscalizar al poder. ¿Alguien conoce de alguna acción de fiscalización relevante de Keiko Fujimori? Y ojo que eso es parte de la labor congresal. ¿Y alguien sabe con claridad la proveniencia lícita de los fondos de su millonaria campaña?

Quinto, porque no es un gobernante que vaya a jugar con las reglas del sistema. Primero, porque la mentira, el autoritarismo, la falta de transparencia, la victimización mostradas en esta campaña electoral son solo una pequeña muestra de que no existe el nuevo fujimorismo. Segundo, porque viene con el background de las prácticas del “pasado” con el que no ha deslindado; porque se tiene orgullosa de ser la Primera Dama del peor gobierno de nuestra historia que se llevó seis mil millones de dólares que hubieran sido claves para el desarrollo de nuestro país. Tercero, porque no se le puede entonces entregar o dejar el poder absoluto y formal que obtendría, con ya 73 congresistas. Cuarto, porque los espacios nacionales e internacionales para defendernos de lo que vendrá están en su peor momento: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) acaba de gritar que está en quiebra presupuestal y que si no se hace algo pronto el 40% de sus funcionarios dejarán de trabajar (Sí, la CIDH, aquella que con casos como el de Barrios Altos, La Cantuta, Ernesto Castillo, etcétera, ayudó a las víctimas a tener justicia…). ¿A alguien le queda duda de que la receta fujimorista será muy probable dejar morir a la CIDH? Quinto, porque la avalancha populista fujimorista, financiada por dineros de origen poco claro, le va ganando terreno al trabajo estratégico de base que todo buen partido político busca promover para forjar una ciudadanía consciente, crítica, que repudie la corrupción, que sepa organizarse y sepa defender y promover sus derechos. Para los partidos que busquen esto, no sería estratégico elegir o permitir que Keiko Fujimori sea el gobierno donde pretendan hacerlo; porque no hablamos de un régimen solo conservador, autoritario, que se reúne con economías ilegales; sino también, de una red criminal que ya ha demostrado qué puede hacer con el poder absoluto.

Una más: sería un golpe letal a la moral del país.