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Una publicación de la asociación SER
Feliz, politólogo y máster en gestión de ciudades

Segunda vuelta y voto rebelde en Ayacucho.

Tras los resultados de las elecciones regionales en Ayacucho, los movimientos Musuq Ñan y Qatun Tarpuy emprenden una nueva carrera electoral. Sin estrategias, carentes de coaliciones, lanzando acusaciones mutuas y, con un conjunto de propuestas que no responden a las demandas de los ciudadanos advierten que, de seguir así, surgirá una nueva opción: el voto blanco, nulo o viciado. Ya existe un antecedente.

Las coaliciones y acuerdos de los candidatos culminan luego de las elecciones. Esto se debe a la ausencia de un movimiento político sólido, con una propuesta clara que trascienda las campañas electorales. Las respuestas enfrentadas de Esperanza Rojas y Carlos Herencia (TEPA); de José Urquizo y Guido Palomino (Gana Ayacucho) son un claro ejemplo que, después del 7 de octubre, no hay más que conversar. Pero este no es un mal que afecta solo a quienes no lograron resultados favorables; tal es la crisis de estas instituciones que desde ya se observan las primeras rencillas entre nuevos regidores y alcaldes de la misma agrupación.

En este escenario, son pocas las autoridades locales electas de Musuq Ñan y Qatun Tarpuy que brindan su respaldo a las candidaturas regionales y menos las que son de otros movimientos políticos. Esto se explica por lo dicho en el párrafo anterior y porque preferirán establecer nuevas alianzas con quien salga electo.

Que los candidatos regionales o provinciales de las otras tiendas políticas muestren su respaldo o rechazo a Carlos Rúa o Richard Prado no es sustantivo. Gana Ayacucho (agrupación creada ad hoc por José Urquizo para estas elecciones) quedó en tercer lugar y, pese a lograr dos municipios provinciales y 24 distritales, los alcaldes electos no están obligados a mantener la alianza o apoyar en bloque al “tractor” o a “la hoja”; por tanto no tiene votos cautivos. Lo mismo sucede con el movimiento DIA que ocupó el cuarto lugar y logró seis municipios distritales.

Otro dato que se debiera advertir es que, si bien Musuq Ñan pasó a segunda vuelta con el 28% de los votos válidos y Qatun Tarpuy con el 23.5%; ello no significa que parten con este puntaje. No existe una militancia sostenida, es una nueva carrera donde ambos inician varios puntos más abajo y casi parejos; solo que, ante tanta afrenta y con pocas propuestas que sintonicen con las demandas del electorado surge un nuevo contrincante: el voto rebelde que se sumaría a los votos nulos o viciados.

Este voto se dio en las elecciones municipales a nivel de la provincia de Huamanga. El FREPAP, movimiento político – religioso logró un nada despreciable quinto lugar con 9,159 votos (7.2%). Se sabe que esta agrupación no había presentado candidato alguno al sillón municipal al menos desde el 2006 (ver: ONPE), pero dejó atrás a ocho agrupaciones con actividad política continua. Se trataría de un sector (joven - urbano) que no se siente representado por ninguno de los movimientos en disputa porque no recogen sus demandas y (re)construyen una figura electoral en las redes como respuesta a la indignación y la crisis política e institucional: “El Yisus”.

Bajo las actuales circunstancias, el pulso electoral pone en evidencia que Musuq Ñan y Qatun Tarpuy no solo deberán disputarse los votos del elector indeciso, sino también persuadir a quienes pretenden viciar su voto. De hecho, ya se rumorea de un “movimiento” por el voto viciado, solo hace falta un rostro. Así, será una segunda vuelta entre tres propuestas. En ese escenario, quien gane legalmente, tendrá un débil respaldo popular, bajo nivel de legitimidad.